. Es una debilidad que tengo. Sin embargo, reconozco que no siempre he
sido justo, y no porque no se merezcan todas mis críticas, sino porque
nosotros, los ciudadanos de este país, tampoco somos un buen ejemplo para nada.
Hace unos meses, un primo que tengo en Suiza, me comentaba que donde él vive
aún se mantiene la costumbre de que el quiosquero deje los periódicos los fines
de semana en una repisa sin vigilancia para que la gente coja el periódico y deje
el dinero en una cestita. Un amigo mío alemán me decía que en su pueblo también
hacían lo mismo. Si en España dejásemos los periódicos –por decir alguna cosa-
sin vigilancia, la gente no dejaría ni dinero ni periódicos. Y lo que es peor;
ni cestita. Y es que los españoles, para según qué cosas, somos unos auténticos
cachondos.
Hace unos años, por ejemplo, a través de
un programa de televisión, se descubrió que un conductor de ambulancia acudía a
servicios de prostitución callejera; eso sí; con la ambulancia a cuestas. Por
aquella misma época, también vimos a funcionarios de los tribunales de justicia
dejando el coche en marcha frente a los juzgados para fichar e, inmediatamente,
largarse con el coche a tocarse las marimbas. Hace unos meses, unos concejales
de un municipio gallego donaron sus pagas extras de Navidad para familias
necesitadas del municipio Una de esas familias compró con el dinero que le
correspondió, percebes, un jamón ibérico, embutido y langostinos. Y es que ya se sabe que eso de
la necesidad es muy relativo. Por eso, más de un empresario y más de un
autónomo que miente en su declaración de la renta puede acceder a becas de
estudios para sus hijos a pesar de embolsarse en negro cantidades muy jugosas.
Todos conocemos más de un caso. Y más de dos. También sabemos de casos de gente
que aparca en doble fila sin tener en cuenta a los demás, o que aparca ocupando
dos espacios, o que aparca en la zona destinada a minusválidos, o que
directamente falsifica el carné de minusválido para aparcar justo al lado de la
puerta del súper. También conocemos –porque lo vimos por televisión- cómo se
las gastan algunos taxistas, que son capaces de llevar a una persona invidente
dando un largo recorrido por la ciudad para cobrarle más por la carrera.
También sabemos, porque podemos leerlo, que España es el país de la Unión
Europa donde más mascotas se abandonan al año. Una media de unos cien mil
perros y veinte mil gatos en los últimos cuatro años; unas cuatrocientas mascotas
al día. Aunque también hay quien prefiere abandonar a su madre o a su padre en
una gasolinera. O quién mete a su madre en un asilo y luego la quita para
cobrar por ella la pensión. Pero no solo somos números uno en eso; también
conocemos a nuestra juventud, de la más drogada del mundo, que vive la noche a
todo tren y luego se estrellan con una familia mientras van en dirección
contraria. Claro que sus padres son peores. Hace unos meses, los servicios de
emergencia acudieron a la plaza de una localidad española a las cuatro de la madrugada
para atender a cuatro jóvenes de 14 años en estado de coma etílico. Ninguno de
sus padres estaba en casa cuando el servicio sanitario intentó localizarlos.
No es de extrañar que, con esta
población tan diversa, los políticos que nos representan sean tan cualificados.
Y, por eso, la gran mayoría de los grandes delincuentes mundiales eligen
nuestro país para residir y montar su chiringuito. No es por el sol, no; es
porque somos irresponsables e inmorales hasta decir basta.