Dos días han bastado para que los medios escritos y televisivos se hayan ocupado intensamente del preocupante e incierto futuro del hermano país de Venezuela, después de ver y oír a su presidente, enfermo terminal suponemos, “imaginar a su país en su ausencia que solo se le antoja posible si es gobernado por su círculo íntimo, capaz de reproducir en el futuro las políticas implantadas desde la toma del poder en 1999. Es un caso de caudillismo latinoamericano llevado al extremo, con aspiraciones de perpetuarse más allá de la vida.




