¿Percepción o realidad?

¿Qué ves en la imagen? ¿Una copa o la silueta de dos mujeres de perfil? ¿Se puede modificar la realidad a través de la percepción? Los políticos sí saben como hacerlo

 

. Y me refiero a cosas sencillas, rutinarias, cotidianas, como el clima o el estado mecánico de nuestro auto, por ejemplo.

Y le puedo asegurar que esto de la manera en que se percibe la realidad (los hechos que se suceden en el entorno más próximo), no es una simple ocurrencia ni un tema inocuo o banal, para nada. En realidad existen estudios científicos muy antiguos, que tratan de explicar este fenómeno asociado a cómo perciben la personas un mismo hecho, de distintas formas.

Y menos lo es cuando, los políticos y sus asesores de mercadotecnia, lo han usado como una poderosa herramienta que distorsiona la realidad, con una clara y bien definida inducción de percepciones, a favor de propósitos notoriamente relacionados a intereses electorales.

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, la palabra “percepción” tiene los siguientes significados: a) Acción y efecto de percibir. b) Sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos. c) Conocimiento, idea, y “Percibir” significa: a) Recibir algo y encargarse de ello. Percibir el dinero, la renta. b) Recibir por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o sensaciones externas. c) Comprender o conocer algo.

Sin embargo, en un sentido mucho más amplio, los estudios científicos realizados desde principios del siglo XIX con la llegada de la fisiología, se desarrollaron los primeros modelos que relacionaron la magnitud de un estímulo físico con la magnitud del evento percibido. Estos trabajos y estudios dieron surgimiento a la psicofísica. Se estudió pues de una forma amplia y científica, la percepción.

Si consideramos que las imágenes o hechos del exterior son transportados al cerebro humano a través de los sentidos (oído, gusto, tacto, olfato y vista), y estos a su vez generan una serie de estímulos cerebrales (eléctricos y bioquímicos), que se convierten en la percepción del evento generando las reacciones correspondientes, es fácilmente comprensible que en todo ese trayecto existen diversos y muy variados agentes que pueden modificar sustancialmente la percepción del mismo evento, en personas diferentes.

Estos factores o agentes se pueden clasificar en tres grandes grupos: físicos, conceptuales y vivenciales. Así, un factor físico es cuando una persona con deficiencia visual, por ejemplo, no ve de la misma forma y color un evento que otra cuya visión es normal. Los factores conceptuales se actualizan cuando la diferencia en la percepción de un mismo fenómeno, se basa en distintos conceptos o estructuras culturales de las personas, como por ejemplo el significado del honor en oriente y en occidente, o la diferencia de conceptos entre quien ostenta algún grado universitario y otro que no terminó la primaria. Los agentes vivenciales que inciden en la percepción de las cosas, se refiere al cumulo de experiencias de cada persona en relación con su apreciación de los hechos, y la forma en cómo relaciona y procesa ambos, es la experiencia unipersonal de cada quien que interfiere en la comprensión de los fenómenos externos.

Es muy importante no perder de vista estos trascendentales descubrimientos científicos, a la hora de analizar el fenómeno de las percepciones sociales, porque explican claramente la aparente paradoja de que cada quien tiene su verdad, o aquella otra de que cada cabeza es un mundo.

Pero existe otro gran descubrimiento científico que nos permite comprender mejor esto de las percepciones, este hallazgo es la comprensión entre percepción y sensación. Desde el punto de vista de la psicofísica, hay una gran diferencia entre ambos vocablos, aunque en la cotidianeidad se usen indistintamente incluso como sinónimos.

La sensación se refiere a experiencias inmediatas básicas, generadas por estímulos aislados simples (Matlin y Foley 1996). La sensación también se define en términos de la respuesta de los órganos de los sentidos frente a un estímulo (Feldman, 1999), con el frío –por ejemplo- la piel se eriza o se “enchina”. En cambio la percepción incluye la interpretación de esas sensaciones, dándoles significado y organización (Matlin y Foley 1996). La organización, interpretación, análisis e integración de los estímulos, implica la actividad no sólo de nuestros órganos sensoriales, sino también de nuestro cerebro (Feldman, 1999).

Un indigente tiene mayor resistencia al frio. ¿Por qué? Porque ante la sensación extrema de bajas temperaturas, y su incapacidad de proveerse calor con ropas abrigadoras su cerebro, y su organismo en general, mediante procesos bioquímicos internos, trabajan para que el cuerpo soporte mayores niveles de frío. Una persona que tiene posibilidades económicas, cuando siente frío solo se abriga o enciende la calefacción de su casa u oficina, lo que impide que su cerebro perciba las bajas temperaturas, por lo tanto tendrá menos resistencia física a las bajas temperaturas. Lo mismo sucede con el hambre u otros estímulos. Así operan las sensaciones y percepciones de los seres humanos. De ese tamaño es su trascendencia en el desarrollo de la humanidad.

