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Sulupali en el gran valle de Yunguilla


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01/12/2012

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Desde un sitio elevado del oriente del valle contemplamos la enorme oquedad topográfica de Yunguilla. Son aproximadamente 50 km de extensión que comienzan en los calientes de Girón, es decir Rumipamba, Ayapamba y Pichanillas al norte, y Huascachaca (puente de soga) y Minas al sur; el pie del cerro Quingo al este y las estribaciones de la cordillera hacia abajo del cerro San Pablo, Pacay, La Asunción y Santa Isabel, hacia el oeste. Es un panorama muy amplio para observar sin descanso porque en día despejado todo se ve, como en vivo, cual enorme carta topográfica que enseña los pliegues del terreno, la múltiple actividad humana y el legado de la naturaleza y su historia a lo largo de los siglos.


Yunguilla fue un lugar malsano

Partimos de observar las rutas para motorizados y las que pudieron haber sido cien años atrás o más los puntos estratégicos para registrar el movimiento de grupos humanos, como seguramente sucedió desde la cima del cerro Shalo junto a Pucará, inclusive para la guerra y el control comercial de los pueblos. El valle de Yunguilla es hoy como un gran laboratorio de cubierta vegetal diferente a la de hace siglos. Cuentan que eran lugares inhóspitos, malsanos y peligrosos, infestados de mosquitos causantes de la terrible malaria, pantanos y animales peligrosos, ante los cuales los primeros habitantes tuvieron que luchar con poco éxito. Fue una trampa mortal para las tropas de La Mar que a fines de 1828 y comienzos de 1829 arribaron desde el Perú tras su sueño acariciado de llegar a Cuenca y conquistarla, pero hallando una terrible tumba el 27 de febrero de 1829 en el Portete con el costo muy alto de un millar y medio de víctimas, por acción del estratega cumanés Mariscal Antonio José de Sucre, a poca distancia de Girón. Los autores peruanos basados en partes de guerra señalan incluso que lo peor de todo fue el retorno al cabo de la derrota, causando cantidades de muertos como consecuencia de atravesar desde Girón sectores como Pichanillas, Léntag y Sulupali hacia La Papaya y Saraguro, para volverse por Loja y Macará hacia Piura. Este hecho inusitado concluiría con la caída del poder del caudillo cuencano y su destierro por decisión de Gamarra, compañero de la acción de armas en las estribaciones del Portete.

Historia de una gran producción

Si bien Girón fue el núcleo organizador luego de la conquista ibérica, como punto estratégico al sur de Cuenca fundada en 1557, Yunguilla significó una gran reserva productiva que poco a poco se transformó en grandes haciendas con cultivos cuya explotación iría a mercados internacionales, tal como señalan ciertos autores, hasta dejar tremendas cicatrices. El Tablón de Oña, La Papaya, Yunguilla, Tutupali, Masaca, Gonzabal y Cera, figuraban entre los lugares más ricos. “Los campos de Saraguro, Oña y el río León se encontraban cubiertos por cedros, romerillos, canelos, laureles, nogales, caoba y más árboles frondosos que daban madera, necesaria en las carpinterías establecidas para hacer los cajones para la cascarilla, oro, canela y más productos que salían de este sector. Los bosques y los animales eran comunes en estos campos hasta el comienzo de Yunguilla y La Papaya, que fueron lugares donde la frondosa selva tenía árboles de mejor madera, incorruptible, como el guayacán en varios colores, el bálsamo, el mismo nogal, el negro-duro, chanul, el roble y una variedad muy grande de árboles maderables. Se dice que Don Sebastián Joaquín de Valdivieso y de la Carrera, Alcalde Ordinario de Primer Voto (posesionado en 1804), Oidor y Corregidor, Justicia Mayor de la ciudad de Loja tenía más de 100 esclavos. Cuando no estaba en función de algún cargo público, residía en sus haciendas, especialmente en El Tablón. (Marcia Stacey.  La hacienda El Tablón de Oña. 18 de junio del 2010).

El protomédico cuencano

La malaria hizo presa de los cultivadores. Grupos humanos de raza negra traídos del Chota y Esmeraldas o del Perú trabajaron como esclavos en las plantaciones de Yunguilla. La obra “Sulupali grande”, de Luis Moscoso Vega revela algunos datos sobre la vida en esos lugares a comienzos del siglo XX. Él me contó detalles reales sobre el trabajo de los negros, de lo cual creó su magnífica novela. El Dr. José Alvear, médico notable que tenía su hacienda en Wawalpata fue llamado un día por la familia Talbot de Tobachirí para curar a una señora que había tenido un accidente, la curó y se quedó atendiendo a otras personas, pero se contagió de la malaria y a consecuencia de ello falleció luego en Cuenca.

Yunguilla hoy es un paraíso

Recorriendo hace unos días los senderos de Yunguilla, Sulupali Chico, San Salvador de Cuba, Sulupali Grande y Jubones, primero con los amigos Guido Orellana y Pepe Tacuri, luego con Manuel Cáceres, uno revive esas historias y se imagina una serie de dramas. Ahora los caminos están llenos de árboles de mangos amarillos y rojos, zapotes, naranjas, limones, membrillos, guapas, toronjas, achiote, café, cacao, mandarinas, caña dulce, y más allá, extensos sembríos de cebolla y fréjol. El río Rircay es el rey. Sus aguas provienen de las faldas del Portete que se alimenta poco a poco en su paso por Girón y luego a la altura de Ayapamba recibe un nuevo caudal y continúa su marcha ya dominando el paisaje, bravo en invierno, casi seco en verano. Desde la ranura de Rircay hacia adelante un puente lleva a Pichanillas y más abajo entrando por Don León hay un paso maltrecho que es hasta un peligro. La vía es angosta y no tiene mantenimiento, se pasa a la margen izquierda del río y se va de largo por cerca del pie del Quingo. Vemos buganvillas, flores y colores de la naturaleza; las aves alegran el panorama, un gavilán se lleva un polluelo y su madre grita; una chica de 16 años cuida el niño tierno de su hermana de 15, nada de matrimonio…y nada de oportunidades de educación. El riachuelo Mandur aporta con sus aguas desde las alturas de El Progreso; más abajo el Naranjos también, terrible en invierno, que se lleva casas, y así se llega a un puente que alguna vez fue tal y hoy se encuentra quebrado; un poco más allá está otro puente, angosto, pequeño y de dos tramos cortos que ofrece servicio por ahora; con un buen invierno, seguramente toda esa gran zona de más de seis mil habitantes quedará aislada. Por fin está el puente Huascachaca que sirve desde hace algunas décadas, todavía milagrosamente y permite el paso a Uchucay, Sumaypamba y las poblaciones de más arriba, ya en jurisdicción lojana. De pronto, bajando el Rircay recibe el tributo de buen caudal del río León y entonces se comienza a llamar Jubones, que entra por el cañón de Pacchamama y se dirige a tierras costeñas de EL Oro y concluye su viaje en los comienzos del golfo de Guayaquil muy cerca de Puerto Bolívar. Para entrar al valle existen varías rutas: Como queda dicho por Lentag, por Patapata, por Santa Isabel, sector del Ramal, por San Antonio de Lacay  y más abajo por el control policial. He ahí una referencia a vuelo de pájaro sobre un lugar privilegiado, quizá el más atractivo del Azuay y del sur del país.

 

César Pinos Espinoza

cesarpinose@hotmail.com

www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com

 



Etiquetas:   Viajes   ·   Turismo

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