. Y muy honrado me sentí cuando supe que yo había sido escogido por Ernesto, para liderar desde las páginas de este periódico dicha noble y difícil empresa de abordar un tema tan sensible como la salud de los colombianos.
No me llamaba por mi nombre completo, quizá para evitar equivocarse por si al final mi nombre al pronunciarse llevaba acento en su última sílaba o no, y por eso desde siempre me llamó “Ula” y cuando esas tres letras se unían y las escuchaba, así fuera desde un “número desconocido” de celular, sabía que era Ernesto quien quería comentarme algo sobre el sistema de salud.Como pocos, fue una de las personas que más estuvo pendiente del proceso que llevó a la última reforma del sector salud en Colombia. Revisando mis archivos, encontré varios mails que Ernesto me envió y que evidencian que aun antes que esa norma iniciara su discusión como proyecto de ley en el Congreso de la República, ya él le estaba siguiendo la pista al asunto. Queriendo editorializar sobre el tema, el 19 de abril de 2010 me pidió le orientara sobre “(…) el contenido del proyecto de ley sobre salud que presentará el gobierno al Congreso (…)”. Después, en plenos debates en el Congreso, el 24 de septiembre de 2010 me solicitó le explicara algunos apartes del citado proyecto de ley, preguntándome si “(…) lo que está en discusión, ¿si colma las expectativas que tienen los colombianos en salud? (…)”.En plena noche de velitas, el 7 de diciembre de 2010, al referirse a un artículo que definía el tope del 10% al gasto administrativo de las EPS del contributivo del total de la plata que recibían del sistema y que generó mucha discusión en el Congreso, me escribió le explicara “(…) por qué tanta polémica por ese artículo de la reforma (…)”, pues para él, la plata de la salud debía ser sólo para la salud “y para más nada”.Preocupado por que los lectores conociesen sus derechos en salud, instruyó a los periodistas para que se escribieran artículos didácticos y se conociera la Ley 1438 . Otro tema de salud que le preocupó a Ernesto fue la corrupción en este sector, y por eso editorializó en mayo del pasado año sobre el tema del régimen subsidiado, explicando de manera muy pedagógica el tema de las dobles afiliaciones y qué implicaciones negativas traía esa irregularidad para la vida de los pacientes.Siempre le inquietaron temas como el mal llamado “paseo de la muerte”, la “guerra de ambulancias” por los pacientes víctimas de accidentes de tránsito, las muertes evitables por trabas administrativas a pacientes pediátricos con cáncer, que la operación de la red pública hospitalaria de Barranquilla no la hicieran barranquilleros ni atlanticenses, en fin, temas sectoriales de diversa índole pero siempre muy sensibles. Pero desafortunadamente hoy Ernesto no está más físicamente para seguir hablando de salud pues el cáncer acabó con el cronista, pero no acabará nunca con el mensaje del amigo y el extenso legado que dejó el cronista…su presencia se hace más fuerte en la medida que su ausencia más se siente.Por Ulahy Beltrán Lópezubeltran@hotmail.comtwitter: @ulahybelpez