. No se entera porque no se han tendido puentes a tiempo y
porque los Gobiernos anteriores han cedido a chantajes con tal de mantenerse el
poder.
No hay duda
que el puente en temas educativos está roto desde hace tiempo. Y lo que es
peor: posiblemente no sea acertado reconstruirlo y sí derruirlo por completo e
iniciar una nueva relación interinstitucional. Por supuesto que la solución
pasa por eliminar las autonomías que tanto daño han hecho al Estado, siendo los
principales artífices de la crisis, el malgasto, el endeudamiento, el
despilfarro y la corrupción que hoy aflora. La razón de ser de las autonomías
está finiquitada.
La dejadez del
Estado en temas educativos durante años, el incumplimiento de las resoluciones
por parte de algunas comunidades autónomas y el hazmerreír en que se ha
convertido el Tribunal Constitucional traen
estos polvos secos. Desde el Estado sí se respeta el modelo de inmersión
lingüística pero desde Cataluña y el País Vasco hay serias dudas, e incluso
evidencias del ataque frontal a la lengua común de España.
Paso a
contarles una maldad suficientemente contrastada y reiterada: imagínense al
alumnado que no ha terminado la educación secundaria obligatoria. Cuando ese
alumnado cambia de comunidad, resulta que no se suele dar por válidas las
materias cursadas a la hora de presentarse a las pruebas libres para la
obtención del título de graduado en secundaria para mayores de 18 años. Ese
alumnado debe presentar su historial en un centro público de educación de
adultos de la comunidad de acogida para hacer las pertinentes convalidaciones
y, una vez hecho eso, ya puede acudir a las citadas pruebas para que se le
convalide lo que proceda. Ver para creer.
El párrafo
anterior no tendría sentido en un Estado organizado adecuadamente, pero resulta
que algunas comunidades tienen un currículum para la ESO que es un atentado al
sentido común y a la racionalidad. Revísense comunidades como Canarias
(verdaderamente absurdo en cuanto hace referencia a la educación de adultos),
Cataluña, Valencia,… incluso Galicia precisa un toque urgente. En una palabra:
estamos en España pero es fácil ponerlo en duda.
El problema y
los enfrentamientos creados recientemente por las lenguas vernáculas carecen de
recorrido. Sin evitarlas ni eliminarlas, sí se precisa una actuación
contundente y mucha más seriedad que la existente hasta ahora. Sobran las
tonterías ‘toreras’ del ministro de educación, José Ignacio Wert, y los
ejemplos anodinos y trasnochados de la vicepresidenta Actual. Las lenguas deben
seguir siendo fijadas por las respectivas
comunidades autónomas y los límites no son otros que los establecidos
por las sentencias del Tribunal Supremo.
Todos los
políticos intentan hacer merecimientos con las leyes educativas, como si
quisieran que esas llevaran su nombre. Pero el profesorado está harto de tanta
incompetencia política y de tan poca lógica a la hora de hacer planificaciones.
Hablan de calidad pero desconocen la realidad; incluso los planes de calidad
son absurdos en muchas ocasiones: se les llena la boca con los protocolos como
si hubieran descubierto ese vocablo esta misma mañana, sin saber que la calidad
es la que se plasma cada día con los errores y los aciertos. Las áreas de
mejora de tratan en el día a día y en el aula, nunca en papeles que se dejan
olvidados casi siempre, una vez que se obtiene el documento de reconocimiento.
Ya se sabe que para hacer de la vida un arte hay que ser un artista y no todos
están o estamos preparados para ello.
Jesús
Salamanca Alonso