Cruzada contra el
hambre, la mitad del camino.
Finalmente el Presidente de la República presento
formalmente su estrategia para combatir la pobreza, uno de los programas
señalados claves de su administración.
El evento se planeo para ir más allá del simple anuncio, se
diseño ex profeso para inaugurar en simultaneo el programa con la intención
política y la línea de trabajo.
Por eso es que además del cumplimiento logístico del
protocolo, se escogió un escenario que representa un profundo simbolismo, tanto
por que el Estado de Chiapas es uno de los que concentran el mayor índice de
pobreza, como por sus antecedentes históricos recientes.
Recordemos que la comunidad de las Margaritas es un enclave
del movimiento zapatista, que ahí se desarrollaron situaciones que en su
momento retaron el poder oficial, sin que la respuesta pudiera ser
completamente satisfactoria.
De alguna manera utilizar ese escenario, significa una
apuesta más del nuevo régimen, para reconfirmar su disposición a la apertura,
para fomentar una sensación de atrevimiento político, que lo diferencie de la
timidez de los gobiernos panistas.
También para aportar un dejo de teatralidad, que genere una
sensación de que el estado no rehúye sus retos y los confronta en el lugar de
los conflictos, lo cual por supuesto tiene un objetivo mediático.
Por supuesto esto no puede ser visto solo como un elemento
superficial, por el contrario, es una muestra clara del más puro estilo
priista, que hace patente un mensaje en relación al uso y ejercicio del fondo y
las formas más tradicionales.
Bajo esa perspectiva, suponiendo que los objetivos primarios
se hayan cumplido, sobre todo en el arranque, a partir de ahora lo que tendrá
que ser el punto de análisis, serán los resultados tangibles.
Aun y cuando este programa denominado cruzada contra el
hambre, tiene origen y reminiscencias con los anteriores, como es natural este
gobierno querrá imprimirle su propio sello, en ello no solo se persiguen
objetivos de asistencia social, están también los políticos.
Sin duda una de las herramientas más usuales en la búsqueda
de la rentabilidad política, es precisamente la que se despliega en favorecer a
los sectores en condición de mayor pobreza.
De entrada son acciones que se ven bien y cuyos resultados
siempre serán argumentos para presumir, incluso estadísticamente, aunque eso
representa un contraste.
Porque si cada vez se atiende a un mayor número de personas
en esa condición, no necesariamente es porque se amplió la cobertura o los
recursos, sino porque lo que se multiplico es el número de pobres.
En esa coyuntura se reconoce que hay una responsabilidad de
estado, sin embargo eso no deja de ser una política asistencialista, que es el
antecedente del populismo.
Por sus características este tipo de esquemas, además de
implicar el reparto de apoyos directos, le otorgan al gobierno en la
ramificación, la posibilidad de un acercamiento y contacto directo y cercano
con millones de votantes.
Genera una relación de padrinazgo que usualmente se ha
explotado sin distingo partidista, como un beneficio que privilegia la simpatía
electoral, el control de los liderazgos locales y por supuesto información de
primera mano.
A diferencia del pasado reciente, en la sustitución de
delegados federales que conlleva la alternancia, el partido del gobierno, que
es el que más gubernaturas tiene, podrá amalgamar la labor de sus delegados
federales con la estructura de sus gobiernos estatales.
En este aspecto las posibilidades de aprovechar las bondades
del programa se multiplican, no solo porque se elimina el conflicto entre la
federación y los estados, por descontado se comparte el objetivo.
La cobertura es mucho más amplia de lo que se supone
corresponde a la dependencia cabeza de sector, en este caso la Secretaria de
Desarrollo Social, el trabajo se vuelve multidisciplinario e involucra a otras
instituciones.
Particularmente las que por su formato, tienen relación
directa con el combate a la marginación e incluso a las que les corresponde el
fomento del desarrollo regional.
Visto así, el gobierno
tendrá a través de la cruzada contra el hambre, un verdadero ejercito de
funcionarios federales y estatales, interactuando en directo, con millones de
personas, que por su condición son sensibles de ser influenciadas
políticamente.
Para el gobierno este es un círculo virtuoso, que en
consecuencia le va a permitir fortalecer la labor de su partido, no solo en la
entrega de los apoyos, también para la construcción de proyectos políticos.
Como resultado de la alternancia, el Presidente de la
República encuentra clases políticas formadas bajo los intereses de los
cacicazgos locales, sin una interrelación de obediencia al poder central.
Esta circunstancia obliga en primera instancia a tener que
echar mano de los que hay, aun y cuando los perfiles no correspondan a la
intención metodológica y doctrinal que viene con la reinstauración.
Sin duda este será un tema que abordaremos más adelante en
siguientes colaboraciones, porque de suyo tiene una gran implicación y
trascendencia, pero para efectos de esta reflexión, de momento nos limitaremos
a su relación con el programa de combate a la pobreza.
En conclusión, el esquema le va a brindar al sistema la
oportunidad de crear sus propios proyectos políticos personales, al amparo de
su tutela vía las delegaciones federales.
La ocasión de implantar sus líneas de comportamiento, que
serán monitoreadas desde el centro, para erradicar los vicios del vacío de
poder y de esa forma establecer los parámetros de seguimiento.
En la ventaja de contar, como ya decíamos, con un programa
que facilita ambas coyunturas y que por su carácter federal, obedecerá a
procedimientos que no podrán ser manipulados localmente.
Ahora bien, sin demeritar la intención, entendiendo que la
estrategia política conlleva otros factores, la disyuntiva esta en crear condiciones de
desarrollo, sentar las bases de un crecimiento integral que a su vez tiene que
ir de la mano de otro tipo de acciones.
En ello se privilegian las características regionales, de un
país como el nuestro tan grande y tan diverso, por tanto los elementos tienen
que obedecer a ese criterio.
A diferencia del asistencialismo, los argumentos para
desarrollar por lógica tienen que circunscribirse a los factores de ubicación
geográfica, de condición económica regional y por supuesto de elementos
detonadores.
No puede pensarse en implantar una política de desarrollo
para el crecimiento partiendo de una base general, si en el trayecto no se
definen los parámetros particulares para cada caso.
Ese es un rubro que aun continua pendiente y que el gobierno
federal todavía no ha presentado a la sociedad para su conocimiento y
evaluación, en el cual tendrán que participar un mayor número de dependencias
del ejecutivo.
Aunado a ello está el asunto de la obtención de los recursos
para poder soportar la intención, en la planificación es fundamental programar
las inversiones, en infraestructura por ejemplo, para poder llevar a cabo la
tarea.
Con esto habría que decir, que independientemente de su
importancia, la cruzada contra el hambre, es solo parte de un todo, no es, ni
puede ser por supuesto, el único frente de atención.
Su trascendencia es parcial, mas aun considerando que si
bien intenta solventar la crítica situación de miles de familias, todavía falta
crear las condiciones para que salgan de esa condición.
guillermovazquez991@msn.com
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