La situación financiera de los Municipios, asunto de Estado
Confesiones.
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La situación
financiera de los municipios, asunto de Estado.
Los últimos reportes de la Secretaria de Hacienda Federal
señalan que la mayoría de los Estados y Municipios del país, están virtualmente
en quiebra, sin embargo ante ese catastrófico escenario, la postura es no
rescatarlos de su quebranto.
Por un lado la coyuntura va a hacer inviable que muchos
gobiernos estatales y sobre todo municipales puedan sostener su operación
mínima, pero tampoco se podría esperar que el Gobierno Federal salga al rescate
de todos.
Además de que en términos prácticos eso sería imposible
financieramente hablando, hacerlo representaría perdonar los despilfarros y
corrupción que provocaron la circunstancia actual.
El escenario puede dividirse básicamente en dos vertientes,
el monto de los adeudos y el volumen de los mismos en relación a su capacidad
de ingreso, es decir, que hay unos que deben mucho y otros que aparentemente no
deben tanto, pero que de acuerdo a sus ingresos tampoco pueden pagar.
En cualquier caso, se trata de un asunto de viabilidad y
operación, si bien no puede pretenderse que un gobierno del nivel que sea se
maneje y administre como una empresa, porque sus objetivos son diferentes,
tampoco se trata de abusar como evidentemente ha sucedido.
Las empresas privadas fundamentan su sentido en los estados
de rentabilidad, es decir pérdidas y ganancias, ingresar más de lo que se gasta
para generar una utilidad.
En el caso de los gobiernos el contraste se señala en que
parte importante del presupuesto se destina a rubros que no implican retorno de
la inversión, como la asistencia social y la prestación de servicios, que en
todo caso se consideran a fondo perdido.
Para un gobierno la utilidad se enmarca, en la inversión
productiva que genera condiciones para el desarrollo económico, en la adecuada
prestación de sus servicios, en el pleno equilibrio financiero, pero sobre todo
en la satisfacción ciudadana.
En el equilibrio ideal, los gobiernos tendrían que ejercer
presupuestos en base a los que pueden gastar, sin sobrepasar esos parámetros,
aun considerando los aspectos que incluyen el concepto de fondo perdido,
lamentablemente la dinámica se tergiverso y cundió como pandemia.
La tendencia a aumentar el personal con fines políticos,
materialmente convirtió a los gobiernos de todas las corrientes políticas con
presencia nacional, en agencias de colocación partidistas.
Las nominas infladas infieren un exceso de gastos
adicionales que nada tienen que ver con la función oficial, estamos hablando
del gasto superfluo que implican los beneficios de los funcionarios.
Si a esto le sumamos el terrible flagelo de la corrupción,
que de entrada y por definición, solo como base de cálculo cuesta un diez por
ciento del presupuesto, mas los recursos que se desvían con fines electorales,
no hay forma de cumplir con una expectativa esencial.
Bajo estas consideraciones, asumiendo que son de observancia
general, salvo algunas particularidades individuales que corresponden a
situaciones específicas, el país está quebrado.
Lo está porque aun y cuando hoy contamos la mayor cantidad
de reservas internacionales de nuestra historia, como lo hemos apuntado en diversas
ocasiones, tenemos un Gobierno Federal rico y Estados y Municipios pobres.
Las reservas internacionales otorgan estabilidad financiera
y permiten mantener un tipo de cambio competitivo, sin embargo la situación
real al interior es muy diferente y ese contraste es una bomba de tiempo a
punto de estallar.
Podríamos coincidir en que no sería prudente utilizar esas
reservas internacionales para pagar las deudas locales, pero eso no significa
que el Gobierno Federal no tenga que responder a la expectativa.
Si no lo hace y pronto, los mercados internos pueden llegar
a sufrir un colapso que lleve a una crisis nacional, si vemos lo que está
pasando en la comunidad europea, el antecedente tiene el mismo origen,
gobiernos en esta caso nacionales, que en el impulso de políticas populistas de
corte electoral, gastaron más de lo que podían.
En México la diferencia está señalada en que el dispendio
provino de las entidades, de tal suerte que el contexto que influye en los
parámetros de estabilidad monetaria no se afecto.
Pero esa circunstancia no garantiza la posibilidad del
colapso, las condiciones están dadas para la irrupción de una crisis,
independientemente de la insatisfacción ciudadana colectiva, ante la falta de
respuesta de sus autoridades locales.
Claro que también es perfectamente comprensible que el nuevo
Gobierno Federal no quiera solapar la corrupción que provoco esta quiebra, no
al menos sin llamar a cuentas a los responsables.
Esta es sin duda una gran disyuntiva que sin duda es el
principal dolor de cabeza del Secretario de Hacienda Luis Videgaray, porque
sabe que de una forma u otra esto tiene que resolverse, pero que al hacerlo, se
componen actos indecorosos.
En este argumento nada tiene que ver la reforma fiscal
pendiente, ese es otro tema que en todo caso se relaciona con la capacidad de
cobrar mejor los impuestos y que además estos correspondan a la realidad
nacional.
No es pues un asunto que tenga que ver con los ingresos,
sino por el contrario con los egresos, el dinero de los Estados y los Municipios
fue mal gastado y se sobrepaso el límite, el hoyo pudo taparse temporalmente
con endeudamientos que hoy hacen imposible sostener a esos gobiernos.
Ejemplos hay muchos y muy variados en toda la geografía
nacional, Quintana Roo no es la excepción, los casos más importantes los de los
Municipios de Benito Juárez y Othon P. Blanco, el primero por su monto el
quinto más grande del país y el segundo porque plantea insolvencia.
En el caso de Cancún, adicionalmente hay que remarcar que el
ingreso esperado por concepto de impuesto predial en diciembre pasado, quedo un
cuarenta por ciento debajo de la expectativa, que de cuatrocientos millones de
pesos se redujo a solo doscientos cuarenta.
Como se puede prever este déficit presupuestal va a limitar
considerablemente la operación municipal, que además no podrá cumplir con una
buena cantidad de frentes abiertos, sobre todo de inversión en obra pública.
Este tipo de circunstancias como decíamos, son las que
generan la comprensible y por demás justificad insatisfacción ciudadana, ante
el incumplimiento de la atención de sus demandas.
Pero es que en el pecado se lleva la penitencia, porque el
factor principal que explica la disminución del pago del predial, no solo se
origina en la situación económica individual, sino en la falta de confianza
ciudadana, que se niega a seguir financiando la corrupción.
Porque no podemos dejar de lado que en Cancún, se dirime una
investigación por el desvió millonario de recursos, que resultaron en el
desfalco de las arcas municipales y por ende su frágil posición económica.
Al final de cuentas, como sucede en casi todo el país, la
situación es la misma, lo que se impone es el esfuerzo para resolverla, sobre
todo con la antelación suficiente para evitar el riesgo de una complicación
general mayor.
La situación financiera de los Estados y Municipios por
tanto, quiéralo o no el Gobierno Federal es ya un asunto de Estado y de la
mayor prioridad, como tal hay que atenderlo, con todo y que ello suponga
decíamos arreglar la más grande
corrupción posible.
Se trata de un asunto de liderazgo, el Gobierno Federal
tiene que asumir su papel de conductor nacional, no puede desajenarse del
compromiso pretextando que esto no forma parte de su responsabilidad, es un
asunto de Estado.
guillermovazquez991@msn.com
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