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Aventura por la Nariz del Diablo


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08/01/2013


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Son las ocho en punto de la mañana y suena el poderoso pito de la locomotora que comienza a mover a tres elegantes y vistosos coches llenos de pasajeros desde Alausí con destino a la Nariz del Diablo y la estación de Sibambe. Dos turistas franceses, Oliver y Carolina, procedentes de Marcella, nos cuentan ese momento sobre las expectativas de su nueva experiencia y se muestran felices y serenos, vinieron exclusivamente al Ecuador para visitar Quito, Cuenca, las playas de Manabí y por supuesto gozar de este momento ferroviario del que ya se enteraron en Europa.


Es un viaje emocionante

Hemos pagado cada uno el precio de 25 dólares, pero de largo, vale la pena. Niños, jóvenes menores de edad, minusválidos y personas de la tercera edad pagan la mitad del pasaje. Esta vez van tres coches modernos y cómodos, con un total de 90 pasajeros en su mayoría extranjeros de Alemania, Australia, España, Francia, Argentina y EEUU. Un escaso porcentaje de ecuatorianos participa en este viaje. Ya no se transporta como hace unos años a los turistas en la cubierta del tren, es que, alguna vez se produjo un accidente con un turista extranjero y las reglas desde entonces han cambiado. Ahora los coches son panorámicos, tiene amplias ventanas y se puede divisar todo desde el interior. Un joven guía toma un micrófono, da la bienvenida y durante todo el trayecto informa cada detalle del tren, su historia y los lugares que se atraviesa. El viaje es muy emocionante y la mayoría de ocupantes desde el comienzo hacen funcionar sus cámaras y evidencian su alegría y curiosidad. La máquina comienza a bajar lentamente a unos 30km / hora y es oportunidad de entender esta magna obra iniciada hace más de cien años. Una campana típica suena y como hace mucho tiempo, de las ventanas y puertas de las casas cercanas a la estación las personas nos dan el adiós, y creo que más de un viejito, recordará con nostalgia los emocionantes, buenos y malos momentos del primer cuarto del siglo anterior, cuando el tren pasaba muy a menudo trayendo o llevando gente, y los extraños pasajeros de la costa con los ojos desorbitados miraban a las personas que los recibían con alegría en los inicios de la sierra ecuatoriana.

Por allí afloran los recuerdos de un pasado lejano.

Paúl es nuestro guía. La altitud en Alausí es de 2.347 msnm. Descenderemos hasta Sibambe que se encuentra a 1300 msnm. Los personajes centrales y responsables de la seguridad y bienestar de los turistas son: el conductor, el brequero y el fogonero, además el personal de turismo y de atención a los pasajeros. El guía explica algunos aspectos relacionados con la empresa ferroviaria del Estado, algo de historia, los buenos y malos momentos, los sitios por donde pasamos y en cuanto al servicio que dentro de muy poco se brindará a nivel nacional, uniendo a Guayaquil con Quito y otras ciudades como Riobamba, Ambato, Latacunga y poblaciones intermedias tanto en la sierra como en la costa. Esta novedad no deja de emocionarnos, pues volvemos, pero en otras circunstancias, por esta ruta increíble como hace 30 años o más, cuando en aquella oportunidad inclusive a partir de Sibambe llegamos a Cuenca en 15 horas de viaje. Por allí los recuerdos están presentes: durmientes viejas de madera amontonadas, tanques antiguos llamados chimbuzos para el abastecimiento de agua de las máquinas a vapor y por supuesto a través del mismo y antiguo trazado de la vía, prácticamente pegado a la pared de la roca, como para confirmar que en verdad ha sido y es “el tren más difícil del mundo”. Vienen enseguida a la mente los nombres de personajes como Archer y John Harman, de Edward Morley, de los jamaiquinos sacrificados no inútilmente, de la famosa empresa Guayaquil & Quito Rail Co., y como no puede ser de otra manera, de Don Eloy Alfaro, Héroe Nacional, General de las Derrotas y físicamente derrotado el 28 de enero de 1912 en el panóptico y en las calles de Quito, después de ser transportado desde Guayaquil en el tren que materializó sus sueños de unir a los ecuatorianos.

“Esto es colosal”, dijo un australiano.

El convoy desciende y desciende. El guía nos habla de temas importantes: el clima, el temporal en determinadas épocas, el cañón del río Alausí que bordeamos, la desaparición del cóndor desde hace años a causa del ruido, de las comunidades indígenas, de las fiestas y ferias de San Pedro de Alausí, las lagunas de Osogoche y la muerte de los cuvivís, aves migratorias que llegan del norte del continente, de los sueños de nuestra patria para un mundo mejor y la búsqueda de la felicidad de los ecuatorianos. Llega el momento emocionante de pasar literalmente pegados a la pared de la peña, apenas con un pequeño espacio para el tránsito de la pesada máquina, luego el término de las rieles y el descenso en reversa por un tramo de 300 metros casi hasta el nivel del río, para de allí, con los cambios que realizan en la línea los ferroviarios, nuevamente ir de frente bajando un poco más hasta llegar en la Estación de Sibambe. Ha culminado el descenso y unos metros más allá todos bajamos para tomar fotos y divisar claramente la famosa Nariz. Los extranjeros comentan alegres y emocionados sobre la experiencia que están viviendo. Para una pareja de australianos “esto es colosal” y unos esposos alemanes no caben de contento, se veía en sus rostros la admiración y la felicidad; para algunos posiblemente como vivencia exclusiva, única y última. Luego un buen refrigerio cortesía de la empresa, enseguida subiendo unas gradas la visita al “Cóndor puñuna” o centro de interpretación, en donde se explica los detalles de la construcción del tren, una demostración de danza típica por parte de chicas y chicos de comunidades indígenas cercanas y el retorno, para seguir comentando y recomendar. Esta obra es maravillosa, es nuestra y solamente hace falta que la conozcan y recorran el mayor número posible de compatriotas.

César Pinos Espinoza

cesarpinose@hotmail.com

www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com



Etiquetas:   Viajes   ·   Turismo

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