El legado cultural que recibimos de nuestros mayores, sus razones acerca de los problemas cotidianos, sus opiniones, sus consejos, sus sugerencias, dada la tremenda magnitud de los cambios que vivimos desde el fin de la II Guerra Mundial, y más aún desde la década de los sesenta, nos resultan inadecuados o en todo caso insuficientes para afrontar los problemas del día a día de nuestras vidas. Las opiniones que nos ofrecen, y a veces tratan de imponernos, suelen estar ancladas en un pasado que si no es muy remoto en el tiempo, sí es en cambio muy distinto a nuestro presente cotidiano. No obstante, sus razonamientos se sustentan en una gran experiencia, lo que los hace interesantes y dignos de ser escuchados a la hora de encontrar argumentos y posibilidades que no se nos hayan ocurrido antes a nosotros y no viene mal tenerlos siempre en cuenta.




