Cinco de la tarde. Pero el tiempo, que pasa rápido en los días, se detiene eternamente en los minutos y segundos del día, diluyéndose entre los deseos de hacer algo útil y la desesperación de que no hay nada que hacer. Así más o menos se siente un desempleado joven y preparado, que observa cómo sus esfuerzos se quedan paralizados, precisamente en lo que deberían ser los años más productivos de su vida. Si por el contrario, pasamos las horas comprobando en internet las últimas ofertas que podrían encajar con su formación, la desesperación se eleva a la quinta potencia, ante la retahíla de puesto para los que se siente preparado, pero para el que exigen irremediablemente experiencia previa, conditio sine qua non para poder realizar cualquier trabajo, por básico que este pueda ser. Ante esta situación, cualquiera - con carrera universitaria, master/s e idiomas incluidos- se pregunta qué pudo hacer mal o que falla en el sistema. No es posible que las empresas pretendan tener gente joven, con elevada preparación y además, 5 años de experiencia en el sector. ¿en qué país vivimos? ¿en qué nos quieren convertir? sin experiencia previa...no somos nadie. Pero... ¿quién nos ofrece la posibilidad de aprender y de equivocarnos una y otra vez? ¿quién arriesga su empresa en el afán de preparar el capital más valioso de una empresa, es decir, su capital humano? Entiendo el otro lado: es cómodo contratar a alguien que sea un crack en lo suyo y además otro/s hayan aguantado sus errores hasta convertirlo en un empleado óptimo para producir y ser exprimido - a parte el tema del salario, que hoy no toca.



