.wordpress.com/2012/11/15/destinatarios-de-la-ley-de-vagos-y-maleantes/">hay que actuar con contundencia contra lo que llaman piquetes informativos
que, como todos sabemos, son cualquier cosa menos eso. Tales grupos
descontrolados siempre se muestran como coactivos y, frente a la coacción, la
ciudadanía tiene que reaccionar y emplear la mano dura porque, como decía un ex
liberado, no entienden otro idioma, ni lo admiten siquiera.
A la ciudadanía se le presenta una ocasión ideal
para salir el próximo 14 de noviembre a la caza del piquete coactivo,
vandálico, represivo y borreguil. ¡Hay que decir que ya está bien y que
demuestren su capacidad de convocatoria, si es que la tienen, pero sin
violencia! Frente al vandalismo de los piquetes y el consentimiento sindical
para ello, alguien tiene que recordarles lo que dice el refranero: “En este
mundo nada dura… ¡Quien hoy tirita, mañana suda!”
Frente a la irresponsabilidad del
sindicalismo de clase, solo cabe el ejemplo de responsabilidad que día a
día dan los sindicatos sectoriales. ¡Los sindicatos sectoriales demuestran
que no se formaron para adoptar actitudes aborregadas como las que son propias
del ‘sindicalismo vertical unificado’, que representan UGT&CC.OO, cuando un
partido de izquierdas toca poder! Y ante la insensatez de los piquetes
coactivos no hay otro camino que la disuasión y, solo en último lugar, la mano
dura. El daño social que han hecho en este país los sindicatos de clase es
incalculable y más propio de la insensatez y de la irresponsabilidad que del
afán constructivo y solidario.
Hoy se ha demostrado que los líderes de los
sindicatos de clase cobran suculentas cantidades de dinero de las empresas
públicas y privadas, a lo que hay que añadir los representantes sindicales en
los consejos de administración; algo así como los ladrones modernos que huyen
del trabajo y desprecian al trabajador. Bien es verdad que por eso lo ocultan y
no les interesa que se sepa. ¡Es el momento de difundirlo para que la población
compruebe que está rodeada de ‘atracadores’ y de gente sin vergüenza.
A todo lo indicado hay que añadir que los
sindicatos de clase que han convocado esta huelga son, precisamente, quienes
han traído esta crisis con su silencio, su obediencia ciega al caos socialista,
su retorcimiento y su aprovechamiento en beneficio propio. ¿Por qué no permiten
UGT&CC.OO. que audite sus cuentas el Tribunal correspondiente? Colosal
pregunta para un sindicalismo obsoleto, tercermundista y fuera de lugar; no
estaría de más que copiaran la responsabilidad sindical de Alemania o Gran
Bretaña. Sin duda, al ‘sindicalismo vertical unificado’ le iría mucho mejor que
ahora.
Mientras los sindicatos se embolsan decenas de
millones de euros y abandonan a los parados y a los trabajadores de empresa,
organizaciones como Cáritas se hacen cargo de miles de ciudadanos que han
perdido casi todo. Precisamente esos a quienes han colaborado a arruinar los
sindicatos de clase, de sucio cuello blanco y colmillo retorcido.
¿Cuántos comedores sociales han puesto en marcha los
sindicatos a disposición de la población necesitada? ¿Cuántas asistencias han
aportado a quienes no pueden pagar la hipoteca o no pueden comer? ¿Cómo ayudan
los sindicatos de clase a los trabajadores en paro? ¿A dónde van a parar tantos
millones de euros como recibe el ‘sindicalismo vertical’ adocenado y causante
de la crisis? ¿Por qué el Gobierno no vende las sedes sindicales de una vez y
se olvida el falso patrimonio sindical acumulado? ¿A santo de qué ha cobrado
CC.OO. por el patrimonio acumulado, siendo una organización de apenas cincuenta
y cinco años desde su creación! ¿Acaso CC.OO. existía durante los años de la
guerra civil? ¡Ya está bien de paparruchadas sindicales! Lo que hace falta es
que alguien dé respuestas, abra la Constitución y actualice o reduzca la
representación sindical en la que no creemos los trabajadores.
No puede ser que el ciudadano pague los platos
rotos de la crisis, mientras los sindicatos de clase convocan huelgas
políticas, se mofan de la población y reclaman cuanto ellos admitieron durante
el “septenio negro” de Rodríguez Zapatero. Seguramente ahora entenderemos por
qué los madrileños apoyan en más de un 88%, según las encuestas, la
desaparición de los sindicatos, la reforma de las leyes estatales y de las
comunidades autónomas y la desaparición de los liberados sindicales.
Jesús Salamanca Alonso