Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Dirección de Empresas   ·   Liderazgo   ·   Cultura   ·   Redes Sociales   ·   Hipocresía   ·   Facebook   ·   Instagram   ·   Twitter   ·   Adolescentes   ·   Música



Un buen cuento para Navidad


Inicio > Ciudadanía
22/12/2012


1524 Visitas



Lo ha leído antes, pero nunca está demás volver a hacerlo. Martín era un humilde zapatero. Vivía solo. Hacía años había enviudado y sus hijos se habían marchado. Una noche, despertó sobresaltado. Oyó una voz que le decía: “Martín, mañana Dios vendrá a verte”. Extrañado, continuó durmiendo. Pero al día siguiente se levantó temprano y se aprontó para recibir a tan ilustre visita. Dios debía encontrarlo todo perfecto. Y se puso a trabajar delante de la ventana, para ver si pasaba por la calle. Al cabo de un rato vio venir a un vagabundo en harapos y descalzo. Compadecido, lo hizo entrar a su casa. Le dio una taza de leche caliente, le preparó un paquete con pan, queso y fruta para el camino, y le regaló unos zapatos. Luego, vio pasar a una joven viuda con su hijo, muertos de frío. También los hizo pasar. Como ya era mediodía, los sentó a la mesa y sacó la olla de sopa que había preparado por si Dios se quería quedar a comer. Además buscó un abrigo y manta y se los dio. Pasó la tarde y Martín se entristeció, porque Dios no aparecía. De pronto, golpearon la puerta. Ahora sí que es Dios, se dijo. La puerta se abrió con algo de violencia y entró tambaleando un borracho del pueblo ¡Sólo faltaba esto! se dijo ya algo decepcionado el zapatero. Tengo sed, gritó el borracho. Y Martín, acomodándolo en la mesa, sacó una jarra de agua y puso delante de él un plato con los restos de la sopa. Cuando el borracho se marchó ya era muy de noche. Y Martín estaba muy triste. Dios no había venido. Se sentó bajo una luz, tomó los evangelios y los abrió al azar. Y leyó: “Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me vestiste. Cada vez que lo hiciste con uno de mis pequeños, a mí me lo hiciste”. Se le iluminó el rostro al pobre zapatero ¡Claro que Dios lo había visitado! ¡No una vez, sino tres veces! Y Martín, aquella noche, se durmió pensando que era el hombre más feliz del mundo.


La verdad, esto de Navidad es muy sencillo. Nos recuerda que Dios siempre se hace presente en nuestras vidas, en las más variadas formas, en particular a través de los más pobres, abandonados, solos. Dice Benedicto XVI: “Si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, debemos deponer nuestras falsas certezas y soberbias, las que nos impiden percibirlo. Hemos de tomar el camino de la sencillez exterior e interior que permite ver al corazón”.

No deje escapar la oportunidad de recibirlo en su casa. Es cosa de estar atentos, abrir la puerta, salir a su encuentro. Feliz Navidad.



Hugo Tagle

twitter: @hugotagle






Etiquetas:   Religión   ·   Cultura

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
18302 publicaciones
4646 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora