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669 días


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08/01/2013


1253 Visitas












































































Hoy, 28 de Diciembre de 2012, se cumplen 669 días desde el derribo. Silenciosamente anunciado, con rigurosa premeditación, en carteles reglamentarios que, sin duda, cumplían minuciosamente las ordenanzas. Alameda Principal, 22, demolición inminente. 





Como el resto del expediente de derribo; debidamente justificada su necesidad inmediata, y organizado de modo que evitase daños a las personas y garantizase la seguridad, salubridad y ornato del espacio público circundante.

3. AP22,  28 Febrero 2011  14:10

1. AP22,  28 Febrero 2011  14:09





2. AP22,  28 Febrero 2011  14:10 

























Fijado previsoramente en el calendario, un 28 de Febrero, Día de Andalucía, festivo, prolongación del fin de semana convertido en puente. Con poco tránsito en las calles de la ciudad, de vuelta de la escapada, y más ocupada en reincorporarse privadamente a la rutina que en recorrer su espacio público. Sin mirones.





Sin necesidad tampoco de retirar previamente la protección del edificio, porque nunca la tuvo. Posiblemente, ni siquiera fue necesario abrir un expediente de ruina. Se demolió eficazmente, se retiraron los residuos de acuerdo al plan de gestión, y se asentó el polvo levantado. 





Ha pasado desde entonces 1 año y 10 meses; 22 meses justos, o 95 semanas, redondeando a la baja; 16.056 horas, 963.630 minutos, o 57.801.600 segundos, para los más obsesivos. Pocos. La mayoría lo ha visto ya desaparecer entre la vorágine de la memoria urbana a medio plazo.

4. AP22,  28 Febrero 2011  17:26Durante todo ese enorme tiempo, la ciudad y su pulso creativo se han congelado alrededor de un muro de dos metros de altura, que delimita el solar para asegurar la independencia de la parálisis privada individual frente a perturbadores dinamismos o elucubraciones ajenas más o menos colectivas. Por pequeño e insignificante que parezca a simple vista, comparado con el vacío que quiere contener, ese murito representa toda la burocracia y la inercia del planeamiento urbanístico vigente y su modus operandi, y ha impedido que el espacio público de la Alameda se expanda temporalmente sobre el espacio privado inerte que dibuja celosamente. 300 metros cuadrados de ciudad efímera que no ha podido ser. De momento. 





Esto SÍ es un solar. Y lo seguirá siendo hasta que los mercados oligárquicos o la legítima voluntad privada individual decidan lo contrario. Ante la mirada paciente de la colectividad, que percibe con más o menos resignación el despilfarro de vitalidad urbana día a día.

5. AP22,  28 Febrero 2011  17:20Ha podido utilizarse como espacio de encuentro y relación entre ciudadanos; o como espacio de expansión temporal de sedes institucionales públicas y empresas privadas que conviven en el entorno de la Alameda; o para descongestionar las calles temporalmente de vehículos privados, amontonados día y noche junto a las aceras; o para aliviar la carga y descarga del cercano Atarazanas, como espacio de desahogo; o para exponer, vender, regalar y dispersar más flores por toda la ciudad; o simplemente para descansar un rato o charlar en un espacio compartido y abierto. 





Todos esos usos, y muchísimos más que caben en la actividad urbana, que progresivamente se van expulsando del espacio público privatizado, y que son demandados por el ciudadano, han podido apropiarse temporalmente de ese espacio vetado, con la inmediatez y la tensión propia de los lugares que se saben fugaces, que obligan al disfrute inmediato y al ejercicio de memoria como toda permanencia posible. Y con dos duros. 





Otorgando a cambio a la ciudad, además del disfrute, una memoria más densa del lugar, una construcción intelectual colectiva, igual que lo hacen a su modo los edificios que se van sucediendo en el mismo solar, uno tras otro, dejando su huella en la experiencia común. Porque, a pesar del derribo, no ha desaparecido del todo el edificio.

6. AP22,  16 Octubre 2012  11:14

El que ayudó a configurar el espacio público de la Alameda tal y como la conocemos, definida como negativo permanente de espacios edificados efímeros. Que se supone no era recuperable, en fin, pero seguramente conservaba en sus paramentos la decoración mural geométrica bajo la máscara vulgar que se le añadió en los años 60, como tantas veces ha ocurrido aquí. Lo recordamos de memoria y lo documentamos en fotografías, gracias al Legado Temboury. Casi de medio lado, se le ve de milagro, a la izquierda. 





A la izquierda del Hotel del número 20, con su torreón, de los que quedan ya tan pocos, y que fue derribado para levantar, olvidando el principio básico del desarrollo urbano de que en la sustitución va implícita la mejora, ese apilamiento de ladrillos enfoscados, ese monumento a la especulación desarrollista de los 60. 





Porque esa es otra; el vacío tiene como efecto tóxico secundario que tengamos que soportar el aumento de la visibilidad del mamotreto. Casi ná. Ahí queda eso, por si no lo había visto usted. 





