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La economía paraguaya y el año electoral


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15/01/2013

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Los vaivenes de la economía paraguaya, carente de planificación a largo plazo, ya no representan sorpresa alguna. Podemos crecer 15% en un año y lograr llamar la atención a nivel mundial, para luego olvidar ese logro y convertirnos en una de las pocas economías latinoamericanas que no crecerán este año. Y todavía pretender que la contracción de 1,2% prevista para 2012 quede opacada por la expectativa de repunte del 10,5% prevista para 2013 por el Banco Central del Paraguay (BCP). La expectativa momentánea parece regirlo todo, a expensas de que alguna sequía o brote de aftosa acabe con ella y nos deje a merced de malos indicadores.


Cada vez que el clima no favorece, aparece alguna traba para la exportación o los vecinos tienen problemas económicos, Paraguay recibe un duro golpe. No es raro que esto ocurra cuando se depende de pocos rubros y se cuenta con una economía precaria, con escasa capacidad de innovación y reinvención. Pero, más allá de los bamboleos de la economía, las incertidumbres que conllevan los procesos electorales siempre traen efectos especulativos, en espera de que se defina la nueva administración del poder. El país se encuentra en este contexto: saltando de crecimientos a contracciones, en medio de la falta de rumbo económico definido, ante un entorno regional poco amistoso y ante las expectativas e incertidumbres del cambio de gobierno en 2013.

Luego de un año difícil, debido a la baja producción en el campo y los problemas para la exportación de carne, tenemos que enfrentar -además- el aumento del desempleo, que pasó de 7,5% a 8,1%, de acuerdo a los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Y mientras el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) anuncia que las inversiones realizadas este año cerrarán en torno a los 800 millones de dólares, tenemos que el 60% de dichas inversiones corresponden a empresas paraguayas. Es decir, la inversión total todavía es poca frente a las necesidades de empleo y generación de riqueza, pero es todavía menor la inversión extranjera, lo que representa poca capacidad atractiva del país.

La población necesita mejorar sus oportunidades de empleo, incrementar sus ingresos y lograr minimizar la pobreza que hoy es una de las más acentuadas en América Latina. Sin embargo, el funcionamiento de la economía paraguaya es relativizado fácilmente por factores como los cambios meteorológicos, un proceso electoral o un arreglo político. Economía endeble, poco competitiva y sin proyección de futuro. Eso tenemos ahora, cuando dependemos de lo coyuntural y no sabemos con qué saldrán los que resulten ganadores en la siguiente elección.

Ante esta situación, no se pueden esperar más que beneficios ocasionales que, como es sabido, no servirán más que de placebo para una economía doliente. Y en un año electoral, también esto podría relativizarse, pues se especulará con las inversiones, con los emprendimientos y hasta con el comercio. El comportamiento cíclico de la economía paraguaya siempre nos lleva a destinos conocidos en donde no encontramos soluciones a los problemas de fondo.

El Paraguay debe salir de este encierro cíclico que nos lleva a vivir dependiendo de los precios de la materia prima, de las bondades de la economía regional, las lluvias o un viento favorable. Hay que entender que el manejo "prudente" elogiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no es suficiente para un país con más de la mitad de su gente en situación de pobreza, pues la urgencia de una población empobrecida no se soluciona manteniendo grandes indicadores que benefician a unos pocos.

La cuestión electoral no debe llevarnos a estériles discusiones ideológicas o partidarias, sino a la exigencia de un proyecto económico a largo plazo que atienda las principales necesidades de la gente y que apueste por lo visionario y no por lo efímero. Hay que exigir que se trabaje con la gente, que se fomenten la condiciones para que los paraguayos puedan acceder a empleos dignos y para que no queden siempre a merced de "lo que haya". Es la economía de la gente, no los indicadores coyunturales. Basta de ciclos económicos nocivos, mejor apostemos por una ruta de crecimiento sostenido, de innovación y competitividad.



Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   Crecimiento Económico

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