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Polonia, a contracorriente


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06/12/2012


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Mientras la recesión y la crisis afectan y contagian a los países europeos, haciendo que los gobiernos busquen en forma presurosa medidas de contención y formas de oxigenar sus economías, Polonia navega a contracorriente en aguas turbulentas. Es el único país de la Unión Europea que no cayó en recesión en 2009, y ha logrado un crecimiento significativo del 15% de su Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos cuatro años. Y aunque hay síntomas de desaceleración, el año pasado tuvo un repunte de 4.3%. No será la economía más poderosa del viejo continente, pero debido a un mercado interno sólido y a un buen sistema de atracción de inversiones extranjeras está consiguiendo eludir los efectos nocivos de la crisis en la región.


Con un mercado de aproximadamente 38 millones de habitantes, este país mantiene una buena confianza por parte de sus consumidores, lo que hace que el incentivo para invertir y gastar en el mercado interno sea envidiado por otras naciones. Los polacos tienen mucho optimismo sobre el futuro de su economía, en tanto los pronósticos para este año indican que habrá un crecimiento de alrededor del 2.7%. Esto nos habla de un mercado interno fuerte y de una población que apuesta por mantener un dinamismo propio. Y este optimismo deriva en buena medida del hecho de que las inversiones extranjeras siguen llegando y que hay condiciones muy favorables para las exportaciones de los productos agrícolas.

La economía polaca se ha diversificado mucho tras los procesos de reformas que emprendieron cuando se pasó del comunismo a una economía de mercado. Hoy en día cuenta con sectores industriales poderosos como el automotriz, servicios financieros, informáticos y de asesoría en mercadotecnia, así como una gran capacidad de producción de electrodomésticos que los ubica como el principal proveedor europeo de refrigeradores y lavarropas. Y aunque son exportadores de productos agrícolas, en este campo todavía soportan muchas flaquezas, con una producción insuficiente para atender las necesidades del mercado y con reformas pendientes para elevar la productividad.

Facilitar las inversiones extranjeras, generar confianza en los inversionistas, diversificar los sectores productivos, industrias y de servicios, incentivar el mercado interno y, por sobre todo, la confianza de los consumidores son parte de la receta de este país que hoy llama la atención porque ha eludido la recesión europea y está logrando, paulatinamente, un aumento de los ingresos de la gente y una mejoría de la calidad de vida.

Si contemplamos estos factores a la luz de lo que ocurre en países pequeños como Paraguay, seguramente notaremos algunas carencias que nos hacen poco atractivos para las inversiones extranjeras: inestabilidad, inseguridad jurídica, poca confianza de los consumidores y muchas trabas en la región para acceder a los grandes mercados. El modelo agroexportador del Paraguay, basado en monocultivos y en la explotación desigual de la tierra –con grandes latifundios improductivos y una concentración de la tierra en pocas manos- no es suficiente para lograr una economía competitiva, que genere oportunidades de desarrollo y que permita hacerle frente a las influencias externas.

El Paraguay necesita devolverle la confianza y el optimismo a la gente: hay que trabajar en una reforma que ponga al ciudadano en el centro de la atención económica. Hay que invertir en los cimientos de la competitividad, ampliar el alcance y mejorar los niveles educativos, al tiempo de facilitar las inversiones para apuntalar los sectores industriales y de servicios. Los paraguayos ya conocen el aislamiento, las trabas externas y los efectos nocivos de ser un país pequeño y mediterráneo. Por eso hay que apostarle a fortalecer nuestra propia capacidad de hacer, de emprender e innovar, para tener un mercado interno sólido que no sólo pueda resistir a las recesiones, sino que sea la plataforma hacia un estadio de menor desigualdad y mayores oportunidades.



Etiquetas:   Economía   ·   Crecimiento Económico

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