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Sumarse a la huelga por razones o por .......


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17/11/2012

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Si los efectos de la huelga general hubieran estado en la misma sintonía de las motivaciones anunciadas por los sindicatos para su convocatoria, en estos momentos el Gobierno habría anunciado ya gestos dirigidos a reconsiderar y modificar alguna de las medidas adoptadas contra la crisis y el paro. En la misma línea, consecuencia del éxito de la jornada de holganza y de piquetes, estaría anunciando la revisión de parte de los recortes aplicados en la misma línea demandada por los sindicatos.






Lógicamente, aplicando el sentido común, cuando se decide plantear una huelga general con el coste que ello conlleva, se hace por la convicción real que tienen los convocantes de que esta medida de presión va a servir para forzar la rectificación política del Gobierno de turno. De no cumplirse esta premisa en todo o en parte, se debe de concluir que la jornada de huelga no ha servido para nada y, por tanto, si esto se sabía de antemano, el mantener la convocatoria y celebrar la huelga es de irresponsables.





La huelga general es un recurso de presión complicado que es muy difícil que en algún momento llegue a cumplir el objetivo de aceptación, participación y seguimiento requerido para que las reivindicaciones demandadas surtan el efecto pretendido. Es prácticamente imposible conseguir un refrendo mayoritario absoluto para que los distintos sectores laborales acepten una jornada de paro, especialmente, por las repercusiones económicas que conlleva.





Quizás si existiera una Ley de Huelga como contempla la Constitución, las convocatorias pudieran plantearse con la misma legitimidad pero, posiblemente, la eficacia, participación y aceptación serían distintas. Incluso los efectos llevarían a la reflexión. De ahí que los sindicatos no quieren el instrumento regulador. Cuando los representantes sindicales convocan huelga, la participación y adhesiones a la misma tiene que ser libre. Es tan grave que un empresario prohíba a un trabajador sumarse a la huelga, como que grupos piqueteros le impidan acceder a su puesto de trabajo. El que desee secundar la convocatoria debe de hacerlo sin trabas ni impedimentos, y el que no quiera participar debe de ser respetado en la misma medida. A eso se le llama ejercer cada persona su libertad individual.





Es indigno que cobardes energúmenos, amparándose en la fuerza de grupo y de piquete, insulten, vejen, maltraten y coaccionen a cualquier persona que decida cumplir con su trabajo y, además, les causen daños en sus propiedades. Eso no es sindicalismo, ni derecho a la huelga, ni respeto a la libertad. Eso es imponer por razones o por dídimos. Eso son comportamientos dictatoriales.

Mientras tanto, a comer jamón y a beber cerveza.







Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Política

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