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Este
asunto de los pactos firmados por las grandes élites del poder en ambientes
palaciegos a los mexicanos, me atrevo a decir que a la gran mayoría, nos trae
muy amargos e ingratos recuerdos pues de
entrada nos hace recordar aquella brutal crisis económica, política y social
que nos dejó el ex presidente, de muy triste y desafortunada memoria, Lic. José
López Portillo (JLP), popularmente conocido como "El Perro de la
Colina", en el fatídico año de
1982, cuando la inflación llegó a ser nada más y nada menos que del cien por
ciento anual y los CETES (Certificados de la Tesorería) llegaron a tener un
rendimiento del 54.46%, dato último que reflejaba con toda claridad, y sin el
menor lugar a dudas, el grado de descapitalización de las Reservas
Internacionales de México y lo urgido que estaba el gobierno federal de
allegarse recursos frescos. Subyacía en los ánimos individuales y colectivos de
la sociedad mexicana la idea, nada errónea por cierto, de que los grandes ricos
estaban lucrando con la pobreza de la gente y acumulando mayores fortunas a las
que ya de por sí tenían, es decir, que se estaban enriqueciendo más a costa del
hambre ajena y así fue como en medio de este tétrico y desolador ambiente, ya
en el sexenio del ex-presidente Miguel de la Madrid Hurtado (MMH), en el año de
1987, comenzó una curiosa tradición en las altas esferas del poder en México,
la firmar "Pactos de Solidaridad Económica y Política", no fuera a
ser la de malas que en una de esas el pueblo realmente se encanijara, armara de
valor y armase otra revolución, o algo parecido y así precisamente se llamó el
pomposo documento que, según palabras textuales del entonces presidente
consignadas en éste incluía "medidas fuertes y muy amargas".
!Zaz! Por si acaso nos faltara algo, la
promesa, que se cumplió a cabalidad, porque no es nada difícil cumplir algo
así, contenía básicamente tres grandes "sacrificios " repartidos
entre el gobierno, los campesinos y la iniciativa privada: Para los campesinos,
el más amargo y duro de éstos (no podía ser de otra forma): El congelamiento de
los precios de garantía de prácticamente todos sus productos a precios reales
del año de 1987, a morirse de hambre fue la sentencia y se las cumplieron
puntualmente. Para el sector privado, la apertura comercial con el exterior,
especialmente con Los Estados Unidos de Norteamérica (U.S.A.) con el famoso
NAFTA (North American Free Trade Agreement), precursor del Tratado de Libre
Comercio (TLC) que en realidad ya había sido signado en el año de 1984, así que
mucha novedad para los sufridos empresarios en realidad no había y para el
gobierno, el acelerado adelgazamiento de su muy obeso aparato burocrático y la
restricción del gasto público, acciones ambas que terminaron por pegarle
nuevamente al pueblo pues se tradujeron muy concretamente en un mayor desempleo
y en el recorte de programas de asistencia social. Los acuerdos y pactos que le
siguieron al ya mencionado no diferenciaron mucho de éste en cuanto a que el
que terminaba pagando los platos rotos, y a precio de oro, era el pueblo más
amolado y las golpeadísimas clases medias. !Uff! Casi nada, a eso nos remontan
las firmas de los grandes pactos y acuerdos anunciados pomposamente desde la
lujosa comodidad de los palacios.
Pacto por
México !Uff! !Qué bonito nombre!
Es más que necesario, indispensable decir y subrayar, que las
condiciones económicas y políticas de México distan mucho de tener algún parecido
con aquellos lejanos y amargos años de la década de los 80 del siglo pasado.
Hoy contamos con unas reservas internacionales de 163 mil ciento dieciséis
punto nueve m.m.d. (millones de dólares
norteamericanos), una inflación anual de 4.18% y los CETES tienen un rendimiento del 4.23%,
también anual, datos todos asentados en la página oficial electrónica del Banco
de México (Banxico) www.banxico.org.mx. Esto, de pruritita entrada, ya nos
presenta un panorama abismalmente diferente, además ya tuvimos dos sexenios
consecutivos en los que gobernó un partido de oposición, el Partido Acción
Nacional (P.A.N) y las tres principales fuerzas políticas del país cuentan con
presidentes municipales, gobernadores, diputados locales, diputados federales y
senadores, así pues, las motivaciones y condiciones en que se firmaron uno y
otro pacto nada tienen que ver y no son comparables en forma alguna. Lo que sí
es verdad, es que desde el año de 1997, comenzando la segunda mitad del sexenio
del Ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León (P.R.I.), hasta el recién
culminado sexenio del también ex presidente Felipe Calderón Hinojosa (P.A.N.)
México estuvo sometido a una pesada, infranqueable, mezquina y asquerosa
parálisis legislativa en la cual lo que menos les importó a nuestros
congresistas fue el país, motivo por el que se la llevaron "nadando de
muertito" entre pugnas personas, de partido, faltas justificadas e
injustificadas y, por supuesto, sus "merecidas" y onerosas
vacaciones, más de cien de esos congresistas están en nuestro actual congreso
pues viven de brincar de una cámara a la otra. Lo que ahora cambió es que, al
regresar el P.R.I a Los Pinos sí les
interesa llegar a acuerdos legislativos, aprobar e incluso impulsar reformas de
ley y constitucionales situación que provocó el cansancio, hartazgo y crítica
constante de la sociedad encabezada por los dichosos "intelectuales",
comentaristas de radio y televisión, periodistas y hasta cómicos vulgares como
Brozo, "el Payaso Tenebroso". También cambió el hecho de que se
produjo "una transición de terciopelo" en la que el presidente
entrante pudo ir tomando todos los hilos del poder de una forma muy ordenada y
amigable, sospechosamente amigable, pensarían algunos como por ejemplo el Señor
Manuel Andrés López Obrador, el sempiterno inconforme y mártir "pacífico
belicoso" de la democracia, al cuál
por cierto, con algunos puntos de este pacto, y un par de nombramientos de su
gabinete pretende rebasar por la izquierda. En resumen, El Pacto por México tiene tres
grandes ejes: El fortalecimiento del Estado Mexicano (Sin querer, los firmantes
aceptan que el Estado Mexicano se encuentra debilitado). La democratización de
la economía (también aquí se acepta implícita y explícitamente la inequidad de
nuestro sistema económico) y la participación popular en las grandes decisiones
y acciones de gobierno (!Chíspas! Nuevamente caemos en confesiones nada cómodas
que digamos). El mencionado pacto tiene
poco más de cien puntos, algunos verdaderamente torales como la inclusión de
nuevos actores en materia de telecomunicaciones y otros no tanto como la
construcción de un ferrocarril a Querétaro, pero lo positivo es que, como dicen
los señores de "La Hora de Opinar", en especial el señor Héctor
Aguilar Camín: "Quizá por primera vez en nuestra historia contamos con un
documento puntual y explícito sobre el cuál podremos, durante y a final de
sexenio, evaluar la actuación del presidente de la república, sus más cercanos
colaboradores del sistema Judicial y de nuestro congreso". (Fin de la cita) Y podremos saber si ese acto
celebrado en el Castillo de Chapultepec obedece a la ya trillada y desgastada ¿Pactitis Mexicanitis Aguditis?
o "es la de adevis" y
ahora sí nos cumplen cuando menos una parte de lo ofrecido.