Y sin un horizonte claro de mejora, porque el Open Data Government en este caso brilla por su ausencia; nadie sabe lo que está previsto edificar, ni parece haber voluntad de que se conozca. No parece muy smart esa actitud de la administración local, que hurta a los administrados la información que puede empoderarlos y comprometerlos más con los procesos de cambio de la urbe.

7. AP22,  16 Octubre 2012  10:13

El ciudadano percibe en su entorno habitado más fotogramas por unidad de tiempo que la burocracia del planeamiento urbano; mientras las oportunidades de actividad desperdiciadas, la sospecha de la pérdida definitiva de patrimonio recuperable, la realidad agresiva aumentada del mamotreto, la incógnita sobre la mejora de la sustitución, y la sensación de espectador inerte le afectan negativamente, la maquinaria del urbanismo no parece percibir ningún espacio de oportunidad entre las posiciones edificado-derribado-edificado. Reduce y simplifica burdamente la complejidad de la experiencia urbana en el tiempo y su metabolismo compartido por todos, de modo que pueda entrar por el ojo de aguja de un expediente administrativo. Legal, todo muy legal. 





Con todo, el camino emprendido en estos años en la construcción de una ciudadanía empoderada, activa y comprometida, y en el desarrollo de herramientas urbanísticas, jurídicas y arquitectónicas en este ámbito, ya no tiene vuelta atrás, afortunadamente. 





Aquí, en esta misma ciudad, y en otros muchos lugares de nuestra realidad urbana ubicua, informada e hiperconectada, se han desarrollado y puesto en práctica ejercicios de urbanismo táctico, de guerrilla urbana, de apropiación de los espacios inertes que se abren camino desde las fisuras del urbanismo tradicional.

8. AP20, 1945.

9. AP20,  28 Febrero 2011  17:17















Acceder con naturalidad a la información que justifique el derribo, recoger y documentar la memoria urbana individual y colectiva del edificio si se considera necesaria la sustitución, apropiarse del espacio temporal surgido y dinamizarlo mientras se inicia la construcción definitiva, identificarse con la nueva edificación fruto del acuerdo y la participación, e incorporar como conocimiento generado toda esa secuencia experimentada en paralelo a la mutación de la fisonomía urbana serán hábitos de los ciudadanos en no mucho tiempo. También aquí.





Este compromiso con lo que la ciudad tiene de experiencia colectiva y creativa, que parecía larvado hasta hace pocos años, bajo la presión inmobiliaria, financiera y especulativa disfrazada de progreso, y que pone en su justo término instrumental la experiencia burocrática como herramienta al servicio de los ciudadanos, que se está defendiendo desde parte de la práctica profesional de la arquitectura junto a otras disciplinas y desde algunos centros docentes y laboratorios urbanos, y siempre en paralelo o más bien a rebufo del compromiso vital demostrado por muchísimos ciudadanos, a título individual o agrupados en colectivos, tiene que desembocar necesariamente en una ciudadanía empoderada, capaz, consciente de su derecho y obligación de dotarse de una ciudad habitable y de las herramientas jurídicas, arquitectónicas y de intervención urbana que la hagan posible.





La ciudad se construye y se configura con cada acto individual o colectivo cotidiano, escenificado en los espacios privados y públicos que determina el urbanismo tradicional, dominado por la propiedad privada, y la normativa y burocracia hipertrofiadas; pero también debemos ser conscientes de la enorme potencia que están ofreciendo los intersticios surgidos entre las fisuras de un urbanismo decimonónico que se desmorona.





Una ciudad que quiere considerarse contemporánea y dar respuesta a las necesidades de sus ciudadanos no puede permitirse el lujo de mantener inactivo durante 669 días un espacio tan cargado de posibilidades de regeneración urbana y tan presente en su mismísimo centro representativo, a menos que quiera verse representada así. No es tiempo de dedicarse desde la administración a publicar elaborados convenios y manifiestos de buenas intenciones que quedan en papel mojado, sino de actuar eficaz y coherentemente con lo que la ciudad demanda.





Actividad y gestión transparente, acceso inmediato a los datos en tiempo real, herramientas eficaces de protección del patrimonio y de gestión del microurbanismo y la coordinación de iniciativas, son actitudes e instrumentos necesarios, que no admiten más demora y que llevan dentro el germen de otra ciudad posible, más responsable, participativa y capaz.

10. AP22, ubicación del espacio de oportunidad en el entorno inmediato. Red de Espacio Público.









Georeferencia Alameda Principal, 22 en Google Maps



Fuente ilustraciones 1 a 7, 9 y 10: elaboración propia / Ilustración 8: Legado Temboury, Foto nº: 1501





Este artículo fue publicado:

28 de Diciembre de 2012 en la Revista El Observador  @_ElObservador_

málagalab (8 Enero 2013)  http://malagalab.blogspot.com.es/2013/01/669-dias.html

























Etiquetas:   Urbanismo   ·   Espacio Público

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