. En la toma de posesión del nuevo Presidente
Constitucional de México, de los mexicanos todos, hubo disturbios que se
achacan a la izquierda y alguien ha señalado que los encapuchados son gente del
propio gobierno, que fueron en busca de crear confusión.
Lo cierto, lo único cierto es que el
México que debemos buscar, el que estamos obligados a procurar por amor al
país, por legarles una tierra fuerte y generosa a nuestros hijos, es el México
que debe ser, no el que es. No es justo que un grupúsculo de encapuchados,
azuzando a mucha gente con buenas intenciones pero con mucha falta de criterio,
se dediquen a asaltar y robar, a cometer tropelías en la ciudad según en
defensa de las libertades.
De ahí que insista: el México que debemos
buscar es aquél en que podamos salir a la calle a hacer la vida diaria sin el
temor de perder la vida o por asaltantes o por policías, que muchas veces casi
parecen lo mismo, a pesar de que yo sé, en lo personal, del esfuerzo de muchos
policías por hacer bien la vida.
Se debe seguir buscando el México que,
generoso, sea capaz y suficiente para cuidar y proteger a todos sus pobladores,
mediante un sistema de seguridad social universal que a todos cubra y que solo
requiera, para su implementación, la voluntad política, pues ya está diseñado y
listo para ser aplicado.
Por supuesto, el México que buscamos
será aquél en que el campesino, el obrero y el comerciante tengan la seguridad
que sus afanes serán suficientes para poder salir adelante, que su trabajo valdrá
tanto como sus esfuerzos y a la larga, habrá de redituar en una pensión digna.
Que cada uno pueda viajar dentro del
país, por diversión, por negocios o trabajo, sintiéndose seguro, como sucedía
antes, en que el mayor temor era una ponchadura de llanta y no, ser secuestrado
por la delincuencia, organizada o no, pero delincuencia.
Que las imágenes que aparecieron ayer en
los diarios y en la red, donde están los inconformes armando bombas molotov
para atacar a los representantes de la ley y también, donde éstos agreden a los
manifestantes, sean tan solo un mal recuerdo de un mal momento. Las quejas, las
protestas y los reproches han de darse en un marco de civilidad para que sean
entendidas, valoradas y atendidas.
Que exista el orgullo que nuestros padres
y abuelos tuvieron por México, de manera que siempre haya quien esté dispuesto
al sacrificio por su país, ciertos de que la tierra que les vio nacer, sabrá
compensar el esfuerzo. Nunca más debe quedar impune un crimen ni nunca más un
afán sin recompensa.
Ese es el México que debemos buscar, el
que está en nuestros mejores sueños, el que hemos dibujado en lontananza y
aquél a donde nuestros horizontes nos quieren llevar. Ese México y no el que
estamos padeciendo. Que éste, de dolor, sufrimiento, avaricia y traición, quede
sepultado para siempre, como la sangre de cada uno de los muertos en la guerra
contra el crimen.
Sobre todo, que el futuro permita la
unión entre hermanos, la unidad de los mexicanos y el deseo por engrandecer la
patria.
Me gustaría conocer su opinión. Vale la
pena.