Reclutamiento, prioridad de los partidos políticos
Confesiones.
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Después del proceso para elegir Presidente de la República,
la situación de los partidos políticos nacionales tiende a una estrategia de
reconformación, con una marcada prioridad hacia el reclutamiento.
No es que se trate de empezar de cero, sin embargo los
resultados de la elección plantean por obligación una reestructuración, tanto
de posturas como de atracción de posibles integrantes.
Por un lado están los elementos que participan activamente
en los partidos y sus gobiernos, desde donde se escogen a quienes serán
candidatos en lo sucesivo, y por supuesto los que aportan votos.
Porque las cifras que arrojaron los últimos comicios, no
necesariamente van en concordancia con la militancia real, sino a factores
específicos del momento.
Los segmentos poblacionales mayoritarios que votan, no
pertenecen activamente a los partidos políticos, sufragan de acuerdo a
intereses individuales.
Las simpatías electorales varían de acuerdo a las
circunstancias, de tal suerte que se hace imperativo que cada fuerza política,
de eso depende su sobrevivencia y posicionamiento, desarrollen esquemas
atractivos de atracción.
Sin duda la mayor ventaja en este esquema, está representada
en ser gobierno, toda vez que desde esa perspectiva es mucho más sencillo
contar con recursos para favorecer a su militancia, sobre todo para emplearla.
Si bien es cierto que gobernar desgasta, también lo es que
desde esa posición, son muchas las herramientas para mantener estructuras electorales,
que desde el gobierno no solo se administra, en simultáneo se lleva a cabo
operación política.
De hecho el principio del año, independientemente de la
agenda política y administrativa nacional, se circunscribe en este sentido, por
ejemplo el trámite para la creación de MORENA, que sin duda va a dividir a la
izquierda, aun y cuando eso sea nominalmente.
La aparición de este nuevo partido, bajo el liderazgo de
Andrés Manuel López Obrador, no limita la posibilidad de que se construyan
alianzas en la izquierda para enfrentar los siguientes procesos electorales,
incluso hasta con acción nacional.
MORENA, será una vez concluido el trámite fundacional, un
partido fuerte en consideración del número de sus afiliados, en seguimiento
tendrá que hacerse de presencia en las entidades.
Porque una cosa es la imagen nacional, que se debe a López
Obrador y otra muy diferente la dinámica local, que representa un campo de
batalla diferente, que obedece a particularidades eminentemente locales.
En tanto en el Partido de la Revolución Democrática, por
fuerza tendrá que haber cambios, la salida del propio Andrés Manuel López
Obrador y con el de un trascendente número de afiliados, significa un
debilitamiento.
Aunque como apuntábamos, el PRD es gobierno en diferentes
regiones del país, incluyendo su principal bastión, el Distrito Federal, donde
además mantiene una estructura funcional.
La encrucijada perredista se ciñe a la construcción de sus
nuevos liderazgos, estamos hablando básicamente de Marcelo Ebrard y Miguel Ángel
Mancera, quien desde ya es una figura preponderante, por posición y por
expectativa.
Por su parte el PAN, llevo y tal vez inoportunamente un
ejercicio, para reconfirmar a sus militantes activos con resultados
catastróficos, no solo en materia porcentual, que es el parámetro que se usa en
este caso.
También fue muy adverso en cuestión de la sensación, porque
además de la derrota electoral, el PAN con este factor confirma la división
interna que priva en sus huestes y eso se reflejo en el procedimiento.
Para acción nacional es evidente que la coyuntura es cuesta
arriba, que lo que perdió fue mucho más que la elección presidencial, el
desanimo que priva en sus agremiados y simpatizantes es mayúsculo.
Pareciera que el PAN quedo en la orfandad política, no se ve
quien pueda retomar un liderazgo fuerte, ni siquiera Josefina Vázquez Mota, que
a la fecha no ha sido capaz de reunificar, mucho menos de aparecer como una
opción viable.
El Partido Revolucionario Institucional a su vez, prepara ya
su próxima asamblea nacional, que según ha trascendido implicara profundas
transformaciones.
Será porque en el PRI, no se duermen en los laureles de la
reciente victoria, pero sobre todo porque es el momento para recuperar sus
esquemas de operación con Presidente de la República.
El Presidente es su calidad de máximo líder de su partido,
seguramente va a promover reformas a la vida interna del partido, acordes a su
actual circunstancia, eso necesariamente tendrá que ver con sus procesos para
elegir candidatos a cargos de elección popular.
La dualidad del mando en el gobierno y el partido, había
sido un esquema tradicional del priismo más ortodoxo, sin embargo los doce años
en que eso dejo de suceder, infiere reajustes inmediatos.
El poder de decisión de las candidaturas retorna al
presidencialismo, bajo esa coyuntura, aunque ahora eso parezca imperceptible,
va a volverse en el tema más importante en el desarrollo de la dinámica
interna.
Incluso la acción gubernamental, no hay que omitir que el
PRI recupera las delegaciones federales en los estados, se va a orientar en ese
marco, los márgenes tendrán que circunscribirse a la línea que se dicte desde
los Pinos, o ahora desde palacio nacional.
En todos los casos, hoy los escenarios se van a relacionar
con la capacidad de los partidos políticos y sus gobiernos, al nivel que sea,
para atraer simpatías y con ello fortalecer sus estructuras electorales.
Claro que con la libertad de expresión que hoy goza la
sociedad y la irrupción de mecanismos como las redes sociales, que significan
un poder de comunicación y convocatoria muy importantes, las oportunidades
tienen otras vertientes.
El clientelismo como tal, no puede sostenerse bajo preceptos
ideológicos, en todo caso para seguir existiendo tendrá que referenciarse en el
pragmatismo de los beneficios individuales.
Esto por definición hace más difícil conseguir simpatías,
mas aun mantenerlas, porque la principal complicación se ve en que conseguir un
voto, no significa como antaño una propiedad permanente.
El llamado voto duro tendera a disminuir, cada ocasión
representara un reto renovado y diferente, lo que significa que el trabajo de
reclutamiento tendrá que ser la principal prioridad de los partidos políticos
en adelante.
Lo que habrá que diferenciar, es la forma en que las fuerzas
políticas son capaces de leer los mensajes de los grupos sociales, la forma en
que implementaran sus propios esquemas de atracción.
De hecho en el reclutamiento va implícito no solo el hecho
de contar con un mayor universo de votantes potenciales, también de nuevos
cuadros dirigentes, que a su vez obedezcan a las circunstancias actuales.
Porque esto va de la mano de un proceso de renovación de
personas, aun y cuando se mantengan formas y estilos, por consecuencia debe
haber una evolución natural.
El gran reto pues de los partidos políticos al futuro
inmediato, no solo se puede concentrar en las victorias electorales, sino en la
construcción de bases solidas hacia el futuro, las primeras otorgan la
posibilidad de sobrevivir.
La conformación de la fuerza sostenida en la evolución a la
que hacíamos referencia, será el elemento que garantice la permanencia al
futuro, de tal suerte que ahora la competencia estará en el reclutamiento.
Naturalmente en conclusión, quien sea más capaz de
convencer, ya sea por la vía ideológica, que siempre se ha reducido a un
segundo término, o por la simple conveniencia, tendrá en principio mayor margen
y eso por descontado será el elemento que marque la diferencia en cuestión
electoral.
guillermovazquez991@msn.com
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