Junto a las familias y víctimas de la masacre de Newtown

Estados Unidos y el mundo lloran desde hace unos días una nueva matanza de inocentes, esta vez en territorio de paz pero igualmente matanza e igualmente inocentes. 

 


Para quienes nos mantenemos conectados emocionalmente a los otros, cercanos y lejanos, conocidos y desconocidos; es algo inaceptable y sobre todo muy muy doloroso. Veintisiete vidas son muchas, demasiadas; veintisiete familias que ya nunca serán las de antes y que sufren la cruenta realidad que supone la modificación abrupta y completamente absurda del curso de sus vidas, sólo, porque así lo ha decidido alguien. Un joven, casi adolescente, con cara y cuerpos infantiles y visiblemente perturbados. Un chico al que ni como psicóloga ni como persona podría comprender NUNCA y al que no quiero dedicar ni una sola línea más de este artículo.

Escuchando las múltiples noticias e intervenciones de diferentes personalidades a cargo de la investigación, de los políticos norteamericanos, de la población en general a la que han entrevistado y especialmente al padre de una de las vidas inocentes segadas en esta masacre, Emilie Parker; me he sentido especialmente interesada en dos ideas expresadas.

Una de ellas la expuesta por el Gobernador de Connecticut, quien admitió: “lastimosamente somos una sociedad violenta” el señor Dannel Malloy se refería a la sociedad americana, yo lastimosamente también, me refiero a las sociedades en general. 

Me impresiono al ver cómo las personas hemos llegado a NORMALIZAR la violencia. Siguen pareciéndonos imperdonables e inaceptables estas formas tan extremas y sin embargo, admitimos relacionarnos con los demás sin que medie la empatía, las buenas maneras, el afecto, las palabras cariñosas, desde pequeños nos burlamos de nuestros compañeros, nos empujamos, hemos dejado incluso de abrazarnos y besarnos porque nos parece que invaden nuestro espacio y que no es lo que se lleva en los grupos a los que queremos pertenecer y de los que sentirnos parte y referencia. Falla la comunicación entre las personas, no enseñamos a nuestros niños y niñas a escuchar activamente, a escuchar más que a oír lo que nos dicen los otros, a escuchar por qué lo dice y qué emociones podemos encontrar detrás de las palabras y frases gramaticales que creamos al hablar. Aprendemos mucho de ciencias, lengua, historia; pero muy poco de la inteligencia emocional que  nos llevará a ser mejores personas y sobre todo más felices.

La segunda idea expresada me lleva a mantener la esperanza en mí y la esperanza en el género humano, fue la que generosamente expresó Robbie Parker, padre de una de las niñas víctimas de la matanza, Emilie Parker de tan sólo 6 años. Sus palabras:

“Queremos que todos sepan que nuestros corazones y nuestras plegarias están con ellos. Esto incluye a la familia del tirador” “No puedo imaginar lo dura que será esta experiencia para ustedes, y queremos que sepan que el amor de nuestra familia y nuestro apoyo está con ustedes”.

Si una persona que está sufriendo tanto como este padre y su familia, que experimentan el más agudo y antinatural de los dolores, sufrir y llorar la muerte de un hijo/a, ha ofrecido palabras de amor y consuelo para la familia del propio asesino, entonces confío en que a pesar de toda la violencia que nos rodea, muchas cosas estamos haciendo bien los seres humanos y siguen siendo la esperanza, la solidaridad, la amistad, el amor y la cercanía, algunas de las más importantes características que nos definen.

A todas las víctimas y a todas sus familias, envío mi afecto y solidaridad desde este otro lado del mundo. 

UNETE



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