. Como cada dos años debe
renovarse a los responsables de que El Colegio de Abogados de Monterrey, A.C.,
nuestro Colegio, sea el Colegio apartidista pero no por ello, ajeno a la
política; crítico pero siempre respetuoso de las formas; congruentes en el
hacer y el decir, pues lo que con voz y pluma anunciamos, en los hechos vamos
demostrando, el Colegio pues, que se distingue por su independencia de
criterio, su honestidad intelectual y más aún, por el alto valor que otorga a
la unidad y la amistad entre sus integrantes.
Tuve el honor de participar, en unión de un excelente
grupo de muy distinguidos Abogados, en el proceso electoral de nuestro Colegio
y hoy, como resultado, asumimos con orgullo y consientes de la responsabilidad
que nos asiste, el nuevo Consejo Directivo.
Ahora, ya con la seguridad de que nuestros afanes irán
encaminados a lograr el engrandecimiento del Colegio de Abogados de Monterrey,
A.C., hemos de procurar que los valores que han alentado a sus miembros, sean
los garantes de que cada día el esfuerzo conjunto será en beneficio de nosotros
mismos, de nuestras familias, de la sociedad toda y en consecuencia, del bien
del país. Que sigamos siendo ejemplo y guía a seguir para los abogados y demás
estudiosos del derecho, aún en estos tiempos tan azarosos. Que nuestro Colegio
represente lo mejor del espíritu de los profesionales del Derecho.
Vamos principalmente por cuatro líneas de acción, que
engloban lo que todos los cuerpos sociales han de tener como premisas para
poder realizar su función de manera que siempre tengan resultados satisfactorios:
unir, formar, representar y servir. Y a eso es a lo que aspiramos. Claro, desde
el enfoque que como Abogados y estudiosos del Derecho hemos de brindar a
nuestros afanes. Y vamos juntos, pues sumados somos más.
Los puntos torales de nuestro esfuerzo han de ser: 1.-
Excelencia Académica; 2.- Ética Profesional; 3.- Actitud de Servicio; y, 4.-
Responsabilidad Social.
Como Abogados, somos integrantes del selecto grupo que
tiene el conocimiento pleno de cómo debe ser la conducta humana, pues las
pasiones por la vida, honra, posesiones y derechos es el quehacer diario en la
vida del Abogado. De esa práctica diaria, nace la realidad que nos es muy
familiar: cada día el Abogado conoce un nuevo rostro de los intereses humanos y
también, cada día encuentra un nuevo ejemplo de las bondades en los seres
humanos.
Nuestra labor, compañeros abogados, es más que con las
armas que brindan las leyes. Dice el sabio refrán popular que más vale un mal
arreglo que un buen pleito y dice bien. Debemos procurar encontrar la forma de
conciliar las diferencias y no, la de ahondar la brecha entre la verdad real y
la verdad legal. De nada sirve una sentencia que respeta la ley pero viola la
justicia.
Al luchar porque prevalezca la justicia, deviene claro y
lógico que se van haciendo formas de vida que unen a los Abogados. La
consecuencia de los esfuerzos conjuntos es que con la fuerza de la unión se
consiguen mejores resultados y entre ellos, está formar las asociaciones o
colegios de abogados. De ahí que exista tanto interés en promover, en el corto
plazo, la colegiación como forma natural de validar el quehacer del Abogado.
El estudio es la base para lograr incursionar en el mundo
del litigio. Sin embargo, el pensar, el convertir en ideas concretas lo que
pareciera alguna vez un sueño, es lo que ha logrado hacer que nuestro país y la
humanidad toda hayan progresado. Ese pensamiento creativo se logra en la
actualización constante, en el reto siempre de buscar lo mejor y para ello, el
Colegio de Abogados de Monterrey, A.C. ha buscado ser el punto de reunión donde
el conocimiento y las ideas se encuentren y vaya que sí ha logrado resultados.
Cada sesión del Colegio en la que ha existido la polémica, en la que voces
divergentes pero siempre con el respeto y la altura de quien sabe que su verdad
no puede ser la única, ha sido el motivo para regresar una y otra vez.
Es tiempo de que nuestras sesiones busquen nuevos
horizontes y que como Colegio ofrezcamos cada día un mejor presente. En aras de
lograr ser más atractivos como institución a los ojos de los estudiosos del
derecho, hemos de pugnar por tener, en el seno y alma de nuestra organización,
a los autores de los textos que en la escuela enseñamos, a quienes ocupan los
puestos desde donde se resuelven los asuntos que conocemos y también, por qué
no, a quienes con sus escritos han logrado destacar a nivel nacional e
internacional como doctos en sus temas. Es una de nuestras propuestas y hacia
allá vamos.
La ética, ya profesional, ya de vida, es una forma de
conducta, un actuar que pierde todo valor y significado cuando la disyuntiva es
entre comer o seguir viviendo. El Abogado que si pierde el asunto pierde su
casa o su única fuente de sustento, no tiene espacio para ser ético, moral o
cualquiera otro de los adornos que a la vida se dan cuando ya está resuelta.
Sin embargo, la ley no cuestiona si la subsistencia está resuelta y siempre
trata de juzgar a todos por igual.
Lo que como Abogados debemos procurar, es lograr que los
ingresos, no solamente de los Abogados, sean de tal forma que las conductas
indebidas sean la excepción y no la regla. Que la justicia social se acerque a
la realidad y que deje de ser solo parte del discurso de quienes tienen la
capacidad de decidir por los que han perdido todas sus capacidades.
La actitud de servicio de quienes integramos el Colegio de
Abogados de Monterrey A.C. es una realidad, pues como sabiamente me advirtieron
cuando ya había iniciado todo el proceso de las elecciones, quienes asisten a
las sesiones del Colegio lo hacen de manera totalmente voluntaria. A nadie
puede obligarse de ninguna forma a que pertenezca o no al Colegio. Por ende,
quiero hacer un reconocimiento muy especial a quienes han tenido la oportunidad
y el privilegio de encabezar los afanes de nuestra Institución, pues a pesar de
que lo único que nos mueve a colaborar es la actitud de servicio, siempre han
estado presentes. Muchas gracias a las Señoras y Señores Expresidentes por su
esfuerzo y dedicación a favor del Colegio de Abogados de Monterrey, A.C.
De igual manera, un reconocimiento a quienes han formado
las mesas directivas a lo largo de los años y en especial, a los de la que hoy
culmina sus funciones: muchas gracias. A los que empiezan hoy conmigo, espero
que nuestros días, los próximos dos años, tengan más horas que los de antes.
¡Nos va a faltar tiempo siempre!
Para concluir quiero dejar constancia de que la
Responsabilidad Social, la certeza de que lo que se hace es bueno para los
demás y para la sociedad toda, aparece en la conducta diaria de los Abogados.
En efecto, quien conoce los rudimentos del derecho y
abreva en la escuela el contenido del espíritu de las leyes, sabe a la
perfección que una actitud madura, consciente y sensible a los problemas de
nuestra sociedad, permite ser proactivos para adoptar hábitos, estrategias y
procesos que nos ayuden a minimizar los impactos negativos que podemos generar
al medio ambiente y a la sociedad.
La Responsabilidad Social es tema de todos. Valoremos cómo
nuestras decisiones y actividades dejan un impacto social y ambiental. Solo con
esta actitud podremos formar y vivir en un planeta socialmente sustentable.
La Responsabilidad
Social es entender la inspiración voluntaria, es reconocer y aceptar los
compromisos que tenemos con nuestra sociedad.
Si en verdad
logramos, con nuestro trabajo unir, formar, representar y servir a nuestro
Colegio de Abogados de Monterrey, A.C. con los principios de excelencia
académica, ética profesional, actitud de servicio y responsabilidad social,
podremos decir que nuestro esfuerzo no ha sido en vano.
Señoras y Señores,
que el juicio de todos ustedes sea favorable, es nuestro mejor deseo.
Vale
la pena. Me gustaría conocer su opinión.
José Manuel Gómez Porchini
Presidente del XIX Consejo Directivo del
Colegio de Abogados
de Monterrey, A.C. 2013-2014
Monterrey, N.L. 25
de enero de 2013.