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Este pesimismo generalizado de la población española no es tan inocente
como aparenta ser. Durante los sucesivos años de crisis económica los
medios de comunicación han martilleado a la opinión pública con la
estrategia del miedo y del pesimismo, haciendo ver a la población en su
conjunto una visión de la realidad negra, sin más salida que el
sacrificio colectivo para salvar un sistema que hace cerca de 80 años,
demostró ser inviable con el crack del 29 y sus sucesivas (y cíclicas)
crisis.
El letargo de una población que ha disfrutado de varias décadas de
crecimiento económico, que a su vez se reflejaba en su nivel de vida, es
incapaz de buscar una alternativa más allá del sistema capitalista y
sus parches, especialmente desde la caída del bloque del este, y se
empeña en mantener viva la esperanza de reconstruir el capitalismo, aún a
costa de los brutales costes sociales que esto pueda tener, como las
enormes tasas de paro, las familias deshauciadas de sus casas e incluso
en el peor casos, un aumento enorme de los suicidios (al menos, en la
crisis del 29, los que se suicidaban eran los especuladores, no los
trabajadores).
Esta situación ha generado un estado de constante miedo en la población,
que a lo largo de la historia se ha usado como un arma de dominación
política y social que crea falsos escenarios de inseguridad social. Con
esto no se pretende en ningún momento insinuar que la situación actual
por la que está pasando gran parte de la población no sea difícil, nada
más lejos de la realidad, sino que esta situación tan complicada,
conviene a la supervivencia del orden establecido gracias a la
estrategia del miedo.
Es la población en su mayoría quien está manteniendo este sistema agotado, debido al deseo imperante especialmente en la clase media
de la sociedad, por volver a su nivel de vida. Desgraciadamente, esta
situación es el caldo de cultivo perfecto para el racismo y la reacción,
que ven en la clase media desposeída y recelosa, su base social, que no
necesita más que un discurso populista para agarrarse al último clavo
ardiendo.
Todo esto, añadido a la descomposición absoluta del movimiento obrero
organizado, da como resultado un panorama ciertamente preocupante, pero
si por algo se caracterizan las crisis, es por ser una etapa de cambios y
revoluciones. Por todo esto, el título del artículo es una adaptación
al tema que tratamos de la famosa cita de A.Gramsci, en la que nos
incita a sobreponer "al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad".
Se hace imposible concluir este artículo sin remitirnos a otra cita,
esta vez del maestro E.Galeano, en la que nos recuerda que: "La realidad es real porque nos invita a cambiarla, no porque nos obliga a aceptarla".
Autor: Abraham Mendieta Rodríguezhttp://refugiosociologico.blogspot.com.es/2012/12/ante-el-pesimismo-promovido-por-los.html