El extenso ciclo de alrededor de una centuria que va de las primeras manifestaciones del simbolismo, a mediados del siglo XIX, hasta la madurez del movimiento surrealista, en el período de entreguerras del siglo siguiente, se conoce genéricamente como las vanguardias, aunque ya hubiera gérmenes de sus características más acusadas entre los románticos y, de hecho, la tentación vanguardista haya perdurado en diversos planteos experimentales posteriores, como es el caso de laliteratura textual de los decenios de 1960 y 1970. Lo que de verdad acota el territorio de las vanguardias, del esteticismo simbolista al humanismo surrealista, pasando por la revolución formal del modernismo, es el radical punto de partida de sus diversas manifestaciones: la literatura se considera por primera vez como una actividad y un método de conocimiento no supeditado a la experiencia ni subordinado a otra cosa que su propia naturaleza. Las vanguardias no se proponen reflejar ni representar nada, sino “agregar otra cosa al mundo”, tan dependiente pero a la vez autosuficiente del resto de la realidad como cada uno de los seres vivos y objetos del planeta. Con las vanguardias, por tanto, el arte se asume por primera vez como un fín en sí mismo.



