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De Kayñe a Wenüy. Sobre relación con mundo mapuche


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10/01/2013


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De enemigos a amigos. Estas dos palabras mapuches, breves y casi impronunciables, deberían pasar a ser parte de nuestro léxico común. Me llama la atención que, entre ambas, no existe una raíz común. Pareciera ser que para el mundo mapuche la idea de “amigos y enemigos” conocen derroteros completamente distintos. En efecto, no es la paz de los cementerios a la que debemos aspirar. No ser enemigos no nos hace amigos. Somos hijos de una misma tierra, hermanos en un destino común, no simples vecinos. Existe otra palabra para decir “amigos” en mapudungun: trafkin, que trata de la amistad cuando se han intercambiado algún regalo. Es el estadio superior de la amistad, como lo he entendido, y es el objetivo al que debemos aspirar.


Pero esto requiere un cambio profundo de mentalidad. Ya se ha dicho: lo que buscan los extremos minoritarios es la confrontación, escenario ideal para seguir con la violencia. El camino difícil pero infinitamente fecundo es el de la integración plena, que ahora no existe. Lo que la inmensa mayoría del pueblo mapuche quiere es paz, trabajo, más oportunidades, mejor educación, real integración. Leía por ahí que, en igualdad de condiciones, un trabajador mapuche recibe un 30% menos de sueldo. Inaceptable e indignante.

La violencia que ha vuelto a dispararse en algunas zonas del sur se debe combatir con el imperio de la ley y con políticas decididas de integración.

La flor nacional es el copihue. La podemos encontrar en 16 colores diferentes. Yo creía que era solo de color rojo. Pero resulta ser una especie muy variopinta. Constituye una buena metáfora de lo que debe ser y es nuestra patria: un sumidero de mil colores, en que cada cultura pueda expresarse en sus formas, vestimentas, costumbres, mientras ellas no atenten contra la dignidad de las personas y la sociedad.

Hemos aspirado artificialmente a una homogeneidad gris y peligrosa, que nada tiene que ver con lo que realmente es Chile. Abundan mucho más lo apellidos mapuche y paradojalmente se escuchan poco. En Santiago de Chile, capital de esta copia feliz del edén, vive más de un millón de mapuches ¿ha visto usted alguno vestido como tal en los centros comerciales o calles? Sería el lugar donde justamente deberíamos encontrarlos.

El Copihue es símbolo de alegría, de amistad y gratitud. Resalta como una de las plantas sagradas de los araucanos; los guerreros la veneraban como el emblema del valor y la libertad y los jóvenes como el espíritu tutelar de sus amores. Que sus maravillosos colores y misteriosa forma vuelvan a regalarnos alegría y, sobre todo, amistad. Es tarea de todos.



Hugo Tagle

twitter: @hugotagle

Etiquetas:   Mapuche   ·   Pueblos Originarios   ·   Cultura   ·   Respeto

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