Preferimos a Quienes Nos Divierten

 

. Nuestro mayor agradecimiento es a quienes nos divierten, con su arte o con su magia o con lo que sea. Quienes nos advierten nos parecen aves de mal agüero que se empeñan en pincharnos el globo, o en sacudirnos cuando queremos seguir soñando e imprevistamente despertamos y pretendemos cerrar nuevamente los ojos, tratando de volver a transitar ese sueño que nos tenía atrapados y nos hacía tan felices. 

En realidad somos injustos con quienes nos advierten. Con esos que nos señalan y enseñan a ver siempre la otra cara de las cosas. Con quienes se empeñan en que tengamos una visión crítica sobre todo lo que se nos quiere hacer creer, vender o imponer. Con aquellos que nos advierten del engaño en el que podemos caer si no tenemos una visión crítica sobre eso que nos ponen delante de las narices. 

En cambio, con quienes nos divierten nos relajamos y esa pausa del pensamiento, que permite la diversión y el esparcimiento, la agradecemos y recordamos por siempre. Momentos que intentamos revivir porque nos hicieron sentir felices. A los que apelamos cuando queremos revivirlos, si quedaron registrados, auxiliándonos con la tecnología que lo permita. 

Pero nos transformamos en racionales cuando ponemos sobre las cosas una mirada inquisidora a través de la cual podemos evaluar lo en verdad nos conviene.

Los que nos quieren vender y pretenden que nos transformemos en fieles clientes de sus productos, buscan distendernos divirtiéndonos. Lo que en cierta forma implica que sigamos sintiendo de la misma manera que lo hacíamos cuando éramos niños. Y sobre los niños, actúan pretendiendo prolongarles la niñez. Engaño del que somos víctimas porque no nos gusta tomar contacto con la realidad en la que estamos inmersos. Buscando reiteradamente volver a la niñez a través de los mecanismos que fueran, lo que nos reconforta grandemente, porque nos devuelven escenarios que añoramos y que quedaron anclados en el tiempo.

En aquellos tiempos de la niñez, los que ponían la mirada inquisidora sobre las cosas y situaciones eran nuestros padres que actuaban como guarda espaldas, como guías y como cuidadores. Hasta que el contacto con la vida, con las enseñanzas y con las situaciones, nos fuera proveyendo de los anticuerpos imprescindibles para poder adquirir una mirada adulta, reflexiva y con el tiempo, madura.

La sociedad que pretende que consumamos todo lo que se nos ofrece, instruye a sus agentes de venta y a quienes diseñan los espacios donde concurrimos a adquirir los bienes y servicios, para que actuemos lo más irreflexivamente posible. Tratando que decidamos nuestras compras con los pocos elementos que nos brindan las primeras impresiones. Es decir con los argumentos que hemos incorporado cuando consumimos las propagandas. Haciéndonos sentir su malestar, cuando queremos poner sobre nuestras decisiones una mirada reflexiva.

Concluyendo en que si bien nos molesta preguntarnos permanentemente, porque adquirimos lo que adquirimos y porque hacemos lo que hacemos, es ese el comportamiento racional que nos vuelve más libres y nos construye como personas. Siendo el comportamiento irreflexivo, el que nos acerca a la niñez y nos torna absolutamente manipulables.

Eugenio García

http://garenioblog.blogspot.com.ar

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