.
Lo que menos se debe ejecutar al suceder este tipo de acontecimientos son
razonamientos simplistas que sigan ahondando una visión de antimonia, palabrita
clave para entender el humor social de Argentina en los últimos años. En una
aglomeración de tal tamaño; algunos dirán un millón de personas, con inflador
en mano; otros una tercera parte, minimizándolo de manera errónea, existió un
sinfín de requerimientos que pasaron por la re-reelección, la Justicia,
cepo cambiario, inseguridad, INDEC, inflación, autoritarismo, la libertad de
expresión, la soberbia de CFK, la Fragata
Libertad, entre otras preocupaciones, algunas fundadas,
algunas no tanto. Hay un descontento social, sí. No existe una oposición que
saque rédito político de estas manifestaciones, que pueda absorber apoyo en las
clases medias y altas, estratos que mayoritariamente se expresaron en la calle
el pasado jueves. Sí, no la hay. Son comentaristas, narradores de una realidad,
pero siempre, como decía el viejo tango, con la ñata frente al vidrio. Eso
también se percibe, creer que el 8N fue sólo contra el kirchnerismo, será un
error conceptual, las huestes opositoras, por algún momento, deberán calzarse
el overol y trabajar en ocho, diez, asuntos programáticos para formar parte de
la agenda, hoy copada de lleno por el oficialismo, un mérito también hay que
decirlo. La oposición tiene que entrar a la cancha, jugar y dejarse de joder.
Otra tarea consiste en el desglosar sobre los latiguillos
que se proclamaron en el 8N. No coincidimos con la queja sobre la libertad de
expresión, incluyendo a la prensa. Una movilización de semejante grosor,
mostrando su desagrado con el gobierno, se lleva a cabo en un contexto de
libertad. En otro régimen, de naturaleza autoritaria, es imposible pensar en un
acto multitudinario, como el que se desarrolló en la 9 de Julio y en distintos
puntos del país. La utilización de términos erróneos desajusta y frivoliza la
protesta. Expresión hay, libertad de prensa (empresa), también ocurre, más allá
de los nubarrones que coloca el Grupo Clarín debajo del 7D. Resulta muy
paradójico que se quejen de la ausencia de libertades diciéndolo en los
diarios, radios, tele, redes sociales, etc. Hay que atacar los clichés que se
repiten en los medios opositores y oficialistas. Es una función propia y
particular, desenmarañar lo que se dice, lo que es realmente es y por sobre
todo no repetir falsedades.
Se piensa en la inflación e inseguridad. Temas sensibles. ¿Cuándo un tema se vuelve sensible? Cuando no hay respuestas. La suba de
precios es real, tiene su arrastre desde hace 5 años y sigue escalando. Las
mediciones del INDEC hacen dar vergüenza ajena al más excéntrico, cifras
oficiales, repito oficiales, que no se trasladan a la calle, a lo que vive la
gente de a pie. No queremos meternos solamente en el microclima de la Capital Federal, no seamos tan
porteños, pero la inflación es un realidad tangible que supera la General Paz, en el que el
gobierno, pese a innumerables reuniones, acuerdos, discusiones con todos los
actores de la formación de precio, no ha sabido encontrar el remedio que baje
la fiebre.
La inseguridad es otro cabo suelto. Diluido el peso de Nilda
Garré, ya con su hermano Raúl fuera del Ministerio de Seguridad, todos los
flashes apuntan a Sergio Berni, militar, el número 2 en los papeles pero el 1 en
la acción, es el hombre que se ha ganado la confianza de Cristina. El argumento
de que Buenos Aires es más seguro que San Pablo, Caracas o lo que fuese, con
estadísticas en mano, que lleguemos a pensar que son ciertas, no deben
trasladar el eje de la discusión: ¿Cómo hacer desde el Estado, y especialmente
desde cada uno, para que haya más seguridad? No se explicita un plan, un
programa a mediano plazo que sea sustentable políticamente y que pueda
desarticular las distintas connivencias, policiales incluso y me animo a decir
en gran medida. Todas son acciones de shock, volátiles, donde la prevención (y las
soluciones) pasan a un segundo plano.
La re-reelección está enterrada, bien enterrada. Y no viene
por la desubicación de algunos oficialistas de “Cristina eterna”, sino por el
propio desgaste de la gestión que sufre CFK. El día después del 8N, tocó una
palabra para su mandato: “temporal”. Hay que anotarse esas palabritas, quizás
juntándolas haya un mensaje oculto. La Justicia, otro de los males argentinos,
fluye por otros carriles que el Ejecutivo. Pongámonos formales, los poderes
separados y el Judicial tiene un lastre que ya es hora de que se lo quite. No
caigamos en la simpleza de que si liberan a un violador, el culpable es el
Ejecutivo.
Pasó el 8N y dejó sus remanentes, dejó tantas cosas por
analizar, desmenuzar, las preguntas siguen estando, el futuro tal vez las
responda, y aquí sumamos un granito de arena para aclararlo o enturbiarlo un poco
más. Quien sabe.