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Igual plantaría un árbol.


Inicio > Ciencias de la Tierra
15/12/2012


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El gobierno de EEUU avisó oficialmente que el 21 de Diciembre el mundo no se acaba. Aburrido de recibir infinidad de mailes preguntando si efectivamente el mundo se termina ese día, cortó por lo sano y, a través de la NASA, sacó una nota oficial. “Nuestro planeta ha estado muy bien durante más de 4.000 millones de años y los mensajes sobre el inminente fin del mundo no tienen ninguna base científica”, reza el comunicado desmintiendo toda una serie de leyendas sobre la cercanía del Apocalipsis.


Estaba previsto que ocurriera en mayo de 2003 pero, al no suceder nada, la hecatombe fue 'pospuesto' por los 'profetas' apocalípticos para el 21 de diciembre de 2012. Pero, tras esta aclaración de la NASA, podemos dormir tranquilos.

Bromas aparte, la idea del fin del mundo acompaña al hombre desde siempre. Dibujos y textos antiguos dan cuenta de ello, ya sea inminente o de una fecha perdida en el tiempo. El cristianismo también lo plantea, unido a la segunda y definitiva venida de Cristo. Pero es bastante más sobrio y humilde en su presagio. Jesús mismo se preocupa de aclarar que “de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. Subraya sí, el fin y encuentro definitivo de cada uno con el Creador.

No hay nada terrorífico en esto del final: lo que ha tenido un comienzo, tendrá que tener un término. De lógica elemental. Pero incluso eso mismo poca importancia tiene. Lo que sí debe ocuparnos es nuestro propio final. Es más, es el único dato cierto que poseemos. Usted y yo sabemos que “tenemos los días contados”. Pero la certidumbre de nuestro fin no debe agobiarnos. Más bien debe llevarnos a vivir más intensamente el presente, darnos con mayor generosidad a los demás y aprovechar mejor cada minuto de vida.

Cuenta una historia de un monje a quien se quería probar en su confianza. Lo interrumpieron durante su trabajo en la huerta para preguntarle qué haría si se entera del minuto en que va a morir. Pensaban que correría a la capilla a rezar, o regalaría todos sus bienes a los pobres, o haría duros actos de penitencia. “Nada” respondió el monje. “Igualmente plantaría un árbol”. Y continuó trabajando en la huerta.

Hay que vivir con las maletas preparadas, ligeros de equipaje, de cara al Creador de la vida. Solo así se vive más intensamente, se aprovecha mejor cada segundo que se nos regala en este mundo. Tomar conciencia de nuestra temporalidad y poner la mirada en la tierra definitiva, regala fortaleza y sabiduría para vivir el aquí y ahora con alegría y fe.



Hugo Tagle

twitter: @hugotagle



Etiquetas:   Cultura   ·   Sociedad   ·   Mundo

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