. Christopher nos lleva en esta
apasionante novela de aventuras al conocimiento de la práctica desaparición del
imperio maya, hace un milenio, antes de la llegada de los exploradores
españoles a aquellas tierras centroamericanas, de selvas, cenotes y ruinas aún
por descubrir.
Un misterio, el de esa gran civilización
precolombina, hoy en día en el candelero informativo y sociológico, por
suponerse que en escasos días se descubrirá definitivamente el misterioso
secreto de la profecía maya: un cambio planetario radical, según parece.
G.M.Christopher, pseudónimo del español J.Sedeño,
ha sabido elaborar una historia tan formidable como aquella otra novela de
aventuras de hace un par de años (El Protector), que tan buena impresión causó
entre los aficionados a las historias de ficción y aventuras. La intriga, el
espionaje, la arqueología científica y la mitología se conjugan en estas 500
páginas de amena lectura que culmina con el deseo de que lo mejor sería no
molestar a los dioses.
Se ven influencias de los clásicos y no tan
clásicos, como Crichton o Child, con ambientaciones urbanas y naturales, siendo
éstas últimas las más logradas, en especial las referidas a la guarida del dios
Tochklan, del que el autor incluye un mapa al final de la novela, a modo de
guía. Ese templo escondido representa, seguramente, El Dorado buscado por los
primeros exploradores del nuevo continente.
Después de leer este entretenido libro, debería
uno sumergirse un poco más en el conocimiento de esta extraordinaria cultura,
de la que tan poco sabemos en Occidente. Empezaré quizá por releer la biblia
maya o manuscrito de Chichicastenango, también llamado Popol Vuh. Aunque ello
pudiera parecer un poco árido, recuerdo que en este fantástico códice se
expresa con simbología propia la historia de los verdaderos hombres que
reinaron durante casi tres milenios el territorio comprendido entre México y Guatemala
y cuyas ruinas visitan millones de turistas anualmente.