Parte esencial del análisis se desprende de contrastar
visiones respecto de un tema en particular, poder comparar percepciones para de
esa forma poder establecer criterios y así plantear una opinión.
Bajo esa dinámica, nos dimos a la tarea de consultar a
diversos líderes de opinión, políticos, funcionarios públicos y empresarios del
estado, para conocer su particular apreciación en torno del inicio del nuevo
gobierno federal.
Como resultado de esta práctica, podríamos comenzar por
decir que en general, la sensación es mayoritariamente positiva en función de
varios factores que sirven como elementos de juicio.
En ellos sobresale la intención de modificar la política pública
que se refiere a la seguridad pública, la rectoría del estado en materia
educativa, el combate a la corrupción, el orden financiero y el establecimiento
de un orden estricto de comportamiento que se conjuga con mucha negociación y
apertura política.
Estos preceptos ponen sobre la mesa en cada caso que la
actitud de la nueva administración obedece sin duda a un escenario diseñado
para imponer formas.
Sobre todo para que estas se consoliden en su desarrollo,
independientemente de la valoración de sus primeros resultados, como un esquema
de trabajo que obedezca a una ideología que marque diferencias.
De esta forma, aun y cuando todavía es muy pronto para
acertar a definir resultados, lo que se aprecia son intenciones muy claras que
significan una característica, todavía falta su consecución y eso también depende
de factores externos a la pura intención.
Como definición de su comportamiento, el gobierno del
Presidente Peña Nieto, apuesta por el respeto a la simbología propia del poder,
bajo el concepto de que en política lo que parece es, despachar en palacio
nacional es un muy buen ejemplo.
Mantener un perfil de sobriedad, sin limitar la exposición propia
que conlleva la investidura es esencial para recuperar la fortaleza y liderazgo
de la institución presidencial.
Esto como antecedente de la apertura al dialogo con las
diversas fuerzas políticas, para abrir los espacios de negociación y con ello
poder lograr acuerdos de convivencia.
Naturalmente como derivación de esa comunicación lo que se
pretende es la construcción de pactos y alianzas pragmáticas, que si bien
siempre estarán influenciadas por la competencia electoral, le permitan
viabilidad al régimen.
El ejercicio del gobierno no puede limitarse únicamente a su
vertiente administrativa, hay muchos aspectos adicionales que hay que
considerar.
Ello infiere el despliegue de la sensibilidad de la que
carecieron los gobiernos panistas, porque para poder realizar acuerdos hay que
entender que para pedir también hay que ceder y nunca imponer.
Un elemento que el gobierno del Presidente Peña Nieto,
ofrece como parte fundamental de esa práctica, es la implementación de medidas
contra la corrupción y que favorecen el orden desde su propia estructura.
Cuando se habla de imponer un programa de austeridad, esta
no se refiere al gasto público, porque no es limitando ni inversiones ni la
asistencia social, como se logran ni los ahorros, ni el control interno.
Este escenario se refiere al gasto superfluo que implican
los beneficios de los servidores públicos, que utilizan la estructura oficial
para beneficiarse de manera particular y cuyo despliegue tanto ofende a la
sociedad.
En gran medida la designación del gabinete, que como ya lo comentábamos
en anterior ocasión, que promedia en sus
integrantes los sesenta y tres años de edad, es un claro mensaje en relación a
su operatividad.
Se pondero la experiencia, el cumplimiento de los objetivos,
la institucionalidad y el orden, bajo una práctica política intensa hacia a la
sociedad y sus interlocutores.
Esto no limita el aspecto técnico del funcionamiento del
aparato, privilegia la comunicación entre actores para la consecución de
consensos que permitan sino unanimidad si viabilidad.
Aunque en la revisión de los muy diversos aspectos que
involucran la presencia del gobierno, tendríamos que hacer un análisis particular
para cada uno de ellos, lo que se favorece es la unificación de criterios y la línea
transversal entre dependencias.
Decíamos que por supuesto hay temas de la agenda que en
principio sobresalen unos más que otros y eso es una escalada de prioridades de
acuerdo a la demanda social.
Por supuesto, porque de seguridad pública todavía no podemos
apuntar mayor cosa en función de estrategias y mucho menos de su parte
operativa, hoy lo que trasciende es la recuperación de la rectoría del estado
en materia educativa.
Independientemente de la situación que involucra la relación
entre el sindicato y el gobierno, los componentes del anuncio a ese respecto,
al menos infieren que el estado impondrá su fuerza por encima de los intereses
cupulares tradicionales.
Esta será una dinámica que seguramente se repetirá en los
siguientes casos conforme estos vayan siendo atendidos, es decir, el gobierno
no querrá ser rehén de ningún grupo de poder factico.
Una cosa es ceder posiciones como parte natural de una negociación
y otra muy diferente claudicar a intereses de grupo, más aun cuando estos debilitan
la función y eso se nota en la imagen.
Estas primeras muestras de estilo han generado la sensación de
que el gobierno tiene prisa por hacer las cosas, que esta presteza se relaciona
con re posicionar al régimen como el conductor de la política nacional y hasta
ahora eso ha generado un buen ambiente inicial.
Sin embargo no se puede omitir que esas intenciones por mas
bien encaminadas que puedan parecer, tienen que transitar por los acuerdos,
sobre todo en lo que respecta a la parte legislativa.
Porque será en el congreso donde se diriman las discusiones
que impliquen los contra pesos, hasta ahora tanto el Partido de la Revolución Democrática
como Acción Nacional, han mantenido una postura prudente que incluso los ha
hecho verse bien.
Sin duda en el camino ha habido algunos obstáculos, pero también
hay que ponderar que estos son normales, finalmente la oposición juega un doble
papel, en el que de momento y por estrategia el primero se comprende como inteligente.
No siempre será así, vendrán los procesos electorales
locales y federales y la actitud tendrá que modificarse, por ahora la oposición
está dejando fluir la iniciativa gubernamental para no verse radical.
La encrucijada se semblantea en la coyuntura del beneficio,
que hoy transcurre en el espacio de la concordia, por un lado para la oposición
que da una imagen de seriedad y para el gobierno porque le permite avanzar en
su estrategia.
Habrá que ver cuánto dura eso, el gobierno tendrá márgenes de
espacio y tiempo, pero si eso resulta en percepciones positivas, se convierte
en un asunto de posicionamiento electoral y eso no le conviene a las otras
fuerzas políticas.
En tanto eso sucede, lo que puede verse es la seriedad con
que el Presidente asume esta etapa denominada la luna miel que no tiene una duración
preestablecida por forma.
Al menos por ahora los puentes de comunicación y acuerdo han
solventado diferencias, en ello hay que reconocer que el régimen está poniendo
de su parte.
Que la teoría política de Peña Nieto se fundamenta en la
seriedad del ejercicio del poder, en la recuperación de la fuerza de la
investidura, para que el marco institucional tenga un liderazgo capaz de poder
convocar.
Si eso no alcanza para resolver los problemas nacionales, al
menos es un signo positivo, porque implica que la tónica se va a relacionar con
la eficiencia y el pragmatismo.
Si el régimen no se desvía en el camino del destino trazado
al menos en ese concepto, bien podríamos estar hablando de la instauración de
un régimen que desde la sobriedad tenga el consenso para los acuerdos, eso es
un buen principio.
guillermovazquez991@msn.com
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