Canción de la patria

Raro es cuando la inspiración llega a más no poder, especialmente cuando no es como la queríamos. Así ando en este momento, tras leer un poco de "From Dawn to decadence" de Jacques Barzun, escuchar una canción patriótica y pensar sobre mi país.La idea junto con su situación es más o menos así: estaba plácidamente acostado en la poltrona en "playa terraza", descamisado sintiendo la brisa y la tranquilidad que la semana laboral me arrebató. Leía sobre la reforma protestante no tanto por el lado de la crítica sino del análisis histórico de sus consecuencias, aunque huelga decir que muchas cosas ya las sabía o me sonaban muy familiares... pero bueno, ya me distraje mucho. El caso es que andaba en esas lides recordando el nacionalismo germano de la época que tanto ayudó a la propagación del protestantismo y así me vino a la mente México: ¿qué episodios de un verdadero nacionalismo tenemos? Me quedé con la pregunta en la cabeza y del libro pasé al iPod, donde dejé correr "Jerusalem" (William Blake, música Sir Hubert Parry), una de las muchas canciones patrióticas de los británicos y que se tocó durante la boda real. La canción es sencillamente hermosa, hasta le pone a uno la piel chinita y al escucharla, más me puse a pensar en el patriotismo "amable" y donde se encontraba en el México actual... y sinceramente no lo encontré. A pesar de ser un monárquico, no idealizó; no creo que el Reino Unido sea el mejor país del mundo y conozco algo de su historia, lo bueno y lo malo. Sin embargo veo con mucha simpatía su sentimiento patriótico, el respeto a su longeva tradición, la crítica a la actualidad sin despreciar su glorioso e imperial pasado, del cual vienen casi todos sus himnos y canciones patrióticas. Más allá de que el "God Save the Queen" es el himno oficial, hay muchas melodías del pasado imperial que son cantadas con gran orgullo por los británicos, todas ellas ya con resabios algo pasados de moda en la letra, pero con el sentimiento tan a flor de piel como en sus primeros tiempos.Esos himnos británicos me hicieron pensar mucho buscando no canciones marciales en México, pero sí tratando de encontrar ese sentimiento y pues la verdad es que nada más no lo encontré. Nuestro himno, por ir directo al grano, carece del candor mexicano del que tanto nos es reconocido a nivel mundial. El Himno Nacional Mexicano surgió no de inspiración general, ni la espontánea y mucho menos como un canto a la patria, sino producto de la convocatoria del dictador Antonio López de Santa Anna en 1853 -la música llegó un año después en 1854-... y ya. La "canción nacional" mexicana no cuenta con una base verdadera que sustente su existencia. Más allá del hecho que su autor Francisco González fue obligado a participar en el concurso, más allá de que en todas sus estrofas no hay mención alguna a los personajes de la Independencia y de que algunos de ellos estaban expresamente dedicados a Santa Anna... el himno tendrá y tiene un dejo de hermosura en su composición pero, al menos yo, no me identifico con su idea belicista y de guerra, y no porque sea un hippie pacifista -líbrame san Sócrates-, sino porque, bueno, pues... México no tiene un pasado de guerra exitoso, el país enfrentó la guerra interna que fue la ocasionó todas las intervenciones y nuestro único conflicto internacional de relevancia, la invasión de los Estados Unidos en 1854, la perdimos dejando la moral más tirada al suelo que las banderas que nos robaron los gringos. Espejismo de nación ¿Dónde está el motivo de "mexicanos al grito de guerra..."