. A esto no hay nada que objetar. Sin embargo, el modo de generar esos beneficios es lo que diferencia a una empresa responsable de una panda de codiciosos metidos a empresarios. Hay quienes generan riqueza de manera saludable y hay quienes generan riqueza a base de explotar a sus trabajadores y de exprimir a sus clientes. Aunque uno desearía pensar lo contrario, por desgracia, parece que en España abundan más las segundas que las primeras. De otro modo, no se explica cómo nuestras mejores y mayores empresas no paran de crecer en beneficios y, paradójicamente, los salarios de los españoles son un 40% más bajos que en Alemania.
Hablando de empresas y de empresarios, hace unas semanas nos enterábamos de que la multinacional española Telefónica anunciaba el despido de un 20% de su plantilla, unos 5.500 empleados, un despido que deberá asumir el estado. Podríamos pensar que Telefónica pasa por momentos difíciles, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, la operadora ganó en 2010 unos 10.167 millones de euros, el mayor beneficio logrado por una empresa española, con un incremento del 30,8% respecto al año anterior. Tan buenos fueron los resultados que al día siguiente de comunicar ese despido del 20% de la plantilla, la compañía anunciaba a la Comisión Nacional del Mercado de Valores el incentivo de unos 450 millones de euros en acciones a sus directivos. Aunque Telefónica no detalla individualmente los sueldos de su cúpula directiva, sí reveló que los tres máximos directivos de la empresa -el presidente de la compañía, César Alierta, el consejero delegado, Julio Linares López, y el presidente de Telefónica Latinoamérica, José María Álvarez-Pallete- ingresaron en 2010 por sus funciones ejecutivas 15,09 millones de euros, una subida del 3,8% respecto a 2009.
Esto no es ninguna novedad. Si ustedes están al tanto de los resultados de las empresas en Europa y EEUU se darán cuenta en seguida de que la gran mayoría de ellas han mejorado sus beneficios a lo largo del año pasado o, como mínimo, los han igualado. También sabemos que en las grandes empresas como Santander, BBVA, Repsol, ACS, Telefónica, etc, sus directivos cobran entre 36 y 80 veces más que la media del resto de sus trabajadores. Sin embargo, y paradójicamente, crece el número de parados y a los trabajadores se les baja el sueldo. ¿Quiénes sufren la crisis, entonces? Esto es, al fin, a lo que el gobierno socialista debe referirse al hablar de economía sostenible; es decir, que la riqueza de unos pocos se sostiene gracias a la pobreza de otros muchos. Pero la culpa no es de estos directivos enriquecidos y emputecidos, sino de aquellos que gobiernan –mucho más llamándose socialistas- permitiendo que los grandes directivos de las grandes empresas –y no tan grandes- sigan aprovechándose de una crisis que ellos no padecen –aunque la hayan generado- para rebajar sustancialmente los derechos y las condiciones de los trabajadores, recibiendo ayudas multimillonarias en caso de que sus empresas se vayan a pique por su pésima gestión y su insaciable codicia. Es decir; la culpa es de aquellos que permiten que los grandes directivos puedan disfrutar de sus enormes yates bronceándose los pellejos al sol mientras el resto de los mortales pagamos sus enormes facturas.