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Causas de la tragedia Siria. El enfrentamiento entre occidente y oriente continua


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14/11/2012

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Este es el segundo año que continúa en Siria  una amarga guerra civil.


Las fuerzas gubernamentales no se detienen ante la utilización de aviones, artillería y vehículos blindados. Los rebeldes  a su vez, realizan ataques  en  gran escala,  luchando en zonas densamente pobladas y en las calles. Como resultado, a  estas alturas  más de 30 mil sirios  ha  muerto, cientos de miles aparecen  heridos,  más de un millón de personas han huido a los países limítrofes. Ciudades y pueblos se encuentran en ruinas, se  han destruido infraestructuras y comunicaciones, la población está al borde de una catástrofe humanitaria.

Ante  tales  hechos vale la pena preguntarse. ¿Cuáles son las causas de esta tragedia? ¿Quién y por qué se pelea allí? Parecería que la respuesta es obvia: Por un lado, están los partidarios del régimen encabezado por Bashar Al-Assad, mientras  que en la  otra acera, aparecen los distintos grupos armados de la oposición,  apoyados desde el exterior. Comoquiera que las fuerzas están casi parejas, ello  trae como consecuencia, que ninguna de las partes admita ceder. Peor  aún,  ni se  disponen de condiciones previas mínimas,  que garanticen que  estas negocien.

Externamente el persuasivo gobierno sirio, se enconcha en sí mismo y pareciera estar  en el umbral de la bancarrota. El régimen que por mucho tiempo ha  gobernado el país,  operó en beneficio de  una minoría religiosa, la  alauita (cerca  del  10% de la población del país), la cual  ha  usurpado por la fuerza  el poder en Siria.

Está  claro  que en sus primeras  etapas (periodo postcolonial), los lemas del panarabismo y de la dictadura del gobernante partido Baath, lograron  cohesionar la nación  siria, facilitando  la construcción de  un gobierno independiente  y sentando las  bases de la economía nacional; pero no es menos  cierto que en actualidad, el gobierno se  ha convertido en una rémora para el desarrollo  del país. La mayoría de la población siria, es  de origen  árabe-sunita. Estos han sido excluidos del poder durante muchos años, negándoseles  la posibilidad de disfrutar de sus derechos humanos  y de desarrollar   a plena capacidad  su potencial en los negocios y otras aéreas. En Siria, tres  millones de kurdos, son considerados ciudadanos de segunda clase, siendo forzosamente reasentados, y aproximadamente 300 mil de ellos no cuentan  siquiera con ciudadanía. El régimen actuaba  como una copia  al carbón, pero en forma más moderada del régimen baathista de Saddam Hussein,  que gobernó en Bagdad.

Definitivamente  que se trata de  una situación muy trágica  en la que   de hecho,  Bashar Assad, se he convertido en su rehén. El mismo, oftalmólogo de profesión, fue accidentalmente encumbrado a los 34  años, como Presidente del país. El nuevo jefe  de gobierno,  heredó un Estado con una economía  atrasada, una administración corrupta, con la mayoría de la población viviendo en la pobreza,  una nación  sin norte definido  y con un sistema político volátil. A pesar de  gobernar  por   más de 10 años,  Al-Assad fue incapaz de implementar las  reformas políticas y socio-económicas más urgentes. Frente  a  ello, el pueblo sirio se armó de valor y exigió el levantamiento de la inmutable ley marcial, la separación de poderes, la implantación de un sistema multipartidista, el establecimiento de instituciones democráticas, mayor beligerancia  para la sociedad civil  y  la igualdad de todos los grupos por motivos étnicos y religiosos.

En la medida que el incremento  demográfico se  aceleraba y el número  de jóvenes  educados aumentaba,  también se  hacían evidentes  la virulencia  de las protestas. Sumado a ello, la "primavera árabe" de 2011, generó en la sociedad siria la esperanza de un cambio rápido, empujando el pueblo a las calles. En contrapartida,  la brutal represión contra los manifestantes,  transformada en  verdaderas matanzas  y el uso de armas pesadas por las tropas del gobierno;  provocaron que el soterrado conflicto escalara  a  peligrosos niveles.

A los factores de desestabilización interna, se agregaron, lo de  orden externo. La situación empeoró y se hizo innegable   en el gobierno de Bashar Al Assad  y en el vecino Líbano; una marcada influencia iraní. Siria se convirtió  en un trampolín para las aventuras de Teherán  en  la región. A través  del  territorio sirio se  transportan los pertrecho militares  necesarios para abastecer al grupo islamista libanés Hezbolá  y parte  de ellos, llega  también  al grupo Hamas. Tal situación,  puso en evidencia el  riesgo real en la región de la proliferación   del Islam chiita militante, de  allí  la furibunda oposición, contra  Damasco, por parte de la familia real de la casa de Saud y del Emir de Qatar, los  cuales son  apoyados por la mayoría de los países árabes, dominados por el Islam sunita, del clan Hariri  del Líbano y de Turquía. Cabe señalar que Ankara durante mucho tiempo había participado directamente en agitar la guerra civil en Siria, lo que sin duda constituye una injerencia en sus asuntos internos y una violación de la soberanía de un país independiente.

