
.En primer lugar, debemos considerar que la Constitución brasileña de 1988 asume dos tipos de sistemas electorales, el mayoritario y el proporcional.El primero de ellos presenta dos modalidades. Una tiene que ver con la elección de los senadores y la de los Alcaldes de municipios con menos de doscientos mil electores. En estos casos, la elección es a una sola vuelta, triunfando el candidato que obtiene la mayoría relativa de los votos. La segunda variante contempla la elección presidencial, de Gobernadores y de Alcaldes de municipios con más de doscientos mil electores. En estos comicios, si ningún candidato obtiene la mayoría absoluta de los votos (lo cual le permitiría ganar en primera vuelta), la elección se decide en una segunda ronda, disputándose el cargo los dos candidatos más votados inicialmente.Por su parte, el sistema proporcional de lista cerrada y no bloqueada se utiliza para elegir a los concejales, legisladores estaduales y diputados federales. En cada uno de los distritos electorales (que coinciden con la delimitación territorial nacional en veintiséis Estados y el Distrito Federal), cada partido o coalición presenta una lista de candidatos sin darles un orden específico como ocurre en las listas cerradas y bloqueadas. Así, los ciudadanos pueden elegir a un candidato en particular o al partido o coalición en general. Culminado este proceso, el Tribunal Superior Electoral calcula el coeficiente electoral dividiendo votos válidos por el números de escaños a distribuir. De esta manera, los votos que obtienen los diferentes candidatos se suman al caudal de votos de su partido o coalición. Cada vez que la lista logra alcanzar el coeficiente, obtendrá una banca. Luego son contados los votos que cosechan los candidatos individualmente, con lo cual los escaños que obtienen los partidos o coaliciones serán ocupados por los candidatos más votados por esa misma fuerza, en orden decreciente.Finalmente, las bancas que no se ocuparon luego de este proceso se distribuyen dividiendo el total de sufragios obtenidos por cada partido o coalición por el número de escaños ya alcanzados por su lista más uno, con lo cual los partidos con las mayores medias serán los que obtendrán las bancas que restaban por asignarse.La particularidad de la lista cerrada y no bloqueada estimula las campañas centradas en las figuras de los candidatos que concentran su competencia contra los candidatos de otras listas así como en relación a sus compañeros de partido o coalición. De esta manera el sistema proporcional opera en la conciencia del votante como un sistema mayoritario, debido a que la disputa individualizada entre cada uno de los candidatos genera que efectivamente ganen aquellos aspirantes que mayor cantidad de votos obtuvieron. Esto debería ser considerado por quienes intentan sacralizar las listas cerradas y no bloqueadas (que en el caso brasileño generan una notable fragmentación del sistema de partidos) con el argumento que permitirían a los votantes elegir libremente entre los candidatos que son de su agrado y no entre diferentes listas cerradas y bloqueadas (mal llamadas “listas sábanas”) que surgen de la elección unilateral de las élites dirigenciales.La personificación del voto es vigorizada, además, por el sistema de voto electrónico a partir del cual los ciudadanos eligen a medida que van apareciendo en la pantalla las fotos de los distintos candidatos.Sin embargo, la competencia al interior de la propia lista tiene un matiz que está dado por la figura del puxador da legenda, que hace referencia a aquellos candidatos que obtienen una votación muy alta permitiéndole a sus compañeros de lista obtener escaños más allá de la cantidad de votos que lograron, pudiendo posibilitar incluso que obtengan una banca candidatos con votación nominal menor que otros no elegidos.Finalmente, las normas constitucionales para la distribución de las bancas influyen notablemente en un aspecto central pero no exclusivo de la arena político institucional brasileña: el malapportionment o representación inequitativa de bancas entre Estados.Este concepto tiene su origen en tres aspectos. El primero está dado por el establecimiento de un número mínimo de ocho y un máximo de setenta representantes por distrito, de acuerdo al número de habitantes. Así, los distritos chicos se ven sobre-representados y los grandes sub-representados.Algo similar ocurre en Argentina, donde las magnitudes de distrito oscilan entre cinco y setenta, aunque debido a la renovación parcial por mitades en cada distrito cada dos años, las magnitudes efectivas poseen un rango de treinta y cinco a dos.Debido a las bajas magnitudes en muchas provincias, la distribución de los escaños en Argentina adopta características mayoritarias en un gran número de provincias chicas y relativamente proporcionales en la provincias grandes (implicando que un mismo porcentajes de votos brinde un número de bancas más alto en las provincias chicas). En Brasil, por su parte, se utiliza una fórmula que produce resultados más proporcionales (cociente simple o Hare) en magnitudes considerablemente mayores (un promedio de diecinueve).En segundo término, la distribución de bancas a intervalos crecientes implica que a partir de un cierto nivel, el número de electores que necesita un Estado para incrementar su participación es mayor, fortaleciendo aun más la anomalía de la representación.El tercer punto es la falta de revisiones periódicas del número de representantes por cada Estado en la medida que aumenta su población (la última actualización fue hecha 1986).De esta manera, el malapportionment en Brasil beneficia a los Estados con menor población (región norte y centro-oeste), genera desventajas en los más poblados (Minas Gerais, Río de Janeiro y San Pablo) y perjudica a aquellos partidos que reclutan la mayoría de sus votos en un determinado distrito electoral, donde podrían obtener mayor número de representantes.Como observamos, son los distintos sistemas electorales de Brasil los que le otorgan cierta fisonomía a los partidos, a la competencia partidaria, a la dinámica de las elecciones y al comportamiento electoral en aquel país.*Nota publicada originalmente en la revista El Estadista.*Fotografía: Sebastián Domenech