El vehículo 4 x 4 sube y sube por una angosta carretera que no parece tener fin. Al término se divisa un pequeño caserío enclavado en la cima de una colina entre campos verdes y húmedos, fue parte de una antigua y gran hacienda que comprendía los puntos de Huertas, Cuevas, Nazari, Pedernales, Santa Teresa y otros. El frío es intenso, la llovizna y el viento golpean el rostro de los niños que despreocupados y felices juegan en una cancha que no es cancha sino un pedregal, con una pelota que más bien parece una bola con pelos. Un letrero casi invisible indica el nombre de la escuela “Ricardo Muñoz Dávila”, que educa a unos 70 niños, con dos maestros.



