.
Brenda y Guillermo me perciben como un vendedor de acuerdo a su concepto, no los culpo, pues literalmente nunca me han visto hacer otra cosa, en estos momentos convivo mucho con ambos y en este último mes me dediqué a diferenciar y reflexionar sobre las actividades tanto mías como de ellos, que si bien no es su prioridad, si les es necesario vender. Para ahondar un poco mas en este dilema me propuse pasar tiempo con ellos durante sus labores profesionales. “Vamos a una cita”, “presentemos el producto”, se podrían considerar un tronco común en la actividad, debido a que una venta corporativa no es de ninguna manera inmediata, ahí termina la primera parte de su labor, tal vez a mi percepción la que más empeño e importancia le otorgan pues son amplios conocedores de su propio producto. “Vamos a darle una llamada de seguimiento” aquí Guillermo lo hace de manera esquemática que podría hasta parecer tenebroso, Brenda, por su parte, abarca más allá de la parte comercial, se inmiscuye en la producción del mismo, en su desarrollo y demás cuestiones por lo que concentra ese tiempo que normalmente se le dedica al seguimiento en la perfección de su producto. “Cotizamos y mandamos propuesta”, mis buenos amigos se vuelven a unificar para desempeñar este paso de manera eficiente poniendo todo su conocimiento en ello. “Negociamos “ y entonces “cerramos”. ¡Listo!, el objetivo se cumple, el ciclo se cierra y se vuelve a empezar. Como verán no hacen cosas muy distintas las personas que se dicen no ser vendedoras a las que sí lo son, entonces ¿qué diferencía a Guillermo y a Brenda de mi? ¿Qué percepción tienen? ¿O tengo? ¿O la sociedad en general sobre lo que es un vendedor? Alguna vez leí al psicólogo, antropólogo y as del marketing G. Clotarie Rapaille quien aborda esta reflexión. En términos generales la diferencia se encuentra en la resilencia del vendedor al constante rechazo, su siempre e implacable percepción de que al final todo dará resultado, así mismo describe a los vendedores como unos perdedores felices, gente que puede llegar a gozar el rechazo y por ende buscan oportunidades en labores donde les permitan ser rechazados. Hasta este punto no sé si enojarme o alegrarme por el trabajo de este autor poues me sentí plenamente identificado, concuerdo con él en que la verdadera diferencia es la motivación, el vendedor va por la emoción de la caza, por ello festeja cada venta como si fuera multimillonaria, sin embargo, que más podría motivar a un vendedor si para vender 500 productos si suele ser rechazado 5000 veces. Brenda y Guillermo seguirán diciendo que no venden, que no lo saben, la realidad es que lo son y lo hacen de manera satisfactoria, pero si esa percepción los hace “vender” pues adelante, total ya hay muchos “vendedores” que se dicen serlo y lo único que venden es su tv o su estéreo al vecino de junto, o por el otro extremo existen buenos vendedores que no se ven a si mismos como tales pero generan resultados favorables, en todos los casos se recorre el mismo camino de la posibilidad de que al final se podrá tener éxito. Para finalizar mi reflexión citare parte del dialogo de una magnífica película sobre las ventas en la voz de Ben Affleck “En todo momento se realiza una venta, o tu le vendes la idea de que es lo correcto o el te vende la idea de que no lo es, en cualquier caso se está vendiendo”Twitter @kyokof98_____________________________Por Ulises Garduño - Ejecutivo Comercial BTL , estudiante de la carrera de psicología en la UNAM FES Iztacala y fiel creyente que la vida es algo más de lo percibido Twitter @kyokof98