? Si de algo adolece nuestra nación es que jamás de los jamases ha logrado que la unidad nacional se sobreponga al interés del partido, al político o al del dictador -a quien le debemos el himno, por cierto. Cuando la guerra contra los gringos, los mexicanos no los enfrentamos como país, preferíamos venderles comida a los invasores que a las tropas nacionales -en parte porque aquellas sí pagaban con plata y los nuestros con pagares del gobierno-. Nop, no estoy diciendo que seamos una nación de vencidos, pero sí que nuestro himno nacional pinta un país que en su tiempo no existía y que con la pena, ahora mucho menos. Tampoco, tratando de anticiparme a las críticas, tampoco digo que las canciones patrióticas del Reino Unido sean tan vigentes como en su momento, pero vamos, durante casi un siglo el mundo fue inglés; el imperio Británico abarcó casi un cuarto del mundo y los súbditos de la Corona llegaron a un cuarto de la población mundial: esas canciones patrióticas muestran una realidad, del pasado, pero algo que fue real, algo que existió en forma tangible. Claro, también sé muy bien que son melodías con textos de propaganda imperial, ¿y qué? Así fue el siglo de la dominación inglesa. En el caso mexicano nuestra historia no tiene hitos de grandeza exterior, tendrá tal vez momentos donde nuestro proceder fue loable y determinante para sobrevivir como país en las incontables veces en que por poco y nos absorbían los gringos o las potencias europeas, pero nada más. Ni aún pensando en las incontables revoluciones de nuestros primeros cincuenta años de vida independiente se puede encontrar la realidad en las letras del himno nacional: soldados sin el reconocimiento de su valor; aristócratas que de soldados tenían nada más que las medallas entregadas por el vencedor del "plan del mes". Los mexicanos de aquella época se dedicaban más a sobrevivir que a defender "la patria", si es que alguno de ellos entendía que era eso de "nación", "patria" o incluso "México". Tal vez ya en estos tiempos de la comunicación global del siglo XXI la idea de un "himno nacional" pierde terreno como símbolo nacional dando lugar a cosas más pragmáticas, pero a nuestro México nunca tanto como ahora le ha hecho tanta falta un himno, un "ícono" de cualquier clase que no esté secuestrado por el poder, porque ese también es un detalle más sobre nuestra nación: la bandera y el himno no son propiedad del pueblo, sino del gobierno que regula hasta el más último escenario de su reproducción. La libertad para cantar el himno se reduce a nada y queda enmarcado en un elemento más de la parafernalia para uso exclusivo del gobierno. Nuestro país creo que merece y necesita -o necesitó, si es que perdimos la cita con la Historia- de símbolos que realmente la identifiquen como realmente es, no importante la pompa y circunstancia que desde el inicio de nuestra nación, nunca tuvimos a bien admirar y entender. Tal vez así sería algo más hermoso y espontáneo cantar en el Día de la Independencia, ¿qué no?

