“Más allá del hielo” (“The ice limit”), de D.Preston y L. Child.

Siglo XX: un magnate, una empresa de ingeniería, un mar noble, un meteorito y, como no podía ser menos, un geólogo planetario.

 

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Este grupo de personajes al que Douglas Preston y Lincoln Child dan vida en “Más Allá del Hielo” (“The Ice Limit”), protagonizan una entretenida historia, que gira en torno a los avatares para recuperar un meteorito nada vulgar.

 

El geólogo es el personaje que parece no tener interés en sobrevivir a la historia y que no es el centro de la misma, aunque los autores nos quieran hacer creer lo contrario (quizá porque no han sabido sacarle jugo debido a una personalidad compleja y demasiado rica en matices). A pesar de no ser protagonista fundamental de la historia, sí lo es en el desarrollo de la narración: ¡quién mejor que él para descubrir los secretos escondidos por el niño fraticida de las leyendas locales!

 

Las hipernovas, los mares antárticos, la armada chilena, la ingeniería náutica, el ice-man controlador y metódico, el capitalista maniático y caprichoso, los marinos mercantes, los militares chilenos, el Cabo de Hornos, los vientos huracanados, el límite del hielo y el método científico. Todo es utilizado para crear una atmósfera de acción, donde la providencia es sustituida inmejorablemente por lo previsto y calculado por parte del ingeniero Glinn. Todo menos el sentimiento, que no tiene cabida en ese mundo controlado: su mundo. Incluidos sus sentimientos hacia la gobernanta del mercante, una mujer demasiado idealizada. El ingeniero, a quien los autores hacen coprotagonista con el geólogo Sam, es quien se muestra omnipresente a todo lo largo de la narración. Incluso cuando ya no está, parece que sigue teniendo el control de lo que estamos leyendo.

 

La varita mágica del capital, que parece que todo lo puede, unido al ímpetu de algunos amantes de su profesión, como es el caso de Sam, puede hacer creer a cualquiera que todo es posible. La realidad supera a la ficción, si se puede decir, porque lo imprevisto rompe un final que pudiera haber sido más feliz y devuelve al lector a la cruda realidad de la historia. De lo poco que destaco de esta novela es su aportación sobre la supremacía de las fuerzas naturales y del afán humano por contrarrestarlas: es la eterna dicotomía entre dioses y hombres.

 

Una novela de ficción científica, regularmente presentada, que deslumbra en sus inicios, pero que pierde fuelle a medida que avanzamos páginas, hasta donde los autores deciden cortar por lo sano, pudiendo haberlo hecho mucho antes y de otras múltiples maneras. Pero un final es el que es, aunque no nos guste (parece desacertado que los autores hayan castigado con la vida a determinados personajes). Y, así, la novela nos deporta, en su último capítulo, a la desesperación y la inquietud, transmitida por un geólogo que no se merecía ese final, y donde se presume algo aún peor: ¿se cumplirá la leyenda de Hanuxa?

UNETE



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