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Amor


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12/01/2013

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AMOR

Película de Michael Haneke





Vicente Adelantado Soriano





Decían en la Edad Media que la buena muerte era la muerte anunciada. Sabía, de esta forma, una persona, cuándo se iba a morir; y tenía tiempo, en consecuencia, para despedirse de amigos, deudos y parientes. Así lo hizo, entre otros, el padre de Jorge Manrique, tal como cuenta este en sus famosas Coplas. Hay en este deseo y concepción de la muerte anunciada un trasfondo religioso: es importante para el hombre tener tiempo para pedir perdón, arrepentirse, confesarse, y partir de este mundo con la certeza absoluta de que va a gozar del otro. Por supuesto que podía darse el caso, tal como se cuenta en la genial película de Arthur Penn, Pequeño gran hombre, de que hechos todos los rituales del buen morir, la magia no funcionase, y el moribundo volviera a la vida, o la muerte lo dejara en paz por el momento. De ahí surgía la sonrisa, cuando no la carcajada.

Hoy en día, sin ese fondo religioso, quien más y quien menos desea una muerte como la deseaba para sí Julio César: breve y rápida. A veces, como diría Séneca, está en nuestras manos conseguirla; y otras, por desgracia, se nos niega esa posibilidad. Entonces comienzan los verdaderos problemas, tanto para el enfermo como para sus deudos, amigos y parientes. Ni aquel tiene la posibilidad de poner fin a sus sufrimientos, ni de despedirse de nadie, ni la familia sabe muy bien cómo enfrentarse a la nueva situación. Y en eso hace incidencia, y se centra, la película de Haneke. Una mujer mayor sufre un ataque; y, progresivamente, va perdiendo el dominio sobre su cuerpo, conservando, sin duda, toda su lucidez. Se puede entender que tal estado es un verdadero tormento para ella, de ahí el ritornelo de la enferma: duele, duele, duele... No puede especificar qué es lo que le duele, aunque no resulta nada difícil de averiguar. Pues su vida, a partir del ataque, se convierte en una continua degradación, una continua dependencia de los demás.

El ataque, y la consiguiente privación de la mitad del cuerpo de la mujer, va a someter a la pareja de viejos profesores a unas tensiones y vivencias que no habían tenido hasta ese momento. Y aquí, y a lo largo de toda la cinta, es donde Haneke demuestra su maestría. Sin salir del apartamento donde vive la pareja, sin grandes palabras, negando el pasado al que no quiere regresar la anciana, salvo con una breve mirada al álbum de fotos para concluir que la vida fue bella, encerrada en su presente, casi con susurros, se van retratando dos vidas, y el final de estas. Magistrales las interpretaciones de Jean-Louis Trintignant y de Emmanuelle Riva en sus papeles de viejos profesores. Y genial la conversación que el protagonista mantiene con su hija, interpretada por Isabelle Huppert. De nada sirve, evidentemente, tal y como pone de manifiesto el anciano, la compasión. ¿Y en qué consiste esta? Las soluciones de la compasión siempre son soluciones más para quien las emprende que para quien las sufre. Ante los grandes problemas estamos solos, o impotentes ante quienes acompañamos. No obstante, y al igual que en el resto de las películas de Haneke, sin moralina de ningún tipo, con unos movimientos de cámara que lo son todo, se nos irá contando esos momentos finales de una vida con tal fluidez que todo se acepta, pareciendo como si nada pudiera ser de otra forma que como es. Y si puede serlo, no importa: esta es la que han escogido los personajes, y la que tiene ante su vista el espectador. Afortunadamente no sale este decepcionado del cine. Amor es una gran película. Una película que, sin duda, es de efectos retardados, pues sus imágenes, como ya sucediera con su otro film, La cinta blanca, son tan potentes y sencillas que no se olvidan una vez se abandona la sala. Todo lo contrario: brotan y surgen tal vez cuando menos se lo espera uno. Amor es, al mismo tiempo, una película tierna y valiente. Hay temas que de tan manidos y manoseados resultan difíciles de abordar. Haneke lo ha hecho con gran soltura y brillantez. Como sólo lo puede hacer un gran maestro.



Etiquetas:   Amor   ·   Muerte

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