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Diciembre del 2012, o el Síndrome de William Miller.


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12/12/2012


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William Miller, predicador y militar estadounidense, gran fundador del Movimiento Adventista del Séptimo Día, estudiando las profecías del vidente Daniel, del Antiguo Testamento, llegó a la conclusión de que el 22 de Octubre de 1843 vendría Jesucristo a la tierra, comenzaría el juicio final de las naciones y se acabaría el mundo en aquel día.


Y así se los comunicó a sus feligreses y amigos, de la iglesia metodista, de la masonería y de otros que le seguían en aquel tiempo.

El anuncio y sus supuestamente muy serios argumentos bíblicos que lo sustentaban, causó tal revuelo, que decenas de miles de yanquis de ambos sexos y de varios estados norteamericanos se prepararon para aquel formidable evento. Dejaron de pagar sus deudas, compraron sábanas blancas y confeccionaron albas túnicas para salir a recibir al Emperador, al Rey de Reyes, al Señor de Señores, a Jesús, el Verbo de Dios que venía en gloria y majestad al mundo, para juzgarlo por el fuego. Tal como dice la Biblia.

Y salieron a las plazas de los pueblos, subieron a las azoteas de los edificios y casa más altas de sus ciudades y aldeas, y allí, orando y alabando a Dios y a su Hijo, pasaron todo el día 22 de Octubre. Y no sucedió nada. Fue la gran decepción. Y la gran risotada de los que no creían en aquel anuncio.

William Miller se sintió muy triste y responsable de aquel gran fiasco. Y se apresuró a tomar su biblia y reestudiar el asunto. Así llegó a la conclusión de que su cálculo era erroneo, y que el Señor vendría a la tierra en el mismo 22 de octubre, pero del año 1844.

Y, tal como ocurre siempre, en que las esperanzas tardan mucho en morir, sobre todo en un siglo tan romántico como el siglo XIX, la gente ingenua y piadosa volvió a creer en lo que se les anunciaba con el apoyo de las Santas Palabras. Nuevamente las tiendas de telas se quedaron sin lino blanco, pues había nuevas túnicas blancas que confeccionar y usar para aquel magno encuentro con el Maestro de Galilea en su segunda venida.

Y nuevamente vino la gran decepción, el Señor no llegó a visitar a su Pueblo y a dar por terminada la obra de la creación. Ya William Miller nunca más se atrevió a proclamar la fecha de la segunda venida del Mesías en gloria y majestad. Su vergüenza y su estupor, por fin lo volvieron a la sensatez que el mismo Cristo tenía, cuando los apóstoles le asediaban con las clasicas preguntas acerca de la fecha del fin del mundo.

A ese respecto, Jesús les dijo a sus embajadores enviados: "PERO DEL DIA Y DE LA HORA, NADIE SABE, NI AÚN LOS ÁNGELES DE LOS CIELOS, SINO SOLO MI PADRE". (Mateo 24,36).

Y ahora estamos igual, repitiendo los mismos errores de William Miller, usando a los Mayas en vez del Profeta Daniel, y manteniendo el alma de los simples y de los ingenuos en un hilo, tensos y ansiosos, imaginando apocalipis o cinturones electrónicos planetarios, esperando el cambio de ciclo o la catástrofe cósmica creada por algún asteroide loco que se le ocurra pasar demasiado cerca de la tierra. O bien un alineamiendo con el centro de la galaxia que ya a ocurrido miles de veces en la historia del mundo y que no ha dañado a nadie. (Ya ocurrió en el 21 de Dic. del 2001 y en el 21 de Dic. del 2003).

Otros ingenuos esperan que los extraterrestres vengan en flotillas a rescatarlos de su propia inercia e ignorancia. O bien que el cambio de Era les haga evolucionar sin esfuerzo personal, como si dijeramos, dejándonos llevar por la marea del cosmos, que nos levantaría, si o si, de nuestro bajo nivel de conciencia.

En realidad, si el mundo está como está, es culpa nuestra. El mundo no ha cambiado pues cada uno de nosotros se ha negado a cambiar y a ser mejor, desobedeciendo las reglas más básicas del buen vivir que aconsejan y mandan las santas escrituras de todas las religiones. Hemos cosechado lo que hemos sembrado. La hora de cambiar eso ES SIEMPRE, no a contar del 21 de Diciembre del 2012.

El mundo solo cambiará cuando cada persona decida ser más noble, vencerse a si mismo, librarse de sus pecados, y caminar por senderos de amor, de sabiduría y de justicia. Para hacer eso no hace falta haber llegado al último mes del 2012.

Basta un examen de conciencia honesto, en la Presencia de Dios o del Yo Soy Eterno, y comenzar, tal vez a dejar de fumar, y de decir palabrotas, saludar a la gente, a transmitir alegría y fe en vez de mala voluntad. Y un tiempo mayor de oración y para enseñar la religión a nuestros hijos, pues ellos heredarán la tierra y nuestros errores, o nuestros aciertos...... .-

 



Etiquetas:   Religión   ·   Sociología

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