 

. Así ando en este momento, tras leer un poco de "From Dawn to decadence" de Jacques Barzun, escuchar una canción patriótica y pensar sobre mi país.La idea junto con su situación es más o menos así: estaba plácidamente acostado en la poltrona en "playa terraza", descamisado sintiendo la brisa y la tranquilidad que la semana laboral me arrebató. Leía sobre la reforma protestante no tanto por el lado de la crítica sino del análisis histórico de sus consecuencias, aunque huelga decir que muchas cosas ya las sabía o me sonaban muy familiares... pero bueno, ya me distraje mucho. El caso es que andaba en esas lides recordando el nacionalismo germano de la época que tanto ayudó a la propagación del protestantismo y así me vino a la mente México: ¿qué episodios de un verdadero nacionalismo tenemos? Me quedé con la pregunta en la cabeza y del libro pasé al iPod, donde dejé correr "Jerusalem" (William Blake, música Sir Hubert Parry), una de las muchas canciones patrióticas de los británicos y que se tocó durante la boda real. La canción es sencillamente hermosa, hasta le pone a uno la piel chinita y al escucharla, más me puse a pensar en el patriotismo "amable" y donde se encontraba en el México actual... y sinceramente no lo encontré. A pesar de ser un monárquico, no idealizó; no creo que el Reino Unido sea el mejor país del mundo y conozco algo de su historia, lo bueno y lo malo. Sin embargo veo con mucha simpatía su sentimiento patriótico, el respeto a su longeva tradición, la crítica a la actualidad sin despreciar su glorioso e imperial pasado, del cual vienen casi todos sus himnos y canciones patrióticas. Más allá de que el "God Save the Queen" es el himno oficial, hay muchas melodías del pasado imperial que son cantadas con gran orgullo por los británicos, todas ellas ya con resabios algo pasados de moda en la letra, pero con el sentimiento tan a flor de piel como en sus primeros tiempos.Esos himnos británicos me hicieron pensar mucho buscando no canciones marciales en México, pero sí tratando de encontrar ese sentimiento y pues la verdad es que nada más no lo encontré. Nuestro himno, por ir directo al grano, carece del candor mexicano del que tanto nos es reconocido a nivel mundial. El Himno Nacional Mexicano surgió no de inspiración general, ni la espontánea y mucho menos como un canto a la patria, sino producto de la convocatoria del dictador Antonio López de Santa Anna en 1853 -la música llegó un año después en 1854-... y ya. La "canción nacional" mexicana no cuenta con una base verdadera que sustente su existencia. Más allá del hecho que su autor Francisco González fue obligado a participar en el concurso, más allá de que en todas sus estrofas no hay mención alguna a los personajes de la Independencia y de que algunos de ellos estaban expresamente dedicados a Santa Anna... el himno tendrá y tiene un dejo de hermosura en su composición pero, al menos yo, no me identifico con su idea belicista y de guerra, y no porque sea un hippie pacifista -líbrame san Sócrates-, sino porque, bueno, pues... México no tiene un pasado de guerra exitoso, el país enfrentó la guerra interna que fue la ocasionó todas las intervenciones y nuestro único conflicto internacional de relevancia, la invasión de los Estados Unidos en 1854, la perdimos dejando la moral más tirada al suelo que las banderas que nos robaron los gringos. Espejismo de nación ¿Dónde está el motivo de "mexicanos al grito de guerra..."? Si de algo adolece nuestra nación es que jamás de los jamases ha logrado que la unidad nacional se sobreponga al interés del partido, al político o al del dictador -a quien le debemos el himno, por cierto. Cuando la guerra contra los gringos, los mexicanos no los enfrentamos como país, preferíamos venderles comida a los invasores que a las tropas nacionales -en parte porque aquellas sí pagaban con plata y los nuestros con pagares del gobierno-. Nop, no estoy diciendo que seamos una nación de vencidos, pero sí que nuestro himno nacional pinta un país que en su tiempo no existía y que con la pena, ahora mucho menos. Tampoco, tratando de anticiparme a las críticas, tampoco digo que las canciones patrióticas del Reino Unido sean tan vigentes como en su momento, pero vamos, durante casi un siglo el mundo fue inglés; el imperio Británico abarcó casi un cuarto del mundo y los súbditos de la Corona llegaron a un cuarto de la población mundial: esas canciones patrióticas muestran una realidad, del pasado, pero algo que fue real, algo que existió en forma tangible. Claro, también sé muy bien que son melodías con textos de propaganda imperial, ¿y qué? Así fue el siglo de la dominación inglesa. En el caso mexicano nuestra historia no tiene hitos de grandeza exterior, tendrá tal vez momentos donde nuestro proceder fue loable y determinante para sobrevivir como país en las incontables veces en que por poco y nos absorbían los gringos o las potencias europeas, pero nada más. Ni aún pensando en las incontables revoluciones de nuestros primeros cincuenta años de vida independiente se puede encontrar la realidad en las letras del himno nacional: soldados sin el reconocimiento de su valor; aristócratas que de soldados tenían nada más que las medallas entregadas por el vencedor del "plan del mes". Los mexicanos de aquella época se dedicaban más a sobrevivir que a defender "la patria", si es que alguno de ellos entendía que era eso de "nación", "patria" o incluso "México". Tal vez ya en estos tiempos de la comunicación global del siglo XXI la idea de un "himno nacional" pierde terreno como símbolo nacional dando lugar a cosas más pragmáticas, pero a nuestro México nunca tanto como ahora le ha hecho tanta falta un himno, un "ícono" de cualquier clase que no esté secuestrado por el poder, porque ese también es un detalle más sobre nuestra nación: la bandera y el himno no son propiedad del pueblo, sino del gobierno que regula hasta el más último escenario de su reproducción. La libertad para cantar el himno se reduce a nada y queda enmarcado en un elemento más de la parafernalia para uso exclusivo del gobierno. Nuestro país creo que merece y necesita -o necesitó, si es que perdimos la cita con la Historia- de símbolos que realmente la identifiquen como realmente es, no importante la pompa y circunstancia que desde el inicio de nuestra nación, nunca tuvimos a bien admirar y entender. Tal vez así sería algo más hermoso y espontáneo cantar en el Día de la Independencia, ¿qué no?

Saludos. 

UNETE



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