. El freno en la
economía se hizo sentir. La restricción a las importaciones, la inflación y el
cepo cambiario jugaron un papel nocivo para la actividad económica del país. La
caída más notable la tuvo el sector inmobiliario que registró una disminución
en la actividad superior al 40% comparada con la performance de 2011.
Lo que sin dudas se llevó todas las miradas fue el
billete verde. La diferencia entre el dólar oficial y el paralelo hacia fines
de 2011 era casi nula, sin embargo y luego de la prohibición de compra de
moneda extranjera, el precio de la divisa norteamericana inició una escalada
sin interrupciones en el mercado "negro" hasta alcanzar hoy en
día un precio superior a $7 (una brecha del 45% respecto de la cotización
oficial).
En conexión con esto último, la sangría de reservas de la
banca central no ha sido un tema menor. La enorme fuga de capitales, los pagos
de deuda y el considerable gasto en importación de energía para evitar un
colapso energético, han marcado un fuerte descenso en los activos del BCRA.
Según fuentes de la entidad, hacia enero de 2012 el nivel de reservas alcanzaba
los 46000 millones de dólares, mientras que para diciembre descendieron hacia
43000 millones. Lejos quedó el pico de enero de 2011, cuando el acervo superó
la cifra de 52000 millones
La enorme marea de subsidios, el clientelismo político y
toda la serie de gastos disparatados e improductivos (teniendo como emblema
máximo la transmisión de "Fútbol para Todos") han provocado -
lógicamente - un abultado déficit en las cuentas del gobierno. A cualquiera se
le ocurriría que la solución pasaría simplemente por incrementar los ingresos
fiscales o reducir el gasto, el problema es que ninguna de las dos alternativas
parece viable. La presión impositiva sobre la actividad económica ha alcanzado
niveles inéditos (alrededor del 40% del PBI), por lo tanto un nuevo aumento de
impuestos sería difícil de pagar, y si se hace tendría efectos muy negativos
sobre el ingreso disponible de las familias y por supuesto sobre la economía.
Tal vez la segunda opción sea el camino más sano, pero esperar un recorte de
gastos de un gobierno populista es como pedirle peras al olmo. El despilfarro
de recursos estatales parece ser una política de estado. Por consiguiente, es
de suponerse que la ANSES siga financiando el gasto corriente del tesoro con
dinero de las jubilaciones y el Banco Central siga con la emisión desbocada de
pesos (o aumentando el impuesto inflacionario) alimentando cada vez más los
riesgos de hiperinflación.
El contexto macroeconómico configura un año por venir
complicado y la dirigencia política central no parece tener intenciones de
recapacitar, reconocer sus errores y dar un sensato golpe de timón que evite un
colapso mayor. El mejor escenario que puede esperarse son condiciones externas
más favorables que den un respiro a la economía y a las cuentas del gobierno;
pero si el gobierno no enfrenta los factores de riesgo con inteligencia, los
problemas se agravarán y la crisis será inevitable.