En Izquierda Unida seguimos diciendo 'no a la guerra'



            El principio de simplificación y de enemigo único de Goebbels, que consiste en personalizar el conflicto bélico en un único enemigo objetivo a combatir, ha venido usándose con éxito en muchos conflictos armados desde su formulación durante el gobierno nazi. La guerra de Libia, o la crisis libia, como algunos medios y partidos políticos la llaman en un intento ridículo de restar peso a la injerencia europea en Libia, parece responder a este precepto, herramienta indispensable en la legitimación de acciones militares ante la opinión pública. Gracias al éxito de estas artimañas estatales, cuestiones como el imperialismo, el neocolonialismo, la desigualdad mundial, las falsas democracias, resultan extrañas a nuestros oídos.

 


 

            Los principales medios de comunicación, secundando la decisión de apoyar la guerra del PSOE, hablan de una insurgencia popular que sigue la estela de las revueltas de la zona del Magreb y el golfo Pérsico; sin embargo, la realidad del levantamiento es bien distinta por la naturaleza tribal de la sociedad libia. El país está constituido por más de 100 tribus que se podrían agrupar en tres regiones que han estado enfrentadas históricamente. Así, la revuelta no fue motivada por el desempleo, la inflación y la pobreza, como lo ha sido en el resto de revueltas árabes (de hecho, Libia posee el mayor índice de desarrollo humano de toda África), sino que se trata del enardecimiento del antagonismo histórico entre la región Cirenaica por un lado, y las de Tripolitania y Fezzan del otro. Esta crispación ha sido alentada por instigadores de la CIA en un intento de provocar el conflicto civil y así crear un marco que justifique la intervención internacional. Por lo tanto, no hay un enemigo del pueblo al que combatir para ayudarlo, y no hay así, pretexto de ayuda humanitaria como justificación de la guerra.

 

            El real interés intervencionista persigue establecer un gobierno títere al servicio de los países occidentales, o un estado sin gobierno, en cualquier caso para controlar el petróleo libio, tal y como ocurrió en el conflicto de Irak. Y es que cuando tras el golpe de estado Gadafi llegó al gobierno, una de sus primeras medidas consistió en nacionalizar el petróleo, que supuso perder los beneficios de 2 millones de barriles diarios. Sólo a partir de la guerra de Irak, que suscitó en Gadafi el temor a que arremetieran también contra él, inició algunas concesiones petrolíferas a Europa, pero no a EEUU.

 

            Sin embargo, el gobierno español argumenta que Libia no es Irak. Y para desacreditar a quienes denunciamos esta hipocresía e incoherencia, arremete contra IU, tachándola de hipócrita por ser contraria a toda decisión del gobierno, cuando fue el único grupo parlamentario que en su día criticó la visita de Gadafi a España para establecer relaciones comerciales (entre ellas la venta de armas). Como dice el refrán, habla quien más tiene que callar.

 

            Por todo esto, IU se opone a toda injerencia militar en los conflictos propios de Libia, critica los intereses partidistas del gobierno que cambia de chaqueta, y defiende la legitimidad del pueblo libio como único partícipe en la determinación de su gobierno.



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En Izquierda Unida seguimos diciendo 'no a la guerra'


            El principio de simplificación y de enemigo único de Goebbels, que consiste en personalizar el conflicto bélico en un único enemigo objetivo a combatir, ha venido usándose con éxito en muchos conflictos armados desde su formulación durante el gobierno nazi. La guerra de Libia, o la crisis libia, como algunos medios y partidos políticos la llaman en un intento ridículo de restar peso a la injerencia europea en Libia, parece responder a este precepto, herramienta indispensable en la legitimación de acciones militares ante la opinión pública. Gracias al éxito de estas artimañas estatales, cuestiones como el imperialismo, el neocolonialismo, la desigualdad mundial, las falsas democracias, resultan extrañas a nuestros oídos.

 


 

            Los principales medios de comunicación, secundando la decisión de apoyar la guerra del PSOE, hablan de una insurgencia popular que sigue la estela de las revueltas de la zona del Magreb y el golfo Pérsico; sin embargo, la realidad del levantamiento es bien distinta por la naturaleza tribal de la sociedad libia. El país está constituido por más de 100 tribus que se podrían agrupar en tres regiones que han estado enfrentadas históricamente. Así, la revuelta no fue motivada por el desempleo, la inflación y la pobreza, como lo ha sido en el resto de revueltas árabes (de hecho, Libia posee el mayor índice de desarrollo humano de toda África), sino que se trata del enardecimiento del antagonismo histórico entre la región Cirenaica por un lado, y las de Tripolitania y Fezzan del otro. Esta crispación ha sido alentada por instigadores de la CIA en un intento de provocar el conflicto civil y así crear un marco que justifique la intervención internacional. Por lo tanto, no hay un enemigo del pueblo al que combatir para ayudarlo, y no hay así, pretexto de ayuda humanitaria como justificación de la guerra.

 

            El real interés intervencionista persigue establecer un gobierno títere al servicio de los países occidentales, o un estado sin gobierno, en cualquier caso para controlar el petróleo libio, tal y como ocurrió en el conflicto de Irak. Y es que cuando tras el golpe de estado Gadafi llegó al gobierno, una de sus primeras medidas consistió en nacionalizar el petróleo, que supuso perder los beneficios de 2 millones de barriles diarios. Sólo a partir de la guerra de Irak, que suscitó en Gadafi el temor a que arremetieran también contra él, inició algunas concesiones petrolíferas a Europa, pero no a EEUU.

 

            Sin embargo, el gobierno español argumenta que Libia no es Irak. Y para desacreditar a quienes denunciamos esta hipocresía e incoherencia, arremete contra IU, tachándola de hipócrita por ser contraria a toda decisión del gobierno, cuando fue el único grupo parlamentario que en su día criticó la visita de Gadafi a España para establecer relaciones comerciales (entre ellas la venta de armas). Como dice el refrán, habla quien más tiene que callar.

 

            Por todo esto, IU se opone a toda injerencia militar en los conflictos propios de Libia, critica los intereses partidistas del gobierno que cambia de chaqueta, y defiende la legitimidad del pueblo libio como único partícipe en la determinación de su gobierno.



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