¿Maestro, por qué has estado silente?

Distinguido Maestro:

 

. Tanto es así que, conforme con los gestos y las movidas que participas, no sé si realmente eres tú el antiguo educador responsable de la enseñanza de mis hijos, o se trata de un desconocido. Si, ya sé que eso de llamaros ‘educadores’ molesta, sobre todo a los que os consideráis ‘enseñantes’, dejando para los padres lo de la educación. Me vas a perdonar, pero yo también creo que os corresponde educar. Es lo que pienso.

Maestro, soy consciente de que, con las modificaciones horarias y salariales que os han impuesto, tienes motivos sobrados para estar cabreado. O muy cabreado. Incluso para mostrarte firme y contundente en la defensa de tus derechos. Eso de ampliaros el horario de permanencia y, al mismo tiempo, rebajaros el sueldo y quitaros una paga extra, es una faena que encoleriza y altera los buenos modos y las formas. Por eso comprendo y comparto las protestas que, por este motivo, vienes protagonizando con justa razón.

Dicho esto paso a aclararte que, por el contrario, no comparto ni comprendo, ni en todo ni en parte, las otras movidas y algaradas a las que te vienes sumando en contra de la reforma educativa que el Ministerio de Educación pretende impulsar. Te he visto muy activo y agitado en las concentraciones de griterío. Has llegado incluso a padecer ronquera de tanto vociferar consignas ofensivas. Incluso te he oído, cuando ibas disfrazado con camiseta verde, insultar al ministro Wert por el nuevo proyecto. Tampoco te ha preocupado dejar horas y horas sin clase a los alumnos por cumplir con tu derecho de protesta. Como simple curiosidad te informaré que los maestros de antes, los antiguos, nunca abandonarían a sus alumnos para quejarse. Lo harían fuera de las horas lectivas.

Y ahora te pregunto: ¿Maestro, donde has estado?

Dirás que a qué viene la pregunta. Es muy sencillo. Realmente no sé dónde has estado escondido hasta ahora para no ver el balance negativo de nuestra enseñanza. Mientras permanecías mudo y estático, los niveles educativos en España llevan más de dos décadas ofreciendo datos de fracaso, ¿Maestro, donde has estado con tu silencio?; desde que la ‘Logse’ fue impuesta con calzador la curva de eficacia y de aprovechamiento de la enseñanza ha ido en declive, ¿Maestro, donde has estado?; mientras todos los informes oficiales han situado a los escolares españoles a la cola de Europa, ¿Maestro, donde has estado?; mientras has permanecido inmóvil y se han mantenido actitudes del no esfuerzo como rutas directas a la vagancia y al fracaso, ¿Maestro, donde has estado?, y mientras todo esto sucedía y, además, se rebasan los límites de la tolerancia y del respeto al profesorado, ¿Maestro, donde has estado?

Y ahora, que desde el Ministerio de Educación se intenta acabar con el fracaso escolar y se quieren modificar los erráticos planes de enseñanza para que nuestros escolares recuperen los niveles educativos y la disciplina del esfuerzo; cuando se quiere establecer el aprobado de asignaturas para pasar de curso, cuando se pretende que las materias de historia, geografía, ciencias, matemáticas y resto sean comunes, y cuando se quiere establecer que los padres y alumnos tengan libertad de elección de centro y reconozcan la autoridad del profesorado, vienes tu, Maestro silente, a ejercer de agitador opositor, y a gritar escandalizado, y a dar saltitos con los brazos en alto como un títere, y a portar pancartas insultantes, y a forzar paros en la escuela, y a pedir con esas protestas que nada cambie para que todo siga igual.

¿Maestro, donde has estado?

UNETE



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