Estamos de vuelta después del periodo vacacional decembrino,
saludando con afecto a nuestros amables lectores, con el ánimo renovado y con
el agradecimiento permanente.
Dos mil trece será sin duda un año por demás interesante,
con una enorme cantidad de temas en la agenda local y nacional dignos de
análisis, por ello y como primera colaboración del periodo, comenzaremos con
una reflexión, que de suyo sirve para explicar muchas de las cosas que en adelante
seguramente comentaremos.
Este año se cumplen quinientos años de la aparición de uno
de las más importantes obras de la literatura universal, el Príncipe de Nicolás
Maquiavelo, tal vez el más importante tratado sobre teoría política, que aun
con el paso del tiempo, mantiene trascendental vigencia.
El contexto de su creación se remonta al año de mil
quinientos trece, cuando Maquiavelo se encontraba preso en un monasterio,
acusado de haber conspirado en contra de la poderosísima familia de los Medici.
El libro fue dedicado precisamente a Lorenzo II de Medici
Duque de Urbino, quien paso a la posteridad como Lorenzo el Magnífico, como un
regalo que además pretendió echar abajo las acusaciones en contra de su autor.
Lorenzo de Medici, representa el ideal del hombre del
renacimiento, el concepto integral, gobernante, militar, político, diplomático,
banquero, poeta y filósofo y por supuesto mecenas de las artes.
En su calidad de Príncipe
de Florencia, Lorenzo el Magnífico se convirtió en el gobernante de la
república de Florencia, en su mandato esa Ciudad-Estado alcanzo la cumbre de su
esplendor y fue precisamente su muerte, la que causo el rompimiento de los
equilibrios en los estados italianos, concluyendo en simultaneo con la época de
oro renacentista.
El Príncipe, es fundamentalmente un documento que pretendía
describir una especie de catalogo de comportamiento ideal del gobernante, bajo
consideraciones pragmáticas, que atienden al más esencial sentido común.
Un tratado que desmenuza a detalle como deberían ser, el
comportamiento desde el poder y los efectos que esto produciría en la sociedad,
bajo una visión que profundiza en la condición humana.
Ahora bien, más que adentrarnos en el análisis
correspondiente al contenido detallado de la obra, lo que trasciende es su
implicación, tanto la que se relaciona con sus postulados, como la que dio pie
al concepto del maquiavelismo.
Desde su publicación y hasta la fecha, el Príncipe se
convirtió en lectura obligada tanto de políticos como de analistas, una
referencia obligada que como apuntábamos mantiene una extraordinaria vigencia
aun en estos tiempos modernos.
Impecable y mas que
recomendable por ejemplo la edición comentada por Napoleón Bonaparte, en la que
además se pueden leer las interpretaciones personales del extraordinario genio
político y militar francés en torno de los pensamientos de Maquiavelo.
Maquiavelo además de su vertiente como filósofo y escritor, se
desempeño en diversos cargos públicos en Florencia, destacándose como diplomático al servicio de
los Medici.
En su obra Maquiavelo postula la importancia de la
colectividad sobre la individualidad, la importancia de la autoridad que debe
acompañar al ejercicio del poder, en combinación con virtudes que más allá de
la personalidad, deben entenderse como características propias del mismo.
Si bien es cierto que el libro obedeció a un contexto
especifico en el tiempo, la pureza de su esencia es atemporal, de tal suerte
que como decíamos, se volviera un extraordinario documento de estudio político.
En nuestro país el Príncipe cobro mayor relevancia cuando
los civiles reemplazaron a los militares en el gobierno, no puede negarse la
influencia doctrinal de la obra en las formas y estilos de la clase política
mexicana post revolucionaria.
El pragmatismo en el uso de la autoridad del Estado, que
caracterizo a los regímenes priistas antes de la alternancia, es un claro
ejemplo de la ascendencia de su lectura.
Incluso en la actualidad con el retorno de esa fuerza
política al gobierno, muchos de esos postulados habrán de retomarse en su parte
esencial, por supuesto tropicalizados en el tiempo y el espacio.
Simplemente la conformación priista, que privilegia la
transmisión del poder a través de sus miembros, es un esquema que se ajusta a
una sucesión entre miembros, si bien en este caso no de una familia, si de un
grupo que funciona como tal.
Un esquema que se parece y mucho al de una monarquía, en
este caso constitucional y sexenal, que adopta los preceptos básicos que
imperaron en la época en que se escribió el Príncipe.
Sin embargo la parte más importante del tratado político se
encuentra en su hipótesis sobre el autoritarismo, a través de la cual el
gobernante debe ser temido antes que amado, sin llegar al punto de ser odiado.
Esta doctrina establece, que el gobierno debe ser el rector
del desarrollo de la convivencia social, más allá de sus obligaciones
administrativas, en el uso del poder para dirigir, si es necesario
interfiriendo en aspectos de cualquier tipo incluidos los económicos.
Estas teorías tuvieron como explicábamos una profunda
influencia en la clase política mexicana, que la tradujo a sus necesidades y
expectativas propias, para de esta forma implantar un régimen gobernante.
Sin lugar a dudas las diversas interpretaciones de la teoría
maquiavélica, sobre todo en el ejercicio de las mismas, fomentaron la
distorsión del concepto original, lo que dio pie a pensar que el maquiavelismo
como idea, proviene de prácticas inmorales, usadas en su nombre para acceder al
poder y mantenerlo.
Hoy el nombre del autor se relaciona con una actitud
negativa, prácticamente con el uso y abuso del poder para efectos de la
convivencia política, mecanismos como la corrupción, la falsedad pero sobre
todo para la maquinación.
Sin embargo esa es una interpretación derivada no de los
conceptos, sino de la forma en que políticos de importancia mal utilizaron las
ideas para justificar su propio comportamiento.
Los excesos del autoritarismo son responsabilidad de quienes
los ejecutan, esto no puede facturarse a una doctrina política que los
contempla únicamente para efectos superiores, no para el beneficio personal.
Para Maquiavelo, existían dos tipos de príncipes, los que
escuchan y los que no, los que aplican la fuerza cuando se justifica en
beneficio de la mayoría y naturalmente del régimen.
Claro que también hay que puntualizar que el hecho de
plantear que el gobernante puede realizar acciones inmorales, si estas
conllevan la consecución y consolidación de intenciones virtuosas se
justifican, ha sido el tema que profundizo la polémica.
Pero con todo y eso, aun en la reprobación, las teorías de
Maquiavelo se siguen aplicando de manera general y casi unánime, “si puedes
matar a tu enemigo hazlo, sino hazlo amigo tuyo”
Finalmente a manera de conclusión, hay que decir que la obra
de Maquiavelo, por supuesto seguirá siendo una referencia obligada, un
documento necesario para el estudio del ejercicio político.
Sobre todo en nuestro caso, porque en México su influjo es
determinante, los postulados expuestos en el Príncipe son base esencial del
comportamiento político y del poder, aun y con sus variaciones e
interpretaciones.
guillermovazquez991@msn.com
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