Historias de vida que se cruzan: Fleming y Churchill

No existe ley de probabilidad alguna, capaz de predecir sucesos como los de esta historia. Coincidencias de la vida que quedan fuera de las leyes matemáticas.

 

. Coincidencias de la vida que quedan fuera de las leyes matemáticas.
 

Este relato encierra aquella verdad de la que presumían nuestras abuelas: “hacer el bien sin mirar a quién”.

 

Es una anécdota de la vida real que se sitúa en Escocia hacia finales del siglo XIX.

 

Un granjero escocés escuchó un grito de auxilio de un pantano próximo a su vivienda. Acudió inmediatamente y encontró a un hombre joven que estaba atrapado en el lodo hasta la cintura, que hacía esfuerzos para liberarse pero no podía. Por fin pudo sacar al muchacho y salvarle la vida de lo que hubiese sido una muerte lenta pero segura.

 

Al día siguiente, un carruaje llega a su granja, siendo su sorpresa que el visitante fuera un noble que se presentó ante Fleming como el padre del joven al que había sacado del pantano. El noble le dijo a Fleming:

 

"Quiero recompensarle, porque ha salvado la vida de mi hijo", ante lo cual Fleming respondió que no podía aceptar pago alguno por haberlo rescatado del pantano.

 

Cuando el noble vio al hijo del granjero en la puerta de la cabaña, le preguntó:

"¿Es su hijo?"

"Sí", contestó el granjero con orgullo.

 

Entonces el noble le propuso un trato. Ya que no había aceptado dinero, le solicitó darle al hijo del granjero la misma educación que recibiría el suyo, convenciéndolo con el siguiente razonamiento:

“Si el joven se parece a su padre, no dudo que crecerá hasta convertirse en el hombre del que estaremos orgullosos los dos".

 

La vida quiso que el granjero aceptara y su hijo asistiera a las mejores escuelas. Con los años se graduó de médico en la Escuela de Medicina del St. Mary’s Hospital de Londres. Fue desarrollando su carrera hasta convertirse en el mundialmente reconocido científico Dr. Alexander Fleming, descubridor de la penicilina.

 

Unos años pasaron y el hijo del noble se enfermó de pulmonía. Pero en esta ocasión, lo que le salvó la vida fue la penicilina. El noble se llamaba Sir Randolph Churchill y su hijo se convertiría años más tarde en Sir Winston Churchill, uno de los más grandes políticos del siglo XX.

 

Hacer el bien que el bien siempre vuelve, es un principio que subyace en nuestra cultura. Y gracias a Dios, son muchos millones de personas en el mundo los que lo practican.

UNETE



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