. No ha contentado a nadie y mucho menos escuchado a las partes. Se ha
liado a lanzar parches como quien lanza bolas en la feria. Decía Fray Luis de
León que para hacer mal, cualquiera es poderoso.
No es una reforma educativa lo que ha
presentado el Ministerio de Educación sino un ‘fusilamiento’ del articulado de
la actual LOE y, a veces, un cercenamiento de ideas, conceptos y vocablos.
Sinceramente, no me resulta nuevo. ¿Alguien comparó en su momento la LOCE
respecto a la LOGSE? Aún están a tiempo de hacerlo quienes consideren que no van a sentirse
avergonzados.
Las comunidades autónomas han montado en
cólera y han surgido importantes roces ante la fijación de los contenidos. El
hecho de subir el porcentaje lo han considerado algunas como una injerencia en
sus cometidos y responsabilidades. Hay casos, como el de CIU, que sienten una
puya sobre el lomo por el hecho de haber aumentado un 10% la presencia de
contenidos comunes. También es verdad que otras comunidades, como todas las
afines al PP y que no tienen lengua propia, han agachado la cerviz y se limitan
a aceptar lo que eche el gobierno central.
Algunos han prometido ir más lejos. Están
dispuestos a llegar al Constitucional si este intento de reforma sale adelante,
que no saldrá. Lo cierto es que la cuestión no son los propios contenidos sino
la potestad para ver quién está legitimado para fijarlos y definirlos. Doy fe
que, tras leer numerosos libros de editoriales diversas de Cataluña y el País
Vasco, es para echarse a llorar y para tomarse a mofa la educación que se
pretende. Y no solo para llorar sino para correr a gorrazos a los representantes
de la Alta Inspección en esas comunidades. Por cierto, o sobra la Alta
Inspección en las comunidades autónomas o sobran los Consejos Escolares de cada
comunidad. ¡Ya está bien de duplicidades inútiles e inservibles! ¡Ya está bien
de hacer daño a la ciudadanía!
La LOGSE, la LOCE y la LOE han regulado
perfectamente la participación de la comunidad educativa, pero no ha llegado a
calar con toda su intensidad. Aún existen muchos Consejos Escolares de centros
donde los diversos sectores apenas participan. Compruebo en el día a día que
sigue siendo una asignatura suspensa tanto la participación del profesorado, como
la de los padres, el alumnado, los ayuntamientos y el personal de
Administración y servicios. La teoría bien pero la práctica merece un suspenso
rotundo. Refiriéndose a este aspecto de la participación, decía el otro día un
semanario de educación que “el marco legislativo español es el amplio cauce de
un río con muy poco caudal, cuando no seco”
Nadie duda de la importancia de los equipos
directivos de los centros y de la participación de todos sectores de la
comunidad. Son un signo de calidad y un ejemplo de democracia participativa,
sobre todo de cara a la formación futura del alumnado; un futuro donde tendrán
que escuchar, aportar, debatir y consensuar. Si la LOMCE cercena la participación,
estaremos dando un paso hacia atrás y en falso. Si el MEC pretende que el
profesorado y los equipos directivos estén al servicio de los políticos y
gobiernos de turno, se merece una peineta intensa y por todo lo alto. Ya dice
el refranero que “por bueno que sea un caballo necesita espuelas”.
Jesús Salamanca Alonso