¿Cómo nos afecta esto en la vida diaria? Mucho. Hoy, las cosas en México siguen igual –y en algunos casos peor- que hace 2 meses, sin embargo la percepción social es distinta. Más positiva digamos.

Y cuando digo que siguen igual, sólo quiero decir eso, igual. Es decir, en algunos casos mal y en otros bien, pero sin mayores modificaciones. En temas económicos, por ejemplo, la situación de nuestro país es positiva en el entorno mundial, se prevé un crecimiento del 2.8 por ciento para 2013 lo cual, para una economía emergente como la nuestra, es altamente positivo tomando en consideración que hay poderosas economías como la de EU o la de la Comunidad Europea, que atraviesan por crisis económicas de gran calado y desempleo con tasas superiores al 12 por ciento, lo que hace prever en ambos casos desaceleración económica importante y hasta recesiones preocupantes. No es el caso de México afortunadamente. En materia económica pues, las cosas siguen igual y así seguirán porque no se ha hecho nada –aun- para modificar esto.

Lo mismo se puede decir de la Seguridad Pública en cuanto a las ejecuciones en algunas regiones del país. Todo sigue igual. Entonces ¿Por qué la percepción social es distinta, si todo sigue igual? Bueno, la respuesta es compleja pero encuentra buena parte de su explicación en el contexto de los estudios que describí al inicio de este artículo.

Y quiero precisar bien que este análisis sobre la percepción social, no es una crítica disfrazada al actual gobierno federal priísta, no. Pudiera parecerlo por la comparación que se hace con el gobierno anterior de signo panista, pero esa comparación es con el único fin de contrastar hechos y eventos, que se han mantenido al paso del tiempo y que trascendieron el espacio de los eventos eminentemente políticos, para incrustarse en el imaginario colectivo como realidades. Por eso hago hincapié en que las cosas siguen igual, lo que estaba bien sigue bien, y lo que estaba mal sigue mal en términos generales.

Un buen amigo me platicó la anécdota de una caricatura política, publicada al día siguiente en que tomó protesta como gobernador del estado Patricio Martínez, luego de que el PAN sufriera la derrota en las urnas y no pudiera refrendar el cargo que ostentaba Pancho Barrio, y un personaje en la caricatura decía: "ya llevan un día y no han hecho nada", aludiendo a un claro sarcasmo de que se critica por criticar y se exige sin tomar en consideración las circunstancias. Este no es el caso definitivamente.

En el presente artículo no critico que el nuevo Gobierno Federal haya hecho o no algo en el poco tiempo que lleva en funciones. El aparato burocrático federal es como una gran locomotora que, ya puesta en movimiento, tiene una inercia propia. Pasarán muchos meses antes de que se pueda decir que, la presente administración federal, ya tiene el sello completo de Peña Nieto o del PRI. El señalamiento que hago (que en todo caso es una crítica al PAN por su incapacidad e ineficiencia mostradas en el manejo de la comunicación social) es sobre el uso -adecuado, oportuno, especializado y eficiente- que hacen los gobiernos priístas de la comunicación social, para cambiar (en pocos días) la percepción de la sociedad en temas torales de la vida política del país, y de cómo revierten percepciones negativas sobre los mismos.

Ese es el punto. No estamos mejor ni peor, estamos igual. Sin embargo, en un artículo de Leo Zuckermann publicado el pasado viernes, consigna que de acuerdo con el  Índice de Percepción sobre la Seguridad Pública (IPSP) que realiza el INEGI, las cinco variables que componen éste índice "subieron en la medición de diciembre de 2012 respecto a noviembre del mismo año: la percepción de seguridad personal en la actualidad respecto a hace 12 meses; la esperada dentro de 12 meses respecto a la actual; la seguridad pública en el país hoy en día comparada con la que se tenía hace 12 meses; la que se tendrá dentro de 12 meses respecto a la situación actual; y el grado de confianza del entrevistado al caminar solo por el rumbo donde vive entre las cuatro y las siete de la tarde."

¿Entonces por qué “percibimos” los mexicanos que estamos mejor? Bueno, en primer lugar porque eso es lo que deseamos, estar mejor. Y nada más apropiado para proyectar estos deseos que un cambio de gobierno y un Año Nuevo en puerta. En segundo lugar, porque los priístas tienen un concepto muy claro y bien definido del uso de las herramientas comunicacionales para “construir” percepciones favorables a sus propósitos, lo cual no es bueno ni malo en sí mismo, sino que constituye un estilo de hacer las cosas.

En Ciudad Juárez, la percepción de lo fronterizos también es de esperanza en un mejor futuro. Ojalá que la construcción de esta “percepción” política, también incluya la transformación de la realidad. Por el bien de los juarenses.

UNETE



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