La súper Secretaría
de Gobernación.
Lo anticipamos hace poco más de dos meses en este espacio,
gracias a información proveniente directamente del entorno al Presidente
electo, sin embargo sus voceros lo negaban públicamente, hoy no queda duda
alguna, el mismo Enrique Peña Nieto lo ha confirmado, habrá reestructuración
del gabinete.
Las modificaciones funcionales y legales de las dependencias
del ejecutivo serán muchas y muy variadas, estas empezaran por intervalos y por
una cuestión de jerarquía, es decir en la más importante de las secretarias, la
de Gobernación.
El Presidente electo enviara una iniciativa al congreso para
reformar las funciones de dicha dependencia, análisis al cual nos avocaremos a
reserva de hacerlo en su oportunidad, con las subsiguientes que sean objeto
también de cambios.
La Secretaría de Gobernación ha sido históricamente la
posición ejecutiva más importante del gobierno después de la presidencia,
durante mucho tiempo incluso la antesala materialmente obligada de las
candidaturas presidenciales.
Sin embargo durante los doce años de los gobiernos panistas,
su papel e influencia se fueron reduciendo deliberadamente, la dependencia
perdió asignaturas tanto como prestigio y eso naturalmente se observo en su
desempeño.
Peña Nieto va a devolverle su status, primero porque
entiende la necesidad de que la presidencia recupere su fortaleza y liderazgo,
para ello se requiere que ciertas instituciones jueguen papeles específicos y
estratégicos como en este caso.
Como parte de su teoría política doctrinal, proveniente de
la ortodoxia y el pragmatismo del priismo, Peña Nieto entiende la urgencia de
recuperar la fuerza del presidencialismo, como factor de unidad.
El punto trascendente de esta reestructuración implica
desaparecer la Secretaria de Seguridad Publica y convertirla en una
subsecretaria en Gobernación, con todo lo que eso implica.
De tal suerte que además de la atención de la agenda
política, la dependencia estará una vez más encargada de la seguridad nacional
y la inteligencia, una combinación que la va a convertir en una súper
secretaria, por encima incluso de los antecedentes del pasado.
Ahora bien, hay que apuntar que en la reminiscencia, después
de la revolución y la llegada de los civiles al poder, nunca antes el país
había atravesado por una coyuntura como la actual.
Los atributos legales de Gobernación se utilizaban para el
control político, no para enfrentar al crimen organizado, eso será diferente y
novedoso, por tanto no hay punto de comparación.
Siendo además el asunto que más interés y expectativas
genera en la sociedad mexicana por su carácter de atención prioritaria, el
cambio de suyo supondrá un constante análisis al respecto, una especie de
auditoría social cotidiana y colectiva.
Porque aunque en términos reales, en cualquier aspecto las
modificaciones necesitan tiempo para madurar y sobre todo para dar resultados
tangibles, en este caso, la paciencia no será mucha.
La llamada luna miel presidencial no durara gran cosa en
esta ocasión, el balance empezara a contar desde la toma de posesión y Peña
Nieto tendrá que asumir los costos, sin poder escudarse en los errores de las
administraciones anteriores.
No al menos si realmente no se observa un cambio drástico en
la estrategia en el tema de la seguridad, estamos hablando de eficiencia,
coordinación institucional, pero sobre todo de resultados.
Por otro lado aun y cuando la medida se observa de inicio
positiva en lo general, tenemos que apuntar que la combinación de la agenda
política con la de seguridad, son por definición una tarea gigantesca y que en
este momento en particular son asignaturas que difieren una de la otra.
Los objetivos son totalmente diferentes, lo que infiere que
la concentración de responsabilidades en tan pocas personas puede resultar un
reto mayúsculo, pero en contraste al menos permite pensar en la unificación de
criterios.
En mayor certidumbre respecto de las intenciones y las
directrices, porque una de las partes más complicadas en este caso es la
confianza y como esta aterriza hasta los mandos inferiores.
Estos últimos son parte inherente los conceptos esenciales,
de los criterios se desprende la dinámica de comportamiento político que el
Presidente electo habrá de instituir, esto como condición obligatoria de la
implantación de estilos y formas.
Porque independientemente de la fusión de la seguridad y la
agenda política, para Peña Nieto será esencial desde el inicio de su gobierno,
que su Secretaria de Gobernación, sea el instrumento de control político.
El espacio desde donde se dictara la línea del régimen, las
negociaciones con las otras fuerzas políticas y por supuesto tanto o más
importante desde donde se despliegue el esquema de revisión, observación y
escrutinio hacia el interior del priismo.
Desde Gobernación, no solo se llevara a cabo la nueva
estrategia de seguridad pública nacional, lo que seguramente llamara mucho la
atención, el antiguo palacio de Covian volverá a ser el epicentro político
nacional.
El edificio frente al reloj chino de la calle de Bucareli,
retomara su esencia original, volverá a ser el lugar a donde los priistas no
querrán ser convocados porque eso normalmente supone un regaño, mientras que
para los dirigentes de las fuerzas políticas opositoras, será una referencia
obligada.
Peña Nieto está realmente muy preocupado por el comportamiento
de las estructuras de su partido, los que gobiernan a cualquier nivel y son
funcionarios públicos, esos que durante doce años gozaron de una libertad que
termino por convertirse en libertinaje.
De tal suerte que desde el primero de diciembre, Gobernación
será una vez más el ente vigilante, que a través del amplio despliegue de redes
informativas propias, tendrá un panorama certero y real de todo lo que
acontezca a lo largo y ancho de la geografía nacional.
Una Secretaría de Gobernación que por indicación expresa del
nuevo Presidente de la República, estará encargada de limitar y frenar la
corrupción, más allá de las instituciones que por formato se encargan de ello.
Frenar la fatuidad y la intrascendencia, la impunidad, los
vicios que aumentaron en cantidad y fondo en los últimos doce años, que son por
definición el peor lastre de perspectiva electoral.
El sonido del mítico teléfono rojo repicara con renovada
fuerza, para advertir en primera instancia y para corregir si es necesario,
actitudes y actividades que el Presidente electo sabe que lastiman a la
sociedad y que está decidido a combatir.
Un ataque contundente a los excesos, a esa forma
intrascendente de hacer política y administrar desde la simulación, porque en
simultaneo la política electoral dependerá del comité ejecutivo nacional del
PRI, como brazo de la propia Secretaria de Gobernación.
Ahora bien, no puede omitirse que estas modificaciones no
distraen ni a la clase política ni a los analistas del otro gran aspecto
relativo a las funciones de la dependencia, el nombramiento de quien será su
titular.
Porque así como las facultades por definición implican
escenarios, también lo será la proyección y personalidad del nuevo secretario,
las habilidades personales para el desempeño de las encomiendas.
Pero ese por ser también un espectro de reflexión sumamente
interesante y definitivo, merece un espacio propio, mismo que abordaremos a
detalle en la próxima columna.
guillermovazquez991@msn.com
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