Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Escritores   ·   Sociedad Civil   ·   Medicina   ·   Pandemia   ·   Coronavirus   ·   Periodismo   ·   Lectores   ·   Salud   ·   Automóviles   ·   Alimentos



¿De qué somos inocentes?


Inicio > Política Internacional
13/11/2012

1176 Visitas



Por: Nelson Hurtado Obando


 

Hace pocos días, le escuché decir a la hija de una pareja amiga, que: “Yo no pedí venir al mundo”, zanjando una pequeña discusión con su padre, quien le advertía sobre ciertos imperativos en su hogar y la maneras de comportarse en la calle, temeroso de algún mal suceso.

¡Parecía inocente y jocosa la respuesta, de la tenaz adolescente!

Ante el drama, -dantesco por supuesto- que vive la Nación colombiana, podría uno y todos decir, con mayor rigor existencial, que: ¡no pedimos nacer en Colombia!

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de la existencia de los hijos, ya sean frutos puros del amor, de un condón imperfecto o del cálculo económico-demográfico familiar o en otros términos de la chequera.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de la Patria, ni de sus ríos y quebradas, ni de su suelo y su cielo, que se unen infinitos en las llanura, en las cimas de las montañas o en el horizonte inmenso de sus mares; ni de sus caminos serpentinos, ni del negro azul de sus noches, ni del oro trigo de sus veranos, ni del pan en las vitrinas de las panaderías, ni de los techos de plástico y lata, ni de la lengua y las palabras, a veces tan mortíferas como los fusiles y sus balas, ni del odio, pero tampoco del amor interesado, calculista y calculado.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de la palabra, porque no somos inocentes de los silencios, ni de las cadenas y las redes con que ataron al “verbo que habitó entre nosotros”, ni siquiera somos inocentes de“pedir la palabra”, porque tampoco somos inocentes de cuando nos fue arrebatada.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de los sueños, ni de la espuma de la leche recién ordeñada, ni de la que se le agrega al agua, para venderla empacada, ni del olor de la guayaba, ni del azahar de los naranjos.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de “mi yo”, ni de“tu yo”, ni siquiera del nosotros, que no pudimos construir, ni siquiera con palabras; ni siquiera de la sonrisa, que no olvida sus raíces y sigue siendo dentellada; ni siquiera de la bondad, cuando la maldad nos asedia, ni de la tragedia cuando nos cubre, ni de la solidaridad que se despierta, desde las cajas registradoras, ni siquiera de los tsunamis y terremotos, ni de las fugas nucleares.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de las utopías y las“ínsulas Barataria”; ni de la esclavitud tecnologizada, ni de la libertad que nos hizo prisioneros, cuando perdimos la capacidad de asombro y cuando nuestros sueños dejaron de volar, con alas de mariposa, más alto que nuestros pensamientos; ni siquiera de la mujer amada, que en su aroma, nos trae el aire que respiramos.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera del diablo con todas sus huestes y chequeras, pero tampoco de Dios al que matamos; ni siquiera de la Vida, a la que siendo cierta aun en las secas semillas, la negamos y sacrificamos en los altares de un “derecho”, por lo menos egoísta; ni siquiera de la muerte, a la que regalamos con la impunidad que la cubre, desde la conveniencia, el temor o la necesidad y las falsas estadísticas.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera del diálogo, en tanto la comunicación y la información tienen precio; ni siquiera de nuestra racionalidad somos inocentes, en tanto agazapada en las sombras y los anonimatos o pública en los medios, generan la maldad colectiva de la mentira y a pesar de la relatividad de la verdad. Ni siquiera somos inocentes de la PAZ y menos somos inocentes de la guerra, en cuanto una y otra, son la expresión de superioridad del “homo economicus”, por lo que tampoco somos inocentes ni de la solidaridad, ni de la coexistencia.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera del vuelo de las cometas y los arco iris en elcielo de la Patria; ni del sol en las playas de sus mares y sus ríos; ni de las iguanas y las aves, ni de las serpientes y las fieras que habitan sus bosques y selvas; ni de los árboles con sus brazos queriendo abrazar el cielo, ni de las motosierras, ni de las dragas, ni del coltán, pero tampoco del oro, ni del petróleo, ni de los peces a reventar de mercurio, ni del plomo en el hígado de las reses, ni de la enfermedad respiratoria aguda (ERA), ni del cáncer por los humos tóxicos de los automotores, ni somos inocentes de las calles convertidas en VIAS, en territorios enemigos, donde se libran batallas de otras violencias.

¿De qué somos inocentes? De nada. Ni siquiera del fruto de nuestro trabajo, que podamos recibir como paga, porque tampoco somos inocentes, de haberlo convertido en la única razón de la existencia, fin último de todos los sueños y de todas las batallas, dios pagano, “estiércol del diablo”, que llega a nuestras manos, incluso de sangre manchado y con el cual llevamos el pan a la mesa o destinamos al boato.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de las lágrimas del dolor propio y menos de las del ajeno, cuando tan fácilmente se sale de ellos, invitando en las redes sociales, a comer buñuelos. (yfrog.com/h2ckivcj)

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de nuestras soledades,en medio del barrullo de las junglas de cemento y ni siquiera de la sed y las arideces de nuestras almas, convertidas en desiertos.

¿De qué somos inocentes? De nada! Ni siquiera de los gobernantes que NOS DAMOS, ni siquiera somos inocentes de ser DEVOTOS con VOTOS, antes que seres humanos y ciudadanos; ni siquiera somos inocentes de las esperanzas que nos despiertan, como tampoco de las frustraciones que nos crean, como tampoco somos inocentes de sus arengas y jingles, que volvemos verdaderas causas.

Si hay alguien que en el fondo de su conciencia, de su alma, de su espíritu, de su dignidad, pueda encontrarse inocente de todo lo que nos pasa, entonces que: “Tire la primera piedra”.

Quizás Gandhi, se ha hecho inmortal, porque ni siquiera somos inocentes de la maldad de los malos, en tanto no somos inocentes de la indiferencia como buenos.

Si algunos hijos de hoy, se creen inocentes, porque: “no pidieron venir al mundo”, tampoco somos inocentes, por no haber pedido nacer, en el suelo de la Patria Colombiana!

Twitter: @abogadohurtado





Etiquetas:   Seguridad Pública   ·   Guerra   ·   Recursos Naturales   ·   Conflictos Armados   ·   Paz   ·   Vida   ·   Conflicto Político

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
20074 publicaciones
5026 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora