. El calvo de la lotería reparte ilusiones, la lotería
reparte millones, los Reyes Magos reparten regalos y Alberto Ruíz Gallardón reparte dolor. Al menos, eso es lo que afirmó
este buen hombre hace apenas una semana a un medio de comunicación; gobernar “a
veces, es repartir dolor”, dijo. Y eso es una verdad más grande que un templo;
de gobernar o de gestionar una crisis, el Partido Popular no tiene ni la más
mínima idea, pero en eso de repartir dolor hay que reconocer que son unas
auténticas máquinas.
Yo, que soy un tipo generoso y con
buenos deseos, también querría poder gobernar para repartir dolor. Y repartiría
mucho, pueden creerme. No querría por nada del mundo que nuestros políticos creyesen
que los ciudadanos somos unos seres egoístas, así que repartiría entre sus
señorías todo el dolor que padecemos para que ellos también pudiesen disfrutar
de nuestros padecimientos. Para que nuestros gobernantes pudieran disfrutar del
dolor que padecemos los ciudadanos, les regalaría para empezar unas pensiones
de unos 400 euros sin subida del IPC hasta el día del juicio final. Por
supuesto, la paga extra no la iban a oler ni en sus mejores sueños. También les
regalaría una cartilla del paro de larga duración, y un contenedor de basura
para que pudiesen disfrutar del placer de hurgar entre la mierda que tiran los
demás para poder llevarse algo a la boca. También les regalaría la
imposibilidad de utilizar el sistema judicial, subiéndoles las tasas hasta el punto justo de
que no pudieran pagarla. Y a todos los políticos indultados por los distintos
partidos políticos les regalaría unos cuantos años de prisión para que pudiesen
disfrutar de nuestro sistema penitenciario. Como nuestro gobierno también está
repartiendo dolor convirtiendo las siglas de la Seguridad Social en las siglas
de la Schutzstaffel nazi, al dificultar su uso con restricciones de acceso a
hospitalizaciones, a pruebas de diagnóstico, cobrando por receta, cobrando a
personas con cáncer por el uso de las ambulancias, etc., yo les regalaría a sus
señorías alguna que otra dolencia, pero sin que pudieran usar los magníficos y
carísimos seguros privados que tienen contratados. También les regalaría personas
dependientes a su cargo pero sin darles un duro de la ley de dependencia. Por
supuesto, les subiría las tasas universitarias para que las matrículas de sus
hijos les costasen un riñón. O los dos, que puestos a ser generosos no hay que
reparar en gastos. Y, cómo no, les quitaría profesores de los colegios donde
tienen matriculados a sus hijos, incluidos profesores de Pedagogía Terapéutica
y Auxiliares Técnicos Educativos.
Nuestros políticos toman medidas
dolorosas a sabiendas de que son dolorosas, y lo hacen porque saben que a ellos
y a los suyos estas medidas no les van a afectar lo más mínimo. Por eso, yo les
deseo todo el dolor posible, con la sana intención de que experimenten en sus
propias carnes el dolor que sufren los demás y, de ese modo, comiencen a
gobernar desde la experiencia. Estoy seguro de que con ello, su política sería
bien distinta. Para todos los demás; feliz navidad.