Un "cuentito" para comprender lo que nos pasa en la Eurozona

 

. Cada casa utilizaba sus servicios (agua, electricidad, jardinería, telecomunicaciones, gas, etc.) individualmente y era abastecida por los mismos proveedores, aunque cada uno tenía la facultad de pactar un precio diferente.

 

Pero un día, uno de los propietarios reunió al resto y les convenció para colocar un hermoso cercado perimetral hecho de setos y palmeras, con una puerta de entrada y salida común (única). Aunque todos los chalés se unificaron con un nombre diferente (“Urbanización 17”), diferenciándose de otras áreas de la ciudad, dejaron para una siguiente etapa la aplicación de una nueva norma que decía que cada bien era una parte indivisa del conjunto habitacional.

 

Una vez concretada esta primera fase, el conjunto de propietarios inició una ronda de conversaciones con los proveedores de servicios y de insumos, referida a la aplicación de precios unificados, lo que les permitió a algunos propietarios de chalés beneficiarse por los descuentos que implicaba la nueva forma de convenir los abastecimientos.

 

¿Pero qué es lo que ocurrió? Resultó que varios propietarios empezaron a consumir en exceso a partir del nuevo crédito que tenían con sus proveedores, que tomaron debida nota del potencial de este “nuevo” cliente, resultante de la integración de todos los vecinos.

 

La capacidad de compra de cada vecino empezó a no ser la misma, pero los proveedores y suministradores no quisieron hacer distinciones entre los vecinos, en la suposición que ese tema habría sido abordado y resuelto por la mayoría (la comunidad de vecinos-propietarios); confiaron a su vez en que, si eventualmente algún miembro cayera en desgracia, sería sostenido por el resto (la comunidad), para mantener el “statu quo” de suministros centralizados a bajos precios.

 

Hay que tener presente que no era negocio para los propietarios que fueran responsables y buenos gestores, que algún chalé de la urbanización luciera abandonado en un conjunto de propiedades de buen nivel y con ello se eclipsara de algún modo la fuerza del conjunto a la hora de negociar precios de servicios e insumos.

 

Y lo más importante: que no decayera el precio de las viviendas buenas, a causa del abandono de las que se iban deteriorando, por culpa de vecinos descuidados y derrochadores, quienes habrían tomado el bienestar del conjunto como un éxito propio, lanzándose a una carrera consumista en  superfluas mejoras que no adicionaban valor a sus bienes.

 

En las reuniones de vecinos ya no se quería hablar de constituirse en una sola propiedad, en que las mejoras individuales se transformasen en unidades funcionales en beneficio del conjunto. Sólo se hablaba de defender el modelo y la idea primitiva, pero sin pasar a la etapa siguiente, porque muchos descreerían de su intención o de su capacidad de seguir asociados.

 

Los proveedores, advertidos de que algo estaba ocurriendo, comenzaron a distinguir claramente las mercancías que iban hacia un chalé u otro, cuando el pago se difería, cobrándoles un plus adicional que suponía una prima de riesgo en caso de impagos.

 

Algunos propusieron quitar el hermoso cercado que les rodeaba y volver a montar otro, dejando fuera del perímetro a las viviendas de los propietarios imprudentes y que estaban fuertemente endeudados. Aunque esto supondría una tarea casi imposible, porque la envolvente del nuevo cercado hubiera sido una figura rarísima, que serpentearía unas casas mientras envolvería a otras, empobreciendo al conjunto.

 

Volver al estado original tendría un coste elevado, por lo que los dueños de viviendas sin problemas de morosidad empezaron a plantear ayudar, pero a cambio de un porcentaje sobre los derechos de los bienes auxiliados; en ese momento ningún propietario quería llegar a esa situación, pero el tiempo corría en su contra y algunos acreedores se estaban impacientando y pidiendo la enajenación de las viviendas de los morosos, con lo cual el barrio podría cambiar su configuración en caso que los compradores en la subasta fueran personajes “ajenos a la zona”, con diferente cultura e incluso, en algunos casos,

indeseables.

 

¿Se encuentra la Eurozona en una encrucijada similar? Es Grecia un indeseable…o lo son España y también Portugal a “los ojos” de lo que podríamos llamar perfectamente “Euronorte”.

 

Igual que los proveedores de la urbanización del cuento, hay acreedores, mercados y gobiernos extra zona que se están poniendo nerviosos como consecuencia del inmovilismo europeo. Inmovilismo que se ha puesto de manifiesto recientemente en la segunda reunión del Eurogrupo de esta semana para desbloquear el tema Grecia y que requieren de un nuevo encuentro el próximo lunes, porque ha fracasado al no ponerse de acuerdo en qué hacer con la crisis helena.

 

A diferencia de los propietarios en buena situación de nuestro ejemplo, no habría estados de la Eurozona que se les ocurriese delimitar un perímetro de países con problemas. Porque como en nuestra metáfora, lo que sí es cierto es que la urbanización (la Eurozona) ya no sería la misma, además de poner en serio riesgo de supervivencia a los chalés (estados) que aún creen que podrán convivir por su cuenta y riesgo sin contar con esos vecinos (socios) que están atravesando problemas graves.

 

Ni la urbanización ni la Eurozona volverían a ser las mismas si medidas así de extremas se tomasen.

 

Miquel Mascort

Ramón Fraile Duque

Eduardo Rebollada Casado

Rubén E. Bianco

José Luis Zunni

 

UNETE



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