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Rentabilidad electoral


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21/01/2013


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Los políticos y gobernantes no enfocan tanto su preocupación de cumplir compromisos tanto a la ciudadanía, como a sus "patrocinadores" de campañas ¿Por qué?



Los partidos políticos, y los políticos en el gobierno, regularmente suelen trabajar para aumentar las simpatías de los gobernados hacia sus siglas, es decir, centran sus afanes en mejorar su rentabilidad electoral que no es otra cosa que trasladar o convertir en votos, el resultado de su trabajo en el campo político o de ejercicio de gobierno, pero lo hacen de la manera equivocada, porque se parte de un origen también equivocado.

Esta es una visión inadecuada, y fuera de foco, de lo que debería ser –en teoría- el ejercicio de gobierno o del poder para el bien común, que es el fin primordial del acto de gobernar –o representar en su caso-, ya que de acuerdo con Maquiavelo la democracia se debe entender como la disposición de satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos de un sistema de gobierno, si bien, El Príncipe no hace mención al concepto “democracia” en ninguno de sus tratados sobre el tema, sí aconseja a los gobernantes ser prudentes y buscar la amistad de su pueblo, darle la posibilidad de reunir bienes, establecer negocios y, en general, brindarle los elementos para vivir tranquilamente. Estos principios coinciden completamente con la concepción de un sistema democrático que satisface las necesidades de los gobernados y, por ende, crea fidelidad hacia sus liderazgos formales.

Y aunque pareciera que no pueden existir coincidencias entre los conceptos y teorías de politólogos modernos (Geovanni Sartori o Robert Dahl) y Maquiavelo, por razón natural de épocas y conceptos filosóficos y politicos, la realidad es que sí coinciden en el tema de propiciar “contento” entre la ciudadanía, derivado de sus actos de gobierno, y utilizar este “contento” a su favor para prolongar el mayor tiempo posible como una forma de permanecer en el poder.

Es sencillo. O debiera serlo. Si partiéramos del razonamiento de que “si como gobernante, hago bien las cosas, cumplo con mis funciones, hago cumplir la Ley y procuro el bien común, entonces la gente estará a gusto y seguirá votando por mí, o mi partido”, tendríamos mejores gobernantes y más beneficios para los ciudadanos. Sin embargo no es así.

Los partidos políticos mantienen diversos tipos de compromisos que los obligan a “torcer” el correcto desempeño de los gobernantes emanados de sus filas. Algunos de esos compromisos son de carácter económico, otros de carácter político, otros son de intereses clientelares o corporativistas y otros más de “fidelidades” a grupos o sectores específicos, pero ninguno obedece a las necesidades de los gobernados. Por eso, al empezar a cumplir con estos compromisos –la mayor parte de las veces en forma clandestina o subterránea-, se alejan cada vez más del bienestar de la comunidad, de la legalidad y, por supuesto, del “contento” social. Ningún ciudadano reclama por las promesas de campañas no cumplidas, pero un generoso “patrocinador” de campaña, sí reclama y reclama duro.

Es bien sabido por ejemplo, que cuando una empresa determinada “invierte” dinero en una campaña electoral, el político que resulta electo debe “devolver” el “favor” de alguna manera. Ya sea mediante el otorgamiento de plazas laborales, o contratos de obras, prestación de servicios, asesorías o cualquier otro mecanismo que favorezca económicamente al generoso “patrocinador” que le metió dinero a su campaña, que le permita obtener de regreso “su inversión inicial” en una proporción que llega a alcanzar hasta el cinco por uno, es decir, obtiene cinco pesos de ganancia por cada peso “invertido”. No importa que para ello haya que torcer leyes, reglamentos, licitaciones, fiscalizaciones o lo que sea que haya que hacer, con tal de cumplir el compromiso.

En teoría, para mantener una buena imagen y amplias simpatías populares, un político o gobernante solo necesitaría de hacer bien su trabajo y cumplir con lo que dispone la ley sobre sus funciones, eso y un poco de difusión mediática seria más que suficiente para hacerlo permanecer en las preferencias de las personas. Pero como todo eso es exactamente lo que no hacen, por las razones que ya describimos, las cosas se complican.

Paradójicamente, es en posicionamiento de imagen en donde más recursos gastan los políticos o gobiernos, por cierto, recursos que no son de ellos sino del pueblo. Y es así, porque el daño al buen prestigio y a la eficiencia de su trabajo, que se ocasiona con el mismo ejercicio de gobierno cuando se alejan de las mejores prácticas y de acciones enfocadas al bienestar social, los obliga a utilizar herramientas mercadotécnicas, de publicidad y prensa, para recomponer en los hechos, lo que ha descompuesto en la práctica.

Es altamente sintomático y descriptivo de esa teoría que las campañas electorales se centren cada vez más y en mayores proporciones, en resaltar o ensalzar la imagen o atributos personales del candidato en cuestión, en lugar de destacar y difundir la propuesta programática o de gobierno del partido al que pertenece. Es cada vez mayor la tendencia a promover y posicionar “personalidades” antes que planes de gobierno y, menos aun, doctrinas políticas de verdadero alcance social.

En resumen, la tarea de obtener mejor rentabilidad electoral de los partidos políticos y candidatos a cargos de elección popular, es un círculo vicioso que se hace más grande en cada campaña y que son los mismos partidos o políticos los que lo propician, fomentan y mantienen, en el que se repiten hasta el cansancio todo tipo de las peores y mas criticables practicas en contra de la sociedad, para en seguida presentarles a los mismos que las ejecutan, como los salvadores de la humanidad, los más sensibles, los más eficientes, los más confiables y los mas cumplidores, claro, solo en imagen.

El caso es que ante la cercanía del proceso electoral 2013 en la entidad y particularmente en Juarez, los partidos políticos han iniciado ya estos trabajos mediáticos para el reposicionamientos de sus respectivas imágenes. La pregunta es ¿Les alcanzará el tiempo, los recursos y las estrategias para lograrlo?

A medio camino en la administración estatal de Cesar Duarte, y casi al término de la segunda gestión como Alcalde de Héctor Murguía ¿Cuáles son los activos y pasivos con los que ambos políticos abonarán a su partido? En el caso de los partidos de oposición ¿Están realmente siendo oposición? ¿Con qué elementos cuentan para intentar arrebatarle el gobierno municipal al PRI?

Pues sinceramente creo que el balance para el PRI no es del todo positivo y halagüeño, ya que el saldo en acciones de gobierno en beneficio de los juarenses aparece totalmente acreedor. Luego de 9 años de gobiernos municipales emanados del tricolor el estado físico, emocional y urbanístico de la ciudad es verdaderamente lastimoso, gravoso.

Empantanadas todas las obras importantes para Ciudad Juárez desde hace por lo menos 12 años, los gobiernos priistas han sido incapaces de superar los obstáculos financieros o de intereses de grupos o sectores, para destrabar proyectos como el del Transporte Urbano Semi Masivo, o el del Centro de Convenciones, a pesar de que se han invertido en ambos ya varios millones de pesos e incluso, se ha colocado ya la primera piedra en el caso del segundo, sin que hasta la fecha se pueda hablar de realidades.

Bueno, hasta el caso del monumento insignia que se pretende hacer de Juárez, la “X” del escultor Sebastián, si bien no es una obra propiamente ni tiene ese carácter de urgencia o necesidad social, sí es un proyecto iniciado por el actual Alcalde en su anterior administración municipal, el cual ya lleva por lo menos 6 años en construcción, con más de 40 millones de pesos invertidos, y aun es hora que no se puede concluir.

Sin obra importante y necesaria, la poca y deficiente infraestructura urbana que tenía Ciudad Juárez se ha venido empeorando en sus condiciones, llegando a extremos de verdad inéditos en la historia de la ciudad. Nunca como hoy Juárez ha tenido tantos baches en sus calles, tantas zonas con graves problemas de alumbrado público o de plano sin alumbrado. Si a este desolador escenario le agregamos la creciente inconformidad entre los fronterizos por las excesivas medidas recaudatorias impuestas desde todos los niveles de gobierno, pero principalmente el municipal con desproporcionados cobros y exageradas acciones de coerción económica, así como el descontento generalizado por los abusos policiacos, podemos arribar a la conclusión de que el escenario se presenta mas bien adverso para que el PRI refrende la Presidencia Municipal. No obstante la cúpula de este instituto político pueda asumir que, merced al triunfo electoral que llevó a la Presidencia de la Republica a Enrique Peña Nieto, ese solo hecho signifique que estén en posibilidades de imponer los triunfos de sus candidatos sea como sea, y sin encontrar mayores obstáculos para ello.

Sin embargo, esta favorable coyuntura electoral y política que se le presenta a la oposición -principalmente al PAN considerando el marcado bipartidismo que se vive en Juárez- parece no encontrar correspondencia con las circunstancias que viven los partidos con representación y posibilidades de “pelear” electoralmente el gobierno de la ciudad, principalmente por elementos que más tiene que ver con sus pugnas y conflictos de organización internos, que por cualquier otra cuestión de carácter político o logístico.

Las condiciones y escenarios para una eventual derrota del PRI en las urnas el próximo domingo 1 de julio en Ciudad Juárez están dadas, pero si los partidos de oposición –especialmente el PAN- no capitalizan adecuadamente tales circunstancias, se actualizará la hegemonía política –cuasi única y totalitaria- de la que gozó el PRI por más de 72 años a nivel nacional, y que lo ha mantenido en el gobierno de la ciudad por 9 años consecutivos.



Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   Democracia   ·   Partidos Políticos

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