Hoy  en día, el conflicto armado está en plena ebullición, en medio del fuego de artillería y de mortero  desde ambos lados; a lo que  hay que  agregar, la autorización del Parlamento turco para efectuar operaciones  militares transfronterizas. Es claro que las explosiones en la zona fronteriza son, ante todo, promovidas por las fuerzas  rebeldes de la oposición siria, a las  cuales les  conviene más, el desenlace  de un conflicto entre  las fuerzas  de Bashar Al Assad y  Turquía. Prueba de ello, es la actitud conciliadora del gobierno de Damasco, el cual reiteradamente conmina a Ankara a cooperar en la protección contra los rebeldes  ubicados en la frontera común, los cuales ponen  en  peligro, la seguridad regional.

Los Estados Unidos y los países de la Unión Europea han desempeñado un papel determinante  en la asistencia a los exiliados sirios y la  implementación un  régimen restrictivo de  sanciones, presión político- diplomática, económica y financiera, de información y propaganda, contra  Damasco. En Estambul, París, Washington, Doha, Riyadh, Beirut  y varias otras capitales se  producen  negociaciones con los representantes de la oposición siria;   con el fin de moldear  un futuro gobierno  pro-occidental, tal y como  sucedió en Irak y Afganistán. Tal  oposición Siria ha  recibido  ilimitados recursos  financieros, materiales y asistencia militar  de  Estados vecinos.

En las filas de los adversarios del régimen están luchando inclusive,  grupos islamistas extremistas de la hermandad musulmana como Tawhid que  son parte de las fuerzas de la columna vertebral del Ejército sirio libre, al igual que el grupo  Ansar al-Islam y muchos otros, incluidas  células de Al-Qaeda y los talibanes. Es  evidente  que los que  digitan   la revolución siria, no desdeñan nada en su empeño por   derrocar lo antes posible a Bashar Assad.  Los primeros, esperan liberarse poco a poco de la mayoría de estos grupos  y  llevar al poder en Damasco, aquellos fuerzas aupadas por  ellos.

Si consideramos los acontecimientos  acaecidos en otros países árabes, los hechos nos indican que Siria  no  será  la excepción  del ascenso al poder  de sectores tales como  los Hermanos Musulmanes, los salafistas  y otros  grupos islámicos. Ello  se  constata  tras la cumbre de la oposición  siria en Doha,  donde la  recién creada Coalición Nacional Siria,  incluyó entre su  dirigencia a 7 miembros de la   Hermandad,  lo  que  hace a esta  agrupación, la  de mayor representación individual.

A  pesar de que  el tiempo no necesariamente  trabaja para la oposición y la derrota del régimen a través  de una guerra de guerrillas a gran escala, aun  no se vislumbra, detrás de la puerta;  lo cierto es que  una parte  considerable de la población no apoya a  Assad. Si  a ello se  le  suma, como  factor determinante  para el triunfo, el  amplio apoyo, que la oposición recibe del extranjero; no  es difícil predecir el  futuro  de Assad, quien aislado internacionalmente,  sólo cuenta con el apoyo de un país que como Irán, no tiene  frontera común  con Siria. Con respecto a la posible participación de Bashar Al  Assad o sus partidarios en el futuro político  de Siria, las previsiones son aun  más pesimistas. Después de la sangrienta y prolongada guerra y el uso de armas pesadas contra su pueblo, el régimen de Al Assad  está condenado. El círculo que lo  rodea, se aferrará a él, en razón de que  no tienen a dónde huir  y  que su presencia les da una apariencia de legitimidad. La cúpula baasista y alauita y las  fuerzas que los sostienen, perderán no sólo el poder, sus posesiones y el dinero; sino  que verán  amenazadas sus propias  vidas. El destino que les espera, será el mismo  que el de los baasistas iraquíes y el del  clan  Al-Tikriti de  Saddan  Hussein,  que fueron arrojados al basurero de la historia  y sus figuras  más odiosas,  ejecutadas y otros condenados a largas penas de prisión.

Lamentablemente, la comunidad mundial organizada en instituciones internacionales de tan probada  autoridad como la ONU, la Liga Árabe y otras, no fueron capaces de detener esta carnicería fratricida masiva. En  la cuestión siria  también se  hicieron  presente, muchas diferencias de principio, sobre las valoraciones respecto  al régimen de  Al Assad en Washington, Bruselas, París, Londres, Moscú y Beijing. El legado de la guerra fría y la desconfianza entre las grandes potencias, terminó dificultando  la búsqueda de medios eficaces para  prevenir y detener este tipo de conflictos.

 

Por. Euclides E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.



Etiquetas:   Medio Oriente   ·   Relaciones Internacionales   ·   Conflictos